No habrá cambios porque «nadie es flexible con su opinión»

s. c. BARCELONA / E. ESPECIAL

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Artur y Andrea defienden la independencia
Artur y Andrea defienden la independencia S.C.

Los universitarios mantienen visiones muy diferentes y dicen que «a veces alguna gente se mosquea»

12 nov 2017 . Actualizado a las 09:46 h.

En Cataluña hay diez universidades, y en Barcelona están tres de las más importantes: la Autónoma (UAB), cerca de Sabadell; y la de Barcelona (UB) y la Pompeu Fabra (UPF) en plena ciudad. La UB tiene 43.000 estudiantes de grado repartidos en varios campus. La zona más importante está a las afueras, después de Les Corts. Allí hay muchas facultades, como las de ADE y Económicas. ¿Cómo ven los futuros ejecutivos y economistas de Cataluña la situación? Un primer grupo de jóvenes responden con monosílabos y dice que no saben nada de política y que ellos no discuten ni hablan de eso. Cincuenta metros más lejos, cuatro jóvenes charlan animadamente. Ante la pregunta de qué creen que pasará el día 21, piensan que posiblemente no habrá grandes cambios porque «nadie es flexible con su opinión». Los jóvenes aseguran que en sus grupos «a veces alguna gente se mosquea», pero «no dejas de quedar por su ideología». Xeila, gallega de A Rúa, recalca que está harta de manifestaciones y huelgas, y confiesa que «en el grupo de WhatsApp de clase insistan» para que hagan huelga; Moha, de familia libanesa, reconoce que en su casa nadie habla de la cuestión catalana. Todo lo contrario de lo que les ocurre a Xavi y Lourdes, ambos catalanes; no quieren hablar mucho, pero tienen algún pariente que es profesor de primaria y de ideas constitucionalistas que «no se atreve a hablar en su colegio», y en las cenas familiares siempre acaba saliendo el tema.

Donde no parece que se aborde, desde ningún punto de vista, es en clase. Un profesor de Derecho defendió la Constitución y otro de Matemáticas se sintió molesto por una huelga; nada más. Eso en primero de carrera, pero tampoco se trata el asunto en la titulación de Empresa Internacional. Lo sabe Sara Méndez, catalana, que reconoce que «en clase no se ha tocado en absoluto», y ella personalmente no comprende cómo se ha llegado hasta aquí: «Nunca pensé que ocurriría esto».

Ante la Facultad de Química están charlando Artur y Andrea. Llevan tres años en la carrera, ella hace tercero y él no lo especifica. Ambos son independentistas. Andrea, cuyo padre no lo es, recuerda que decidió apoyar la causa tras los atentados de agosto: «¡Decían cada cosa en Twitter!». Además, la falta de información a los Mossos, dice, es intolerable. Ella cree que «España nunca buscará una salida para Cataluña» y de ahí que se vean abocados a la independencia. ¿Incluso con el 51 % de los votos? «Sí», responde Artur. Ante la pregunta de si no es un paso demasiado grave para hacerlo con la mitad de la población en contra (reformar el estatuto exige el 66 % de la Cámara), Artur primero dice que «si son demócratas, aceptarán», pero puntualiza: «Bueno, al menos nos permitirá negociar». ¿Qué les gustaría tener? Ambos lo tienen claro: «El concierto económico vasco».