«¿Es mi colegio el siguiente, mami?»

Adriana Rey NUEVA YORK / CORRESPONSAL

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MARK WILSON

El pesimismo se apodera de Estados Unidos, donde nadie se siente seguro, ante la negativa a controlar las armas pese a los muertos que se acumulan en las escuelas

17 feb 2018 . Actualizado a las 08:20 h.

A unos 70 kilómetros de la mansión de Donald Trump en Mar-a-Lago, en Florida, se encuentra Parkland. Hasta el miércoles ocupaba el puesto número quince de las ciudades más seguