¿Es posible desconectar por decisión propia de las redes sociales?

Un 34 % de la gente que utiliza Facebook o Twitter asegura estar triste o deprimido y un 25 % se siente solo

España es el quinto país del mundo con más personas enganchadas al móvil. Es la adicción del siglo XXI. Los españoles pasamos una media de dos horas y once minutos al día mirando la pequeña pantalla de nuestros cacharros inteligentes. Y eso en el mejor de los casos. Porque hay gente que ha desarrollado una dependencia tan grande por sus smartphones que los aparatos han llegado a eclipsar el resto de su vida provocando verdaderos problemas. 

Pero, ¿cuándo se pasa la barrera de un uso normal y se convierte en un problema? Los expertos aseguran que, como regla general, un usuario es adicto al móvil si no es capaz de pasar más de 15 minutos separado de él. Parece poco tiempo. Pero hay gente que es capaz de recurrir a la pantalla de su pequeño ordenador cada cinco minutos (o incluso cada menos). No es el único síntoma. Los verdaderos adictos desarrollan otras manías o comportamientos que son toda una señal de lo que realmente está pasando.

Eres adicto al móvil si no eres capaz de pasar más de 15 minutos separado de él Intentar tener el móvil siempre cerca o en la mano (desarrollando una sensación de pánico en caso contrario), tener que recargarlo más de una vez al día, o sufrir la vibración fantasma (sentir que tu teléfono está vibrando en el bolsillo cuando en realidad no es así) son solo algunas pistas sobre un trastorno nada desdeñable. 

La adicción a los teléfonos ha adquirido tal cota que la comunidad médica ha colocado en la actualidad un término con el que referirse a los nuevos adictos digitales. La nomofobia o miedo incontrolable a salir de casa sin el teléfono afecta cada vez a más ciudadanos siendo los jóvenes -la generación nacida en pleno desarrollo digital- los principales damnificados.

Cada vez hay más personas que sufren lo que muchos ya han bautizado como agotamiento virtual. Gente que cansada del tiempo que invierten en estos programas decide borrar todos sus perfiles y comenzar una vida nueva aprovechando más el tiempo. Un reciente estudio de Happiness Research Institute demuestra que las personas que se divorciaron de Facebook se sienten más felices y menos preocupadas. Y en menos tiempo del que nos imaginamos: los primeros efectos se notan ya en los primeros siete días.

Según la publicación, un 34 % de la gente analizada que seguía utilizando Facebook, Twitter o Instagram se sentía triste y deprimida, y, lo que es más preocupante, un 25 % aseguraba sentirse sola. Y tiene su explicación. Porque los que dejaron atrás la necesidad de consultar cada minuto lo que sucede en estas páginas empezaron a concentrarse mejor en sus actividades cotidianas, desperdiciaron menos tiempo y disfrutaron más de su vida social en la realidad.

Un 39 % de los usuarios es consciente de la pérdida de tiempo que son las redes sociales Algunas encuestas aseguran que el 78 % de los usuarios de las redes sociales se han planteado alguna vez cerrar con candado sus perfiles y el 39 % dice ser consciente de la pérdida de tiempo que les supone cada día este tipo de distracciones. Entonces, si somos conscientes de todo lo que nos están provocando las redes sociales, ¿por qué seguimos metidos de lleno en ellas?

A pesar de que casi 8 de cada 10 usuarios se ha planteado dejar atrás su presencia en Facebook o Instagram, la gran mayoría de ellos (un 62 %) no lo ha hecho por temor a perder el contacto con sus amigos, mientras que el 21 % más que perder una herramienta para hablar con los suyos lo que le da pena es perder todos los recuerdos (principalmente fotos) ahí almacenados. 

Los que deciden dar el paso y borrar toda su huella digital tienen unas características bastante similares. Según una encuesta realizada por la consultora Havas Media la mayor parte de las personas que optan por desconectarse son personas de entre 25 y 49 años, de clase alta y con altas competencias digitales. Pero los adolescentes también tienen algo que decir. Según los expertos hay muchos jóvenes que cree que la nota distintiva y revolucionaria se consigue precisamente al no formar parte de estas redes sociales.

