Risto: «Ahora no procede que Laura se siente en el chéster»

El que un día fue azote de la televisión, hoy pide a sus entrevistados que se desnuden casi tanto como él cuando escribe públicamente lo enamorado que está. «Estoy en un momento muy luminoso de mi vida», asegura. Y se le nota.


A Risto le cambia la voz en cuanto la conversación deriva en su mujer, Laura Escanes. «¡No me gusta su pelo, me gusta ella!», exclama con energía. Este niño grande, que confiesa que «a mis 43 años estoy aprendiendo a escuchar», ha vuelto con entrevistas y entrevistados que hablarán del miedo. Y, ya que estamos, le preguntamos que dónde se siente más seguro. «Uff... ¡En mi casa!».

-Vuelves con «Chester», esta vez a secas. Te ganaste que le llamen solo por su nombre.

-Sí, al final tienes que resignarte a cómo la gente lo llama y rendirte a la evidencia. El chéster es la esencia del programa, que también consiste en llegar a la esencia de las cosas, así que tenía sentido. La expresión de «este tiene un chéster» se dice mucho. A mí me pasa una cosa con este programa, y es que todo el mundo me pregunta cuándo vuelve, y eso creo que es sintomático. La gente que lo ve dice que gusta mucho, y yo estoy muy contento.

-¿Qué invitado te pone más?

-En realidad, mira, ya son seis temporadas y yo he estado en cinco de ellas. Y he aprendido a dejarme sorprender, porque yo al principio tenía la obsesión de hacer a Joaquín Sabina y al final lo pude hacer, pero es que también me han sorprendido muchos otros que en un principio no había propuesto yo. He aprendido a encontrarle el interés a todo el mundo, y por eso ahora estoy en esta lucha de que todo el mundo tiene un chéster. Yo creo que es algo que he tardado tiempo en descubrirlo, pero lo estamos demostrando.

-Empezamos fuerte. ¿Qué es lo que menos te esperabas de María Teresa?

-Nos descolocó absolutamente. Lo que menos me esperaba es que una mujer bregada en tantísimas batallas y con la experiencia que ella tiene, y además habiéndole hecho ya muchas entrevistas en televisión, es que viniese con la generosidad de darnos algo que no había dado nunca. Porque al final cuando un invitado se desnuda es una decisión de él. No es un mérito del entrevistador, es una decisión de generosidad.

-Bueno, algo harás también para conseguirlo. Con esa distancia corta hay determinadas preguntas que a veces cuesta hacer. Y a ti igual te cuesta, pero notar no se te nota nada.

-También es verdad que en este caso la ventaja de llevar seis temporadas nos da ya cierta marca de cara a los invitados también. Antes hablábamos del espectador, pero ocurre lo mismo con el invitado. El invitado que viene al Chester sabe que no viene a una entrevista normal, al uso, de pregunta-respuesta y sin repreguntas, o de alguien que está mirando continuamente el papel. Aquí estamos mirándonos a los ojos y ninguno sabe por dónde vamos a ir. Y ya vienen dispuestos. Una de las satisfacciones más grandes es que los invitados, gente muy celosa de su intimidad, como es Nacho Duato, como es Jordi Mollà, gente que habitualmente no habla de cuestiones personales, lo hagan. No de su vida íntima, sino de su vida interior, que creo que es una diferencia importante.

-Tú dices que es un espacio de reflexión honesta y a calzón quitado... ¿Tú eres de quitarte mucho el calzón también o eres más cerebral?

-Ay, yo bajo al barro muchísimo también con los invitados, e incluso a veces me critican eso, ¿no? Dicen: «¡Ahí va este haciéndose el protagonista!». Y yo digo que es una crítica que uno tiene que asumir, pero entiendo que es necesario para que el otro se sienta cómodo y vea que esto va de implicarse de verdad. No tendría ningún sentido que yo estuviera en la barrera, detrás de mi papel de presentador, y dejarle a él solo. No, yo bajo con él y me mojo, y explico a lo mejor cosas que sí, que son muy personales también.

-Te gusta sacar a la gente del lugar donde se siente segura.

