El mundo musulmán pide reconocer a Jerusalén Este como capital palestina

Los líderes islámicos cierran filas con Abás, que llamó a expulsar a EE.UU. del proceso de paz árabe-israelí


Estambul / E. La Voz

Los países islámicos reunidos ayer en Estambul bajo la batuta de Recep Tayyip Erdogan cerraron filas con el presidente Mahmud Abás e instaron a la comunidad internacional a reconocer Jerusalén Este como capital de Palestina, en respuesta a la decisión de Donald Trump de proclamar la Ciudad Santa como capital de Israel. Durante su discurso de apertura en la cumbre extraordinaria de la Organización para la Cooperación Islámica (OCI), Erdogan volvió a llamar a Israel «Estado terrorista» y acusó a su par estadounidense de tener una «mentalidad sionista».

Durante su intervención, el presidente palestino, Mahmud Abás, declaró que EE.UU. ha quedado deslegitimado como mediador en el proceso de paz israelo-palestino por su parcialidad, algo que apoyó Erdogan. Abás avanzó que pedirá a la ONU que «anule» la decisión de Trump y que retire al Estado judío su condición de país miembro por violar el derecho internacional, además de solicitar la integración de Palestina como Estado miembro de pleno derecho en las Naciones Unidas. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aseguró que no se siente «impresionado».

En la declaración final de la cumbre, los miembros de la OCI proclaman Jerusalén Este como capital de Palestina, y no a Jerusalén, un detalle de gran importancia. Si Trump hubiese hecho lo propio, y declarado Jerusalén Oeste capital de Israel, es probable que no se hubiese armado tanto revuelo. Sin embargo, la ambigüedad de sus palabras dan a entender que estaba entregando la Ciudad Santa «como un regalo a Israel», dijo Abás.

Pese al mensaje de Erdogan y Abás, la OCI, de la que forman parte algunos de los principales aliados de Washington, ha respondido a EE.UU. con la boca pequeña y no ha hecho amenazas directas. Según el comunicado, los líderes musulmanes interpretan el anuncio de Trump como su salida del proceso de paz. Para el mundo árabe, el último movimiento de la Casa Blanca es percibido como un apoyo a Israel y a su «política de colonialismo, apartheid y limpieza étnica que ha estado ejerciendo en los territorios ocupados de Palestina desde 1967».

A pesar de la tarea autoimpuesta de Turquía de unir a los países del mundo islámico para responder a la crisis, la cumbre dejó clara la distancia. Mientras que la mayoría de los 57 países de la OCI enviaron a sus jefes de Estado o de Gobierno, Arabia Saudí, Egipto e Irak estuvieron representados por sus ministros de Exteriores.

Con Arabia Saudí, Egipto y Omán, Turquía mantuvo un tira y afloja a principios de junio, tras el bloqueo impuesto a Catar, uno de los principales aliados de Ankara. Al mismo tiempo, El Cairo y Riad es poco probable que quieran hacer peligrar su estrecha alianza con Estados Unidos, especialmente en el área militar.

Aunque no asistió a la cumbre, el rey saudí emitió un comunicado conciliador para encontrar «una solución política para la crisis regional», incluyendo el derecho de los palestinos a «establecer su propio Estado con Jerusalén Este como su capital».

A la cita asistió Nicolás Maduro en calidad de secretario general del Movimiento de Países No Alineados. El venezolano se solidarizó con el pueblo palestino, que «sufre la agresión del Gobierno imperialista» de EE.UU.

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