Bruselas advierte: ojo, porque la crisis de Cataluña puede exigir ajustes de hasta 5.500 millones

La Comisión da el visto bueno al borrador de Presupuestos

A. Lorente
redacción / la voz, colpisa

Bruselas tiene poco que objetar, de momento, al borrador de Presupuestos del 2018 que le remitió el Gobierno de Rajoy en octubre. El déficit tiene visos de colocarse -esta vez sí- por debajo del sacrosanto 3 %. Y con eso se conforman. Solo de momento. Porque, si bien el plan presupuestario cumple «en líneas generales» con lo que se le había pedido al país, las cosas pueden acabar torciéndose, avisan desde la capital belga.

Riesgos hay. El primero, la crisis de Cataluña, cuyo impacto en la economía patria todavía está por ver. En Bruselas no se atreven a cuantificarlo. «Es imposible predecirlo en este momento», dicen. Pero preocupa. Y mucho. También que el Gobierno no sea capaz de sacar adelante las cuentas del 2018. La Comisión quiere garantías de que España le enviará unos Presupuestos para el año que viene. Toda una señal de estabilidad en medio de la tormenta política que azota el país. Lo que le remitieron en octubre fueron unas cuentas prorrogadas con el cuadro macroeconómico actualizado. Para ir tirando.

El Ejecutivo comunitario no se atreve aún a ponerle números al impacto catalán Y esos pocos mimbres son los que explican que la valoración de la Comisión sea tan superficial. Tanto que se limita al trazo grueso de la situación. En resumen: un aprobado más o menos holgado en materia de déficit, aunque lastrado por el estigma del paro y la elevada deuda y amenazado por la «notable incertidumbre» que existe, cómo no, por Cataluña.

El propio comisario de Economía, Pierre Moscovici, reclamó ayer a las autoridades españolas que le envíen un presupuesto de verdad «cuanto antes». Pero para que eso suceda es necesario contar con la suficiente mayoría en el Congreso. Y no parece que eso vaya a conseguirse hasta bien entrado el 2018 y, sobre todo, hasta que el PNV dé su visto bueno.

El gran estigma

Junto con el paro, el gran estigma de España estos últimos años ha sido el déficit. De hecho, es el único país de la UE que junto a Francia se encuentra en el llamado procedimiento de déficit excesivo. Es decir, que sufre una vigilancia especial porque el agujero de sus cuentas está por encima del 3 %. Sin embargo, como se felicitó ayer Moscovici, el próximo año no será así porque se reducirá «de forma sustancial». En el 2018 se cumplirá con el déficit nominal colocándolo por debajo del 3 %, cierto, pero los problemas llegarán por el estructural, que podría obligar al Gobierno a hacer un ajuste extra de 5.500 millones (medio punto de PIB). Aquí de lo que se trata es de cómo se ingresa y se gasta, de hacerlo de forma sana y no fiándolo todo al BCE o al petróleo. Y sin olvidar que toda la arquitectura presupuestaria depende de Cataluña, hasta el 21D una moneda al aire.

Un impacto incierto

De Guindos ha cifrado el impacto catalán en 5.000 millones, pero si es mayor (el Banco de España habla incluso de 26.000 millones en el peor de los escenarios), adiós a las metas de déficit, lo que dejaría a España otra vez a los pies de los caballos, tanto por la desaceleración económica que eso traería aparejada como por la situación fiscal.

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