-Sí, porque no es con mala intención, pero inevitablemente todos tenemos la tendencia a contestar lo que siempre has contestado, porque ese es a veces un lugar seguro en el que sabes que no te vas a meter en ningún lío. Los líos vienen precisamente cuando te sales de esos lugares seguros. No es porque yo quiera meter en líos a nadie, sino porque creo que donde están las respuestas interesantes es dentro de aquellas que no se han pensado antes. Entonces, para llevar ahí a alguien, tienes que utilizar este tipo de estrategias.

-¿Y cuál es el lugar donde tú te sientes seguro?

-Uff, mi casa ¡Ja, ja, ja! Pero a nivel de temas me siento muy cómodo preguntando. Como profesional de la tele mi descubrimiento ha sido darme cuenta de lo mucho que me interesa la vida de la gente, lo muy preguntón que soy, porque soy muy preguntón, y lo poco que escuchaba. Esa es otra cosa que he descubierto. El Chester me está enseñando a escuchar. Y que con 43 años te diga que estoy aprendiendo a escuchar ya manda narices el tema. Pues es así, estoy aprendiendo a hacerlo.

-Hace un momentito me dijiste que todo el mundo tiene un chéster. Bueno, pues, con permiso, voy a hacerte una pregunta muy directa y muy «Chester». ¿Se sentará tu mujer o ya está decidido que eso no se va a producir?

-Mira, no te diré que no nos lo hemos planteado, pero lo hemos descartado tanto ella como yo de manera consciente y de manera adecuada. Creo que ahora mismo no procede, básicamente porque la lectura que podría hacerse de eso podría ser totalmente errónea. O que yo estoy buscando darle audiencia a mi programa o que ella se está buscando hacer publicidad. Yo creo que ninguno de los dos lo necesitamos, afortunadamente, y se trata de que el programa tenga una entidad y una potencia, y ella no necesita ahora mismo prodigarse por los medios. Yo creo que ahora está bien como está el tema, en el futuro, yo... no lo sé.

-¿Te gustó su corte de pelo?

-A mí me gusta ella, si por un corte de pelo me dejara de gustar... Pues claro que sí, al final como decía Galeano, si el pelo fuera importante estaría dentro de la cabeza, no fuera de ella.

-No sueles responder a preguntas sobre tu vida privada, pero hace muy poco escribiste otra carta de amor en un periódico. ¿A veces necesitas expresar tus sentimientos así?

-Es lo que te decía antes, creo que en este país hemos confundido vida íntima con vida interior. Yo creo que la vida íntima hay que respetarla, a mí no me importa con quién se acuesta cada quien, es que da igual eso. Pero sí que me importa cómo siente cada uno, cómo sientes las cosas en tu vida interior. Y en esos artículos yo lo que intento reflejar es mi vida interior, a quien le pueda interesar claro, porque no le tiene que interesar a todo el mundo. Ahí está reflejado cómo siento, cómo pienso... Cómo vivo muchas cosas, porque no solo hablo de amor. También hablo de política, de mi vida, de mis amigos, de la familia... muchas cosas. Y es importante hacer esa diferencia, porque siempre que estés hablando de algo que sientes parece que estás hablando de un tema del corazón, de prensa rosa, y no tiene por qué. Yo puedo expresar perfectamente cómo pienso y cómo amo sin entrar a revelarte cómo es mi vida íntima con mi pareja.

-Hablas de cómo sientes, cómo amas, pero también de cómo has cambiado. Dices: «De pronto me apagué y me volví arisco y huraño, enfadado con el mundo, como antes de saber que existías». Se ha producido un cambio muy importante en ti.

-Bueno, todos pasamos épocas buenas y malas. Todos tenemos épocas más oscuras y épocas más luminosas. Ahora estoy en un momento muy luminoso, tanto personal como profesionalmente, y eso también se tiene que reflejar. Porque al final no puedes escribir solo cuando estás deprimido, porque sería todo como para cortarte las venas. También es bueno reflejar la felicidad cuando te ocurra, aunque solo sea para que cuando dejes de estarlo, algún día puedas releerlo y decir: «Jo, mira qué feliz fui».

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