Cuatro compañeros de celda en apenas 40 días, un sonado «¡viva España!» y cartas entre las ropa sucia. Así es la accidentada vida carcelaria del número dos de la lista de Puigdemont
28 nov 2017 . Actualizado a las 16:02 h.Pasa frío en la cárcel de Soto del Real o eso, al menos, defiende él. Le eligen compañeros de celda que fuman y tiene que pedir un cambio. Asiste a episodios violentos durante la misa carcelaria y hasta tuvo que «soportar» como otro recluso le gritaba «¡viva España!». El paso de Jordi Sánchez Picanyol (Barcelona, 1964), exlíder de la Asamblea Nacional Catalana, por la prisión madrileña se está convirtiendo en un auténtico vodevil retransmitido a través de los medios de comunicación gracias a incidentes internos que logran eco público o por cartas enviadas por él mismo a la prensa, unas misivas que le han llevado a protagonizar un nuevo incidente. Y es que a la accidentada vida de Sánchez en prisión contribuye él mismo.
Su propia llegada a Soto del Real causó más expectación entre los 1.300 internos del centro que los recientes ingresos de otros rostros famosos como Ignacio González, Gerardo Díaz Ferrán o Ángel María Villar o, en su época, Luis Bárcenas, el fallecido Miguel Blesa o Mario Conde. La crisis catalana se sigue con interés en esta cárcel madrileña.
Después de que la dirección de la prisión rechazase que tanto Jordi Sánchez como Jordi Cuixart, líder de Omnium Cultural y también encarcelado en Soto del Real (a ambos la jueza Lamela les imputa indiciariamente un delito de sedición relacionado con los incidentes que hubo ante la consejería de Economía de la Generalitat los pasados días 20 y 21 de septiembre), fuesen sometidos por su seguridad a «medidas excepcionales», los Jordis fueron trasladados a los dos módulos menos conflictivos de los catorce que tiene la cárcel. Jordi Sánchez ingresó, en concreto, en el número cuatro en el que la mayoría son presos reincidentes en segundo grado, pero habitualmente con buen comportamiento, y están a las puertas de conseguir la semilibertad con el tercer grado.
Aun así, los primeros roces no tardaron en aparecer. Jordi Sánchez, con sus modales corteses, su hablar pausado y su fama de secesionista con seny, ya pidió a un funcionario menos de dos días después de su ingreso el cambio de módulo tras ser increpado por otro recluso que le gritó «¡viva España!», algo a lo que el trabajador de la cárcel no accedió, explicándole que no correspondía porque no se había producido ningún problema de seguridad para el supuesto sedicioso. Eso sí, el interno, animado por la fama conseguida, ha seguido molestando al exlíder de la ANC.
Cuatro compañeros de celda en 40 días
El paso de Jordi Sánchez por prisión también ha estado caracterizado por su incesante cambio de compañero de celda. Hasta cuatro en apenas 40 días: un asturiano, un catalán y dos peruanos.
El primero que tuvo que lidiar con su intensa pedagogía independentista fue Rodolfo Cachero, un minero asturiano de 71 años acusado de varios delitos contra la Hacienda Pública. Su afición al tabaco molestó al líder independentista que se acogió a la legislación interna de prisiones que permite la separación de presos en celdas de fumadores y de no fumadores para reclamar un primer traslado.
Fue después cuando le llegó el turno al peruano (en un primer momento, por error, se pensó que era el preso asturiano) que harto de la «matraca soberanista» de Sánchez reclamó no tener que seguir aguantándolo. Célebre ya es la frase de este reo, para quien convivir con el exlíder de la Asamblea Nacional Catalana suponía «una doble condena». Desde la cárcel se le concedió el cambio.
A la tercera tampoco fue la vencida y eso que el siguiente interno con el que compartió celda era catalán. Distintos medios avanzan que este reo también empezó a mostrar su incomodidad pero un problema médico le llevó a enfermería antes de que pudiese pedir mudarse.
Tras este incidente, Sánchez, elegido por Carles Puigdemont como número dos de su lista JuntsxCat, estrenó el cuarto compañero, un peruano que, hasta donde se sabe, no ha hecho reparos públicos a su cantinela independentista.
Pide dos veces el cambio a una prisión catalana y se lo deniegan
El pasado 17 de noviembre, justo un mes y un día después de su ingreso en prisión, Instituciones Penitenciarias denegó a Sánchez el traslado a la cárcel catalana de Quatre Camins que había solicitado para estar más cerca de su familia y de su abogado.
Funcionarios de la prisión aclaran que pidió el traslado, al menos, en dos ocasiones, la primera en un escrito presentado el 31 de octubre. El líder independentista se quejó del tratamiento que algunos de los presos de la cárcel le dieron a su llegada.
La Secretaría General de Instituciones Penitenciarias rechazó, sin embargo, su petición al entender que su permanencia en la cárcel de Soto del Real «facilita» la práctica de las diligencias que acuerde la jueza Lamela, más aún si se tiene en cuenta su «reciente ingreso».
A juicio de la administración de Prisiones, los argumentos expuestos por Sánchez no desvirtúan esa resolución, pues no se conculca ni el derecho a las comunicaciones del interno ni su derecho a su defensa.
Incidente con un cuchillo en plena misa carcelaria
El día 20 de noviembre, poco más de un mes después de su ingreso en Soto del Real, Jordi Sánchez vivió un susto, en esta ocasión, mientras asistía a una homilía dominical. Un preso dominicano sacó un cuchillo de plástico con cuatro cuchillas de afeitar pegadas con cinta adhesiva y agredió en el cuello a otro interno de su misma nacionalidad en presencia del exlíder de la ANC. El preso herido, que al igual que el agresor está vinculado a bandas latinas, precisó atención médica en el Hospital de La Paz.
«Se trata de un hecho aislado que ha sido controlado en el acto por los funcionarios presentes en el lugar», explicaron en el momento fuentes penitenciarias. Jordi Sánchez estaba sentado un banco alejado pero su nombre, de nuevo, volvió a colarse en los medios por este nuevo incidente.
Pasa frío en Soto del Real
Con un tono melancólico y pesaroso arrancó Jordi Sánchez una carta publicada el pasado día 23 en el diario Ara en la que defendía que «no hay manera de contener la voluntad de un país». En la publicación se quejaba de que «los días y sobre todo las noches comienzan a ser realmente fríos en Soto del Real, al pie de la Sierra madrileña. Sorprende, sin embargo, que la calefacción solo funcione en la zona de las visitas exteriores de familiares y abogados y no en el interior de los módulos, aunque es una manera de hacer sentir a las visitas la supuesta calidez de la prisión». El exlíder de la ANC, que sostuvo con ironía desconocer «si la fiscalía belga ha pedido información sobre la climatización en las cárceles españolas», insistía en que «si alguien puede, que les explique que en las celdas no hay radiadores, que las paredes son de un frío y triste hormigón y que las ventanas no ajustan».
Le expedientan por camuflar cartas
El último revés de su paso carcelario se ha conocido, aún, en las últimas horas. Instituciones Penitenciarias ha expedientado a Jordi Sánchez por camuflar cartas entre sus enseres personales saltándose de esta forma el reglamento común para todos los internos.
Las comunicaciones de Jordi Sánchez con el exterior de la prisión no están intervenidas y también puede enviar a sus familiares paquetes con su ropa para que sea lavada fuera de las instalaciones de Soto del Real pero, aún así, y es de suponer que por sus propias suspicacias o, como apuntan varios medios, para intentar escenificar un supuesto recorte de libertades que no existe, decidió enviar la correspondencia en estos paquetes.
Es necesario recordar que el número dos de la lista de Carles Puigdemont ocupa buena parte de su tiempo en prisión leyendo y redactando cartas que luego difunden medios de comunicación y replican sus partidarios.
Jordi Sánchez, por méritos propios ya uno de los presos más conocidos de Soto del Real, deberá responder ahora ante la Comisión Disciplinaria de la prisión. Eso sí, podrá hacer alegaciones.