La nueva política nace en la televisión

Luciano Huck, uno de los rostros más conocidos del país que gana 350.000 euros al mes, define su posible candidatura a la presidencia


Brasilia

«El elector brasileño hace mucho que no se siente representado por una gran parte de la clase política. Por eso, quiero contribuir en la construcción de una nueva realidad representativa». Luciano Huck insiste que no quiere ser candidato a la presidencia en las elecciones que Brasil celebrará en el 2018. Pero cada artículo que ha escrito en los últimos meses, en cada intervención en diversos foros y en cada blog político reportando reuniones de alto nivel, evidencian que este presentador televisivo de 47 años está midiendo sus posibilidades.

Huck es una de las personalidades más famosas de un país de 200 millones de habitantes. Su posición alentando las protestas a favor del impeachment de Dilma Rousseff y su simpatía con el candidato de la derecha Aecio Neves le metieron en política. Luego, se desencantó con Neves, y eso le deja sin posibilidades de afiliarse al PSDB, controlado por el senador. No es un problema: un partido tan alejado del tucano como el PPS (heredero del Partido Comunista brasileño) le abre las puertas para ser candidato a la presidencia como una de las pocas opciones de competir con el ultraconservador Bolsonaro y con Lula da Silva.

Las fronteras ideológicas entre partidos importan menos en Brasil que los apoyos necesarios en la Cámara de Diputados. Huck, que se dice liberal, arrastraría consigo a desencantados del PSDB cercanos al gobernador de São Paulo, Gerardo Alckmin. Mientras tantea el terreno, recaba donaciones en asociaciones como Agora! o Renova Brasil para buscar «personas íntegras, éticas y comprometidas con el bien común, independientemente de su ideología». La crisis de los partidos tradicionales es la principal baza de un candidatable que nadie ve ya como una excentricidad

Catwoman sado

Nacido en una familia rica de São Paulo y codeándose desde temprana edad con hombres de negocios, abogados y famosos, Huck comenzó en televisión en 1996, con Programa H, una fórmula parecida al programa español de los 90 La Quinta Marcha. Arrancó apostando fuerte por el público adolescente y la cultura urbana, pero pronto dio con otra alquimia mucho más rentable. Creó el personaje de la Tiazinha do H, una especie de Catwoman sadomasoquista y en ropa interior que torturaba con depilaciones y ligeros azotes a quinceañeros sometidos a preguntas de cultura general. Luego apareció la rubia Feiticeira, igual de sensual y de vacío argumental. La audiencia se disparó. Ambas protagonizaron dos de los números de Playboy más vendidos de la historia.

Desde el 2000, presenta Caldeirão do Huck en Globo, y eso multiplicó su fama y sus ingresos. Con un programa cada sábado en uno de los mayores imperios mediáticos y creadores de opinión del mundo, imán publicitario y habitual junto a su mujer (otra estrella de Globo) y sus tres hijos de las revistas del corazón, se estima que Huck ingresa algo más de 350.000 euros al mes solo de la televisión.

Algunas publicaciones cifran su fortuna en los 100 millones de dólares, gracias a un fondo de inversión que participa en decenas de empresas. Caldeirão do Huck es un programa de variedades, donde en los últimos años ha incrustado secciones lacrimógenas, ayudando a familias humildes a lograr sus sueños de una casa o un coche mejores. El escaparate para Huck es inmejorable, porque el programa le permite además viajar por todo el país. Pero Globo ya le ha dicho que tiene hasta diciembre para elegir: carrera presidencial o hacer televisión.

Comentarios

La nueva política nace en la televisión