Los socialdemócratas acceden por la mínima a negociar con Merkel

Patricia Baelo BERLÍN / CORRESPONSAL

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THILO SCHMUELGEN | Reuters

La decisión de intentar reeditar la gran coalición estuvo precedida de un intenso debate

21 ene 2018 . Actualizado a las 23:24 h.

Por la mínima. Así puede resumirse el congreso de los socialdemócratas alemanes que tuvo lugar este domingo en Bonn y en el que, tras cinco horas de intenso debate, 362 de los 642 delegados del partido votaron a favor de pasar a la fase de negociaciones formales con la bancada conservadora de Angela Merkel para reeditar la gran coalición de Gobierno.

Con ello, el SPD no solo allana el camino para poner fin a la incertidumbre que reina en el país cuatro meses después de las elecciones del 24 de septiembre, sino que evita el fin de la carrera de su líder, Martin Schulz, además de apostar por el eje franco-alemán. Sin embargo, la ajustada mayoría del 56,4 % y los 279 votos en contra más una abstención reflejan la crisis de identidad que se ha reabierto en las filas socialdemócratas a raíz de una tercera alianza con Merkel.

«Llegó la hora de la verdad», afirmaba Schulz, instando a sus correligionarios a que dieran el visto bueno al preacuerdo que selló el 12 de enero con la CDU y su formación hermana, la CSU bávara, «por el bien de Alemania y de Europa». Sería «imprudente no aprovechar esta oportunidad» para frenar «la ola derechista» en el continente, advirtió el líder socialdemócrata, que hace justo un año dejaba la presidencia de la Eurocámara para asumir las riendas de un desgastado SPD, al que prometió resucitar con un viraje a la izquierda. Un viraje que fue moderando a lo largo del 2017, con cada derrota recibida en unos comicios regionales, y al que ha terminado por renunciar con tal de ver aprobadas las reformas de la UE por las que apuesta el mandatario francés, Emmanuel Macron.

«Nosotros somos los que decidimos qué camino tomarán Alemania y Europa», sostuvo.

El jefe del SPD recibía un fuerte espaldarazo de parte de Merkel y Macron, que este domingo publicaron un vídeo en el que confirmaban su intención de firmar un nuevo Tratado del Elíseo en el 55.º aniversario del acuerdo de amistad entre los dos países, con el objetivo de dar «un nuevo impulso» a Europa.

El proceso de renovación pasa por la integración económica, con un presupuesto comunitario que levantaba ampollas entre los conservadores alemanes y que gracias a la presión socialdemócrata figura en el preacuerdo. A cambio, Schulz tuvo que ceder a exigencias de la CDU/CSU, tales como un tope máximo anual de refugiados, que le han granjeado las críticas del ala izquierdista del partido. 

Discurso realista

«Tras ocho años de gran coalición, en doce años [de Ejecutivo] de Merkel se han agotado los puntos en común esenciales», contraatacaba Kevin Kühnert, líder de las Juventudes Socialdemócratas. «Da igual lo que pase hoy aquí: esto no es el fin de la historia ni el del SPD», aseguró el dirigente de 28 años, que cosechó una gran ovación, a diferencia de Schulz, cuyo mensaje no caló entre los que reivindican mejoras sociales. Intentó paliar estas carencias su jefa del grupo parlamentario, y exministra de Trabajo, Andrea Nahles, con un discurso en el que pidió realismo a los detractores. «No puede ser que el SPD solo quiera gobernar con una mayoría absoluta o en una ilusoria alianza de izquierda. ¡Es una estupidez!», insistió Nahles.

Toda la cúpula directiva del partido era consciente de que, tras el inesperado fracaso de las negociaciones para un tripartito entre conservadores, liberales y ecologistas en noviembre, la gran coalición era la forma de evitar un Ejecutivo en minoría, al que Merkel se niega por la inestabilidad que conlleva, y nuevos comicios que fortalecerían aún más a la ultraderecha y debilitarían a las dos grandes formaciones. Los últimos sondeos conceden al SPD entre el 18 y el 20 % de los votos, cinco décimas menos que su mínimo histórico logrado en septiembre. Semejante debacle hubiera precipitado la renuncia de Schulz y probablemente la de Merkel, que ha exprimido al máximo sus dotes negociadoras.

Las bases socialistas deberán dar luz verde al acuerdo final

La canciller, fiel a su línea, mostró una satisfacción moderada tras conocer el resultado del congreso extraordinario del SPD. «El camino para las negociaciones está allanado», afirmó Angela Merkel, aliviada con la decisión de los socialdemócratas, pero a sabiendas de que la siguiente ronda del diálogo se prevé igual o más complicada que esta. Sobre todo porque, para tender la mano a los más escépticos, la jefatura socialista se comprometió ayer a exigir a los conservadores «mejoras» en tres puntos del documento de 28 páginas consensuado hace diez días: la reagrupación familiar de los refugiados, la abolición de los contratos temporales sin motivo y un sistema de salud unificado que acabe con las diferencias entre el seguro público y el privado. Pero todas las instancias de la CDU/CSU han descartado ya realizar modificaciones sustanciales. 

«Vamos a negociar duro»

«Deberán prepararse porque vamos a negociar igual de duro que en las consultas», anticipó Schulz, que reiteró su propuesta de evaluar lo alcanzado a media legislatura, si finalmente sale adelante la gran coalición. Pero es algo que no estará claro hasta mediados de febrero, cuando concluya la fase negociadora, que debería arrancar esta semana después de que hoy mismo ambas formaciones se reúnan para establecer la hoja de ruta.

Una vez que haya sobre la mesa un acuerdo final, la última palabra la tendrán los casi 450.000 afiliados del SPD, que tendrán que aprobarlo, como ocurrió en el año 2013. Solo después de superar este segundo escollo, que podría hacerse esperar varias semanas, a finales de marzo Merkel sería elegida canciller para poner fin al período más largo sin Gobierno desde 1949.

Sin duda, su cuarto mandato consecutivo se perfila como el más difícil de todos, con el ultraderechista AfD como principal partido en la oposición. Jörg Meuthem, jefe de esa formación, aseguraba ayer que el SPD ha optado por seguir con su «avance a ciegas» hacia la insignificancia.

Por su parte, desde la Izquierda calificaban la decisión de reeditar la gran coalición de Gobierno como un «error histórico que amenaza con consumar la atomización permanente de la socialdemocracia alemana».