Facebook admite que puede ser perjudicial para nuestra salud mental

María Viñas

La plataforma revisa el uso que, según distintos estudios, hacemos de la red social y publica un artículo entonando el «mea culpa» y sugiriendo de qué manera se pueden revertir sus efectos negativos. ¿Qué hay detrás de acto de contrición?

Por mi culpa, por mi culpa, pero... por tu gran culpa. Eso mismo es lo que Facebook acaba insinuando en un artículo, publicado en su página oficial, en el que tras analizar la conducta de sus usuarios en base a las conclusiones de varios y prestigiosos artículos admite que la plataforma puede llegar a resultar perjudicial para nuestra salud. Reconocen los de la red social más usada del mundo que desplazarnos pasivamente por ella -un «Me Gusta» lánguido aquí, otro allá- nos hace, en general, sentirnos mal. Que los que, adictos al scroll, pasan horas leyendo publicaciones de otros, consumiendo información sin comentar ni participar, acaban sintiéndose peor que quienes suben fotos, comparten experiencias y entran al trapo en cuanta conversación se encuentran en su camino.

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Pero poner coto a este comportamiento obsesivo es posible. Controlar el consumo de internet y de las redes sociales, principales culpables de esta dependencia, es más fácil de lo que muchos creen. La solución se encuentra incluso en el mismo móvil. Al alcance de cualquiera. 

Aplicaciones desarrolladas en estos últimos años y algunas utilidades ya integradas en el smartphone permiten a los consumidores desprenderse de sus cacharros y volver a convertirlos en herramientas más que en un problema. 

En el mercado hay muchas apps con las que poner coto a nuestro consumo diario de redes sociales Y una de las decisiones más sencillas y efectivas pasa por cambiar la paleta de colores de nuestras pantallas. ¿Alguna vez te has planteado por qué Facebook o Instagram pintan sus logos de los colores que lucen? No es una cuestión accidental. La elección del azul o del violeta tiene tras de sí mucha más intencionalidad de la que pensamos. Estos tonos son capaces de estimular el cerebro del usuario, atraer su mirada y conseguir toda la atención. La experta Nellie Bowles recomendaba en The New York Times combatir las triquiñuelas de los de Zuckerberg con la misma moneda. De esta forma, cambiando la pantalla de nuestro smartphone a una escala de grises contribuye a reducir la adicción y a desprenderse con mayor facilidad del cacharro.

Pero también hay mecanismos mucho más sofisticados. En el mercado digital se pueden encontrar un buen puñado de apps que ayudan a ser conscientes de hasta qué punto somos adictos y, lo que es más interesante, poner límites a nuestra desmesurada afición.

Checky es una de ellas. Probablemente sea la más sencilla. Este programa permite saber cuántas veces desbloqueamos el móvil al día. Los números van formando una estadística permitiéndonos saber cuán enganchados estamos e intentar ir bajando poco a poco las cifras. Un paso más allá va Quality Time, que, además de registrar las veces que se desbloquea la pantalla del teléfono, hace un recuento de las aplicaciones que se abren y el tiempo que se pasa en cada una de ellas. Con estos gráficos podemos saber cuánto tiempo utilizamos el móvil a diario y en qué lo usamos exactamente. Esta app también permite programar alarmas para avisarnos si se pasa demasiado tiempo con el smartphoneMoment ofrece las mismas posibilidades que la anterior pero para los móviles de Apple.

FaceUp, de origen español, es otra de las aplicaciones que ayudan a controlar nuestros impulsos tecnológicos. El programa realiza en primer lugar un test que evalúa el nivel de «adicción» para a continuación realizar un seguimiento de todo lo que hacemos con el aparato. A partir de ese momento, FaceUp propone retos en forma de juegos para tratar de mantenernos alejados.

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