El naufragio mete en la campaña electoral italiana el debate sobre el control de los flujos migratorios
03 feb 2018 . Actualizado a las 09:37 h.Ni el mal tiempo del invierno ni el acuerdo alcanzado por Italia con las milicias armadas libias para poner fin al flujo migratorio impiden que sigan partiendo barcazas llenas de desesperados. Una de ellas, con una sobrecarga de unas 90 personas en su mayoría de origen pakistaní, naufragó ayer cerca de las costas de Libia cuando se dirigía a Italia. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), se teme que la mayoría de quienes iban a bordo hayan muerto lo que sumaría sus vidas a las 246 que se perdieron desde que empezó este año.
La portavoz de la OIM, Olivia Headon, explicó que la tragedia se produjo frente a las costas de Zuara a primera hora de ayer aunque no pudo explicar las causas. Según reveló, diez cuerpos llegaron sin vida a las costas libias, ocho de los cuales eran pakistaníes y dos libios. También hay tres supervivientes, dos de los cuales nadaron hasta la orilla y el tercero fue rescatado por un pesquero. Explicaron que la mayoría de las víctimas procedían de Pakistán, país que aporta un porcentaje cada vez mayor de personas que intentan atravesar desde Libia con destino a Europa. La OIM cree que los náufragos de origen libio pueden ser, en realidad, traficantes.
El naufragio confirma que la ruta del Mediterráneo está lejos de haber sido drenada y que mantiene su peligrosidad pese a los tratos del Gobierno con las facciones libias. En los últimos cinco años han dejado allí vida más de 16.000 personas. Solo en 2017 la cifra de víctimas ascendió 3.100. Más 2.800 murieron precisamente frente a las costas de Libia.
Baza xenófoba
Como es obvio, el naufragio sacudió la campaña electoral en la que se encuentra inmerso el país y que tiene en la inmigración uno de los puntos calientes. Según Colpisa, muchos ciudadanos ven con preocupación la incapacidad de las autoridades nacionales para acabar con estos flujos mientras Europa mira hacia otro lado. Un partido con un discurso tan xenófobo como la Liga no ha tardado en sacar provecho de este sentimiento para aumentar su respaldo electoral. Con su promesa de cerrar la frontera sur y expulsar a todos los simpapeles, la formación liderada por Matteo Salvini se sitúa en un 14% de los votos, según las encuestas, entre uno y dos puntos por debajo de Forza Italia, su socio en la coalición de centro derecha.
El partido de Berlusconi también propone mano dura con la inmigración. «Si le dices a una parte del electorado que vas a parar la llegada de desplazados, eso te da votos, pues respondes a sus exigencias», dice el politólogo Giovanni Orsina. «Entre una parte de los italianos existe una gran preocupación por este tema, no tanto por el número de personas que llegan, sino por la sensación de que es un fenómeno totalmente ingobernable. Es como un terremoto. Nos toca acoger a todos los que vengan». Berlusconi, que lo sabe, no ha dudado en relacionar inmigración y criminalidad para atizar el voto del miedo en su favor. En una entrevista acaba de decir que «en Italia hay 476.000 inmigrantes africanos que son pobres y por esto tienen que delinquir».