Marcelo Odebrecht vuelve a casa

El empresario brasileño que infectó a su país y al continente americano con una red de sobornos cumplirá el resto de la condena en su mansión de 3.000 metros cuadrados


brasilia / corresponsal

El empresario Marcelo Odebrecht, uno de los hombres de negocios de más éxito de Brasil y de toda Sudamérica, salió este martes de la cárcel de Curitiba tras cumplir dos años y medio de prisión. Pasará otro tanto de encierro domiciliario en su mansión de tres mil metros cuadrados de la zona noble de São Paulo, la misma en la que fue arrestado en el 2015 por delitos de corrupción, lavado de dinero y asociación criminosa para conseguir contratos con la petrolera estatal Petrobras. Cuarta generación de la familia que levantó un imperio a partir de una inmobiliaria, con apenas 40 años llevó a Odebrecht a una nueva dimensión en la última década. Luego se supo que su método para expandir su negocio a toda América Latina era el soborno sistemático de políticos de todos los partidos y países.

Sus delitos fueron graves desde el punto de vista empresarial ya que su detención precipitó una crisis gigantesca en el grupo, que acumula deudas multimillonarias por la pérdida de negocio, con 100.000 despidos en dos años. Sin embargo, fueron más escandalosas las consecuencias sísmicas a escala política que desató en todo el continente. Marcelo Odebrecht fue encontrado culpable en dos de siete procesos judiciales, y condenado a 30 años de cárcel. Sus declaraciones tirando de la manta le han permitido reducir a un tercio esa pena, la mayoría disfrutada en su casa de lujo.

Según la investigación de la operación Lava Jato, Odebrecht pagó al expresidente Lula da Silva el terreno para su fundación y le arregló un apartamento en São Paulo. Odebrecht habría pagado también a la destituida Dilma Rousseff y al entonces candidato a vicepresidente Michel Temer 38 millones de euros para la campaña electoral del 2014. Odebrecht es sospechoso de pagar sumas multimillonarias al ahora presidente y la cúpula de su partido en el Congreso para conseguir contratos en Petrobras.

La figura de Marcelo Odebrecht es clave para entender la crónica judicial brasileña, indisoluble de la política. Pero su sombra alcanza a toda América Latina, por donde extendió los tentáculos de sus negocios. Los tres últimos presidentes de Perú (el actual Kuczynski, los anteriores Humala y Toledo) están implicados por sus nexos con el grupo empresarial. El vicepresidente de Ecuador, Jorge Glas, acaba de ser condenado por haber recibido 11 millones de Odebrecht. En Colombia, tanto el presidente Santos como su rival en las últimas elecciones, Óscar Zuluaga, se han visto salpicados por los indicios de que financiaron sus campañas con dinero B de la constructora. La exfiscal venezolana en el exilio, Luisa Ortega, asegura que existe una grabación que prueba sobornos a Nicolás Maduro por importe de 30 millones de euros. Argentina, Panamá, Guatemala y El Salvador también tienen ramificaciones.

Con todas esas delaciones (y el pago de una multa de 22 millones), Odebrecht consiguió el beneficio de la prisión domiciliaria en su imponente residencia, que podrá abandonar apenas en dos ocasiones. Con esas delaciones se entiende también que el mismo día del traslado de Odebrecht de una prisión incómoda a otra de lujo, la empresa haya facilitado la investigación de un cartel de compañías que amañaron más de 20 concesiones de obras públicas de metro y carreteras durante 11 años, principalmente en el estado de São Paulo. Casualmente, el montante de dinero público que se repartieron esas empresas asciende a 2.600 millones de euros, la fortuna estimada de Marcelo Odebrecht cuando entró en prisión.

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