«Esos tres segundos en los que el Chicle se quedó mirando para mí los recordaré siempre»

Uno de los boirenses que impidieron el secuestro del día 25 rememora lo ocurrido esa noche


Ribeira / la voz

«Empezamos a escuchar gritos. Pensamos que era gente que estaba montando barullo. Era el día de Navidad, creímos que estaban de fiesta». El que habla es uno de los dos vecinos que el pasado lunes rescataron a la mujer que, presuntamente, Enrique Abuín Gey, el Chicle, intentó secuestrar y meter en el maletero de un Alfa Romeo de color gris. «Su matrícula acababa en DYN. Fue lo que pude ver, estaba muy oscuro, pero el coche era ese».

Eran las 22 horas y los dos chavales subían la calle Bao, una céntrica arteria que se encuentra a 400 metros de la plaza del Concello de Boiro, cuando escucharon los gritos: «A medida que nos acercábamos, veíamos que no era una broma. Había un coche aparcado en la esquina, pegado a una peluquería. Cuando llegamos a su altura encontramos a un hombre que agarraba y forcejeaba con una mujer, empujándola para meterla en el maletero, que estaba abierto».

¿Era el Chicle? «Al principio, ante los guardias civiles, no pude asegurarlo al 100 %, pero sí, era él. El flequillo, la dentadura... Estaba encapuchado, pero me quedé a la perfección con su cara, era el Chicle», afirma el barbanzano. Cuando se acercaron al coche, la afectada los vio y les pidió ayuda a gritos: «'Chavales, ayudadme por favor. Están intentando secuestrarme'. Esa frase me quedó grabada».

Ambos empezaron a correr para intentar liberarla: «Fue un instinto. Te sube la adrenalina, teníamos que ayudarla. No piensas en nada más». En ese momento, la mujer los alertó: «Cuidado, lleva un cuchillo». «Nos paramos, pero en ese momento la soltó, ella se liberó y se acercó a nosotros». Mientras, el agresor se detuvo «en cuanto nos vio». «Esos tres segundos que se quedó mirando para mí los recordaré siempre, toda la vida».

Al instante, el hombre cerró el maletero y se metió en el coche. «Pensé que iba a coger un arma para atacarnos, pero cerró la puerta y se marchó pitando de allí», asegura el joven, que puntualiza que este escapó por la calle de O Cruceiro, en la que hay una vieja fábrica abandonada.

El teléfono

«Se salvó por no haberle dado el teléfono», opina el barbanzano, que al instante llamó al 112 e intentó tranquilizar a la agredida. Fue ella quien le contó que era la primera vez que veía a ese hombre, que cuando pasó por el cruce ya estaba allí con el coche aparcado y que intentó engañarla para que le diese el teléfono. «Le dijo, Carla esta es una broma de tu novio, dame tu móvil. La chica le contestó que no se llamaba Carla, que se había equivocado de persona, que le daba el DNI para que lo comprobase».

Fue ahí cuando se abalanzó sobre ella. «La amenazó con pincharla con el cuchillo si no se lo daba. Estuvo con casi todo el cuerpo dentro del maletero, pero al negarse a darle el teléfono fue capaz de forcejear con él para salir», reconoce el boirense. La agredida, que ronda los 30 años de edad, llegó a tener el cuchillo en el cuello: «Nosotros no le vimos el arma, no sé si era de verdad o de mentira, para intimidar. No te lo puedo asegurar».

Una vez que el coche se marchó, los tres se metieron en un establecimiento hasta que llegó la patrulla de la Guardia Civil: «Era para tranquilizarla, no paraba de llorar. Los tres estábamos en shock. Primero la llevaron al centro de salud y después al cuartel a testificar».

Ante la UCO

Los dos chavales dieron su versión de los hechos en el lugar del intento de secuestro, aunque el martes volvieron al cuartel para testificar ante los agentes de la UCO: «Les contamos todo de principio a fin. Mi compañero no fue capaz de identificar al hombre, pero la chica sí. Yo les dije que no podía hacerlo a ciencia exacta, al 100 %, porque estaba oscuro y llevaba capucha, pero los rasgos de la cara los tenía claros, de ese momento en que se quedó mirando para nosotros. Era él».

Sobre la identidad de la joven, asegura que no van a decir nada: «No se lo he dicho a nadie. No la conocía y sé que no debe estar pasándolo bien. Tuvimos suerte de que él no nos agrediese a nosotros también».

«No piensas, la cabeza te dice 'se la lleva, se la lleva', y tienes que hacer algo»

«No teníamos previsto pasar por la calle Bao, íbamos a coger otra ruta, pero mi amigo quería comprar una botella de agua en el 24 horas y nos desviamos por allí», afirma uno de los chavales que rescataron a la joven barbanzana que supuestamente estuvo cerca de ser secuestrada el día 25.

«Fue cuestión de suerte. Lo que es cierto es que me sorprendió que nadie se diese cuenta, que ningún vecino escuchase los gritos», afirmó el boirense, que desgranó que esa carretera es un vial muy utilizado por los agentes de la Guardia Civil, ya que el cuartel queda a un kilómetro.

«No sé si lo tenía premeditado. El coche sí estaba preparado para salir y en un lugar en el que era complicado que se le viese, pero creo que le hubiese valido cualquiera mujer que pasara por allí», afirmó el joven, que apuntó que la agredida subía la calle chateando por WhatsApp cuando se topó con el individuo.

Las dudas

En un primer momento, confiesa que creyó que el vehículo era un Ford, aunque cuando se marchó, gracias al símbolo de la parte trasera, pudo comprobar que era un Alfa Romeo: «La chica nos gritó para que nos quedásemos con la matrícula, aunque solo pude ver las letras, DYN». Afirma que ella sí pudo recordar los números de la placa.

Sobre cómo ha pasado la semana, el chico reconoce: «El lunes pasé una noche horrible, apenas pude dormir. Al llegar a casa se lo conté llorando a mi madre; seguía en shock. A mi amigo le pasó lo mismo. No es fácil, pasas miedo. El corazón va a 100 por hora. No piensas, la cabeza te dice: se la lleva, se la lleva y tienes que hacer algo».

Caso Diana Quer: La vida furtiva del Chicle, de mecánico de coches a traficante de cocaína

J. ROMERO / A. SEVILLA
«El Chicle», autor del crimen de Diana Quer, un viejo conocido de los agentes José Enrique Abuín Gey estuvo vinculado al marisqueo furtivo en los últimos años

Estuvo en la cárcel condenado por la operación Piñata, en la que en el 2007 se decomisaron 19 kilos de coca

José Enrique Abuín Gey, el Chicle, arrastra desde hace años el cartel de narco de escaso rango en su comarca de origen, Barbanza. Su reputación, en la calle, estuvo siempre marcada por su relación personal y familiar con integrantes del clan de narcotraficantes Os Fanchos, históricamente asentado en A Pobra, el mismo municipio en el que desapareció Diana Quer. El Chicle siempre sacó pecho de sus amistades peligrosas, incluso fue partícipe de al menos una de sus operaciones para lucrarse con el tráfico de cocaína. En el 2007 fue detenido en el marco de la operación Piñata, liderada por el Equipo de Delincuencia Organizada y Antidrogas (EDOA) de A Coruña, que decomisó 19 kilos de cocaína. Parte de la droga la escondía en casa de sus padres, en la parroquia rianxeira de Asados.

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