Está acusado de ocho cargos de agresión, dos de agresión sexual y dos de confinamiento forzoso
03 ene 2018 . Actualizado a las 20:37 h.Joshua Boyle, el ciudadano canadiense que estuvo secuestrado cinco años en Afganistán junto a su esposa, la estadounidense Caitlan Coleman, ha sido imputado por agresión sexual, detención ilegal y amenazas, entre otros delitos. Varios medios de comunicación locales señalaron que los incidentes de los que Boyle es acusado sucedieron entre el 14 de octubre y el 30 de diciembre de 2017 y que fue detenido el 30 de diciembre.
Boyle, de 34 años, está acusado de ocho cargos de agresión, dos de agresión sexual y dos de confinamiento forzoso, así como de mentir a la Policía, proferir una amenaza de muerte y el uso de una sustancia peligrosa.
Según los medios, hay dos supuestas víctimas en estos casos, pero su identidad no se ha divulgado por estar bajo secreto del sumario.
El abogado de Boyle, Eric Granger, ha dicho que su cliente «nunca ha estado antes en problemas» y que «aún no se han presentado pruebas», reconociendo que «es lo normal en una fase tan temprana». «Esperamos recibir las pruebas», ha añadido.
Boyle, Coleman y sus tres hijos fueron liberados en octubre, cinco años después de ser raptados mientras se encontraban de viaje en el país centroasiático. Sus hijos nacieron durante su cautiverio.
Tras su liberación, Boyle afirmó que los talibán que los mantenían retenidos violaron a su mujer y asesinaron a otra de sus hijas, nacida en cautividad. «La estupidez y la maldad de la Red Haqqani por secuestrar a un peregrino y a su esposa embarazada que trabajaban para ayudar a los aldeanos solo puede ser eclipsada por la estupidez y maldad de autorizar el asesinato de mi hija bebé, la mártir Boyle, en represalia por mi repetida negativa a aceptar una oferta que me habían hecho los infieles criminales de la Red Haqqani», dijo.
Los talibán rechazaron las acusaciones de Boyle, asegurando que «desde que la pareja fue detenida y hasta su liberación, marido y mujer no fueron separados porque los muyahidín no querían levantar sospechas». El portavoz de los talibán, Zabihulá Muyahid, indicó que «el asesinato de un niño es una acusación infundada», si bien reconoció que Coleman «sufrió un aborto natural».
«La zona era remota, no había médicos, y debido a la gravedad de su estado, la mujer tuvo un aborto natural. Nadie asesinó intencionalmente al hijo de esta pareja ni nadie les violó o denigró», sostuvo. «Si Dios no lo quisiera, hubiera habido un plan para ello, no habrían vuelto a casa con sus tres hijos. El enemigo no debe presentar a los muyahidín según su propia imagen, ya que la humanidad entera está avergonzada por el barbarismo inhumano de los estadounidenses contra los prisioneros en Bagram y Guantánamo», remachó el portavoz talibán.