El problemático encaje de Cataluña

Los constitucionalistas consultados por La Voz cuestionan que una reforma de la Constitución para mejorarlo sirva para superar el desafío independentista


Es necesario reformar el modelo territorial de la Constitución, al margen de la crisis en Cataluña. En eso coinciden los catedráticos de Derecho Constitucional consultados por La Voz, pero difieren en si habría que hacer cambios para favorecer un mejor encaje de Cataluña y, sobre todo, en qué sentido tendrían que hacerse. 

¿Es necesario reformar la Constitución para mejorar el encaje de Cataluña?

Francisco J. Bastida afirma que la reforma es necesaria, pero no solo por Cataluña, sino para «definir y concretar un modelo territorial descentralizado que la Constitución solo prefiguraba, pero que después de 40 años se ha construido de manera poco armónica y a base de muchas sentencias del Tribunal Constitucional». Javier García Fernández coincide en que hay que mejorar el sistema autonómico. Dentro de esa reforma general «podrían buscarse algunos puntos que se pudieran pactar con los catalanistas», pero duda de que «pueda ser satisfactorio, tanto porque es insuficiente para los secesionistas como por la dificultad de establecer un modelo especial que a continuación no reclamen otras autonomías».

Roberto L. Blanco Valdés señala que «se habla del encaje de Cataluña cuando habría que hacerlo en realidad del encaje del nacionalismo catalán, que es el que está desencajado, como ha podido comprobarse tras la gravísima crisis constitucional que acaba de provocar». Añade que «ninguna reforma serviría si el nacionalismo persiste en que solo le vale la secesión. Si hubiera una renuncia expresa y pública a la secesión, y solo en ese supuesto, cabría discutir si hay alguna posibilidad de reforma que pudiera contentar a los nacionalistas, para lo cual lo único razonable sería que ellos planteasen abiertamente qué reforma colmaría sus aspiraciones». Xavier Arbós cree «necesario hacer reformas para mejorar el encaje de Cataluña, porque «el mero hecho de empezar a discutirlas significaría que el horizonte político puede cambiar». 

¿En qué debería consistir la reforma?

Para Arbós hay dos opciones. «La primera es buscar simultáneamente la reforma de la Constitución y el encaje de Cataluña; la segunda es dar prioridad a los cambios referidos a Cataluña: una disposición adicional específica». El catedrático estima que «ambas no se excluyen mutuamente», pero «hay que dar paso antes a lo políticamente más urgente, por lo tanto habría que pensar en una nueva disposición adicional». «Lo que se incluya en ella puede ser discutible y debe resultar de acuerdos políticos. Me limito a apuntar que sería mejor centrarse en lo que no es generalizable (lengua y cultura) y en lo que el consenso catalán sea mayor, y dejar lo generalizable, por ejemplo la financiación, para una reforma general», añade.

«Soy poco optimista al respecto, pues la eventual introducción en la Constitución de los diversos cambios de los que se viene hablando no parece que vaya a servir para colmar la voracidad de poder de los nacionalistas», asegura Blanco Valdés. «El reconocimiento de una posición constitucional peculiar a Cataluña, que es en lo que insisten más los pocos nacionalistas no separatistas que van quedando, plantea dos problemas: de un lado, cómo se alcanza ese objetivo sin poner en pie de guerra a los restantes territorios; de otro lado, cómo justificar esa excepción, pues hacerlo aludiendo a la existencia de un fuerte nacionalismo en Cataluña es la mejor forma de animar a los restantes territorios donde hay nacionalistas a que apoyen a esas fuerzas para así ponerse al nivel de Cataluña». Y concluye: «En suma: con tal solución muy probablemente no resolveríamos el llamado problema catalán, pero casi con toda seguridad crearíamos otros de inmediato». 

¿La reforma federal sería una solución?

«Sí, en la medida que racionalizara la distribución de competencias y contribuyera a evitar la conflictividad; la estabilidad en el ejercicio del autogobierno contribuiría a pacificar la situación», responde Arbós. «España es un Estado federal desde hace mucho tiempo», sostiene Blanco Valdés. «Una reforma en el sentido de profundizar en nuestro federalismo, perfeccionando su funcionamiento, mejorando la coordinación y la cooperación horizontal y vertical, recentralizando aquello que se ha comprobado que no debe estar descentralizado, reforzando la cohesión territorial, aclarando el mapa competencial, estableciendo elementos de control, lejos de ser una solución eficaz al problema planteado por el nacionalismo catalán encresparía aun más a los nacionalistas», añade. «Por tanto, quienes hablan de federalismo para resolver el problema catalán en realidad están hablando de soluciones confederales, que es algo muy distinto, y estas son soluciones provisionales que solo tienen dos evoluciones posibles: hacia una mayor unidad o hacia la separación», concluye.

