El nuevo Eldorado para los europeos

Cabo Verde aprovecha su calma política y su buen clima para convertirse en un destino turístico emergente para las empresas hoteleras españolas


Lisboa

En cuatro décadas, el archipiélago de Cabo Verde ha pasado de ser una colonia lusa muy ligada a su metrópoli, por su privilegiada situación geográfica, situada a 400 millas al sur de las Canarias, junto a la costa de Senegal, y por sus plantaciones de café y salinas, a convertirse, desde 1975, en uno de los países democráticos más seguros de África que mira hoy con confianza al mundo occidental.

Sus diez islas son el destino preferido -para desconectar y practicar deportes náuticos- para millares de portugueses, que han guardado el secreto con celo al resto del mundo. Actualmente, sus visitantes más asiduos son los millonarios y los jubilados del norte de Europa, belgas, ingleses, alemanes, franceses y nórdicos, sobre todo, atraídos por los, cada vez más, frecuentes vuelos a sus países y por sus excelentes condiciones fiscales.

Este tipo de turista elige Cabo Verde para pasar su época dorada y apuestan por instalar su residencia y comprar una segunda vivienda en las islas de Boavista y Sal, las más orientales, que son las que disponen de más horas de sol y las que están más próximas al continente.

«A las inversiones hoteleras españolas les debemos mucho», confirma a La Voz, el primer ministro de Cabo Verde, Ulisses Correia e Silva. Al archipiélago, de 520.000 habitantes, llegan ya alrededor de 350.000 turistas extranjeros al año «cantidad que esperamos duplicar en un plazo de diez años», avanza Correia e Silva. Cadenas como Meliá y Riu o grandes touroperadores internacionales -como Tui- han apostado por construir varios establecimientos resort de lujo en Boavista y Sal «por sus playas de sueño vírgenes, con agua cristalina y por la tranquilidad y sosiego desde que aterrizamos», declara Robert Jarret, director ejecutivo de Resort Group, responsable del 10 % del PIB de Cabo Verde.

El grupo ha construido cuatro hoteles en Sal, inaugurará otro a lo largo del 2018 en el paradisíaco arenal de Santa Móvista, donde decenas de inversores y jubilados belgas han comprado apartamento, y planea nuevos proyectos en las islas de São Vicente y Santiago, donde está la capital, Praia.

360 días de sol al año

Los paisajes lunares y desérticos de las islas orientales de Cabo Verde llaman la atención nada más aterrizar en Sal, que debe su nombre a las importantes salinas de Pedro Lume que desde el siglo XVIII abastecían a Portugal del codiciado condimento. El reflejo majestuoso de la luz sobre ellas nos traslada a otro mundo y consigue que el visitante se olvide de sus problemas cotidianos. Qué decir de sus playas y de las piscinas naturales, conocidas como la buracona; o de la encantadora Santa María, donde el bullicio de sus gentes y la música lo inundan todo.

Lo mismo ocurre en Boavista, curiosamente la primera isla descubierta por los portugueses, en 1640, que tan poco desarrollada y abandonada ha estado hasta que se descubrió su potencial turístico. A quien visita el puertecillo de Sal Rei, la única villa de la isla, le inunda una alegría infinita. El bullicio de los niños jugando, de los pescadores y, ¡cómo no!, de la morna y del funaná que se escuchan comiendo una cachupa, un delicioso pescado típico de la zona, bebiendo un café o una cerveza autóctona a cualquier hora en sus pequeños locales coloridos son el mejor antídoto para enamorarse de un pueblo que sabe recibir al visitante con una sonrisa, todo el tiempo del mundo y sin prisas, el lema del país.

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