El caso de un paciente inconsciente con la frase tatuada «no resucitar» abre un debate médico en Estados Unidos. Finalmente, falleció
01 dic 2017 . Actualizado a las 15:22 h.El hospital Jackson Memorial de Miami (EE.UU.) se enfrentó en las últimas jornadas a un dilema ético, cuya solución, además, llegó tarde.
Un hombre, de unos 70 años, llegó al servicio de urgencias de este hospital inconsciente y en estado grave, con un alto nivel de alcohol en sangre, una situación que empeoró a las pocas horas entrando en estado crítico y teniendo que ser trasladado a la uci. El paciente, más allá de un complicado historial clínico (una enfermedad pulmonar obstructiva crónica o diabetes), presentaba otra dificultad. Y es que tenía tatuada en su pecho la frase «Do Not Resuscitate» (no resucitar) junto a lo que parecía ser su firma -la palabra «no» estaba, además, subrayada-, una «orden» que enfrentó a los sanitarios a un debate ético: ¿Sirve un tatuaje como testamento vital? Su creación, además, parecía antigua: ¿Podría haber cambiado de opinión el paciente? La situación donde estaba colocado -en el pecho- jugaba, por otra parte, a su favor: ¿Podría habérselo hecho allí para que fuera visto y no dejara lugar a dudas?
En Estados Unidos existen los conocidos «DNR» (do not resucitate), documentos legales que expresan la voluntad del paciente de no ser reanimado en caso de enfermedad terminal. Unos archivos que, normalmente los poseen los familiares de los enfermos o el propio hospital. Los sanitarios no fueron capaces durante las primeras horas del ingreso del paciente de localizar a sus más cercanos.
Tal y como revela la revista New England Journal of Medicine, en un primer momento, los médicos de este hospital estadounidense decidieron ignorar el tatuaje. Le aplicaron, entre otras actuaciones, respiración asistida y le administraron fármacos para elevar una tensión que se iba desplomando poco a poco.
Aún así, les asaltó la duda sobre el tatuaje y sobre la supuesta última intención del paciente. Por ello, consultaron al comité ético del hospital que, para sorpresa de algunos, recomendó «obedecer» al tatuaje y no reanimarle ni aplicarle ninguna medida de emergencia.
«Después de revisar el caso del paciente, los consultores de ética nos aconsejaron que respetáramos su tatuaje», confirma Gregory Holt, el autor principal del caso.
Una decisión que, en cualquier caso, ya no tendría trascendencia ya que cuando se adoptó esta determinación el estado del paciente ya había empeorado gravemente, falleciendo esa misma noche.
Mientras tanto, trabajadores del hospital lograron encontrar un documento de voluntades anticipadas del paciente que confirmaba que el tatuaje era cierto y que el hombre había firmado una orden DNR.