García Fernández señala que el modelo territorial español es «tan descentralizado como algunos Estados federales». «No creo que la comunidad autónoma de la región de Murcia, por poner un ejemplo, tenga menos autonomía que el land de Baja Sajonia», dice. El catedrático de la Universidad Complutense de Madrid concluye: «No estoy en contra de que, a la hora de la reforma territorial, se adopten instrumentos propios de los Estados federales en lo poco que no tenemos ya asumido, pero lo importante es que acertemos en la nueva filosofía descentralizadora y que con esa filosofía se cierre el continuo tira y afloja que todas las comunidades autónomas han mantenido con el Estado desde su creación».

Para Bastida, «la reforma federal puede ser una solución, pero solo si antes se establece un pacto federal y se determina entre quiénes se hace ese pacto».

Cambios constitucionales necesarios más allá del desafío independentista

Los expertos estiman que la reforma debe ir más allá del modelo territorial. García Fernández enumera los cambios necesarios:

  • Regular como derechos fundamentales algunos derechos no fundamentales y algunos principios rectores de política social y económica (artículos 30 a 52).
  • Derogar la preeminencia del hombre sobre la mujer en la sucesión a la Corona (artículo 57.1).
  • Reformar profundamente el Senado en conexión con el modelo territorial que se elija.
  • Retocar el artículo 99.5 para evitar la disolución automática de las Cámaras en caso de no elegirse un presidente del Gobierno en el plazo de dos meses.
  • Introducir el sistema financiero de las comunidades (Título VII) y reformar el Título VIII, dedicado a la organización territorial.
  • Retocar el procedimiento de reforma constitucional a fin de que la reforma agravada del artículo 168 no sea tan difícil de ejecutar.
  • Bastida añade «un asunto relevante, que es la integración de España en la UE: la Constitución debe determinar su posición jurídica en relación con los tratados de la UE y el derecho derivado de ellos». 

Los expertos consideran que la plurinacionalidad no es una solución

¿Debe reconocerse la plurinacionalidad, considerar que España es una nación de naciones, en la cual Cataluña debería ser considerada como tal?

«España no es plurinacional y dudo mucho que Cataluña o el País Vasco posean los rasgos canónicos para ser una nación, aunque los nacionalistas han inventado una nación inexistente», sostiene Javier García Fernández. «La teoría de la España plurinacional es uno de los varios instrumentos que han inventado Podemos y sus aliados para horadar y debilitar el Estado democrático en España», añade.

Francisco J. Bastida considera que la plurinacionalidad «ya está reconocida desde el momento en que la Constitución habla de la existencia de nacionalidades y regiones». Para el catedrático de la Universidad de Oviedo, «la cuestión es que ese reconocimiento debe tener una traslación al pacto federal y que en las decisiones del Estado participen de manera efectiva los representantes de esas nacionalidades y regiones».

«Lo importante es asegurar un mayor grado de satisfacción en el autogobierno, por lo que pongo en segundo plano lo relativo al reconocimiento de Cataluña como nación», cree Xavier Arbós. 

Totalmente en contra

Roberto Blanco Valdés está «totalmente en contra de tal reconocimiento, que no figura en ninguna Constitución democrática de naturaleza federal». «Hablar de una España plurinacional es fijar una falsa descripción de la naturaleza de nuestro país, que no es un conjunto de naciones, sino un conjunto de ciudadanos libres e iguales que viven en diferentes territorios y tienen diferentes sentimientos de pertenencia territorial o de otro tipo», dice el catedrático de la Universidade de Santiago.

Señala que «ninguno de los territorios que componen España es una realidad identitaria monolítica, como acabamos de comprobar una vez más en Cataluña y se ha podido ver en las mas de 200 elecciones de todo tipo celebradas en España desde 1977».

Blanco Valdés también afirma que «España es plural internamente, claro, como todos los países modernos del planeta, pero no más que cualquiera de las partes (comunidades, provincias o ciudades) que la componen, que son igualmente plurales sin que nadie haya tenido la ocurrencia de reconocer constitucionalmente esa pluralidad».

 

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