Necesito un novio para mañana

YA PUEDES ALQUILAR UNO La Nochebuena acecha y las cenas de empresa todavía más. Por eso cada vez más gente contrata a una falsa pareja que la acompañe en estas reuniones en las que, a veces, la presión aprieta. Las bodas son los eventos donde más se alquila, incluso a familias enteras. Hablamos con la agencia que ofrece este servicio que saca a más de uno de un apuro. Y con un actor experto en hacerse pasar por el novio perfecto.


No tienes pareja, eso es un hecho. Pero no tiene por qué saberlo todo el mundo. O, mejor dicho, no tienes por qué querer que lo sepan. Pero que la Nochebuena está ahí y, con ella, las cenas de empresa también es un hecho. Y quizás no te sientas preparada para asistir a una de esas reuniones anuales en las que van a volver a repetirte la pregunta de si vas a quedarte para vestir santos. Vale, el tema es rancio. Pero parece que sigue afectándole a mucha gente. Al menos así lo están comprobando en la agencia Central del Espectáculo. Su director, Daniel Aguirre, nos explica que el año tiene varios puntos calientes en los que se contrata más este servicio de alquiler de familias o de pareja. Uno es el de la primavera-verano, por las bodas. Y el otro es este, el momento navideño. «Nos piden mucho para el día de Navidad, pero sobre todo para cenas de empresa», dice Daniel Aguirre, el director creativo de la agencia. La idea ya tiene recorrido. «Se nos ocurrió hace diez años por una película en la que el protagonista lo contrataba. De esa idea pensamos en hacer algo parecido, que tú como cliente puedas pedir los familiares que tú quieras», explica Aguirre, que es una fuente inagotable de anécdotas: «Una mujer de 49 años que se casaba por primera vez y que estaba peleada con su familia contrató a quince actores, un padre, dos hermanos, tres primos... y así hasta quince». Para eso cuentan con actores y actrices de diferentes edades, «desde los 19 hasta los 70 años», y un catálogo en el que se puede elegir a la persona que más nos encaje. «Queda feo decirlo, pero formas parte de un catálogo en el que el cliente te puede elegir o no», dice Jorge, uno de los actores de la agencia, entre risas. Él está más que acostumbrado a hacerse pasar por el novio perfecto: «Lo más frecuente es que alguna chica se haya inventado una pareja que en realidad no tiene o que la hayan dejado justo antes de una boda o una reunión».

LOS TRUCOS DEL ACTOR

Ahora bien, ¿cómo se las ingenia Jorge para no ser descubierto? «Primero hablamos e intercambiamos información. Cuanto más sepamos, mejor, y es bueno ganar confianza, porque esto es algo que tiene que ser divertido, si no se notaría. Una vez allí, mejor hablar lo justo. No se trata de estar callado, pero sí de abordar temas superficiales en los que pueda pasar por encima sin entrar en demasiados detalles y pudiendo llevar la conversación por donde tú quieres», revela Jorge. ¿Y si la cosa se pone íntima? «Soy actor, me han dado bofetones en el teatro. ¿Cómo voy a rechazar algo bonito como un beso? Obviamente, no pasamos de ahí», responde. Una lucha suya es la de quitarle al término ‘acompañamiento’ ese componente turbio. «Cada vez esto se hace más. La gente está perdiendo el miedo a contratar este tipo de servicios y no tiene por qué dar vergüenza», indica el actor.

Le preguntamos, ya que su servicio suele contratarse en fiestas, si alguna vez se le ha enfrentado algún exnovio. «Yo por suerte nunca he tenido ningún problema de esos. Sí que es cierto que se contrata también para dar celos, pero nadie suele encararse el primer día sin conocerte de nada», apunta Jorge. Eso el primer día, pero ¿ha tenido que mantener la farsa con algún cliente?: «En mi caso no. Lo normal es hacer el servicio un único día, y ya con el tiempo imagino que comentarán en su entorno que la relación se ha terminado». Con tanto acercamiento, podía ser que surgiese el amor real entre actor y cliente, pero Aguirre afirma que, al menos que él sepa, nunca se ha dado el caso en la agencia.

Alquilar un novio por Nochebuena te saldrá en unos 250 euros. Y si es para fuera de Madrid, billete aparte. Ese es el precio que mucha gente está dispuesta a pagar para evitar las preguntas incómodas y, de paso, ver la cara de póker de más de uno. ¿Caro o barato? Eso depende de cuánto de grande sea el suplicio de cada cual cada vez que toca volver a juntarse en estas fechas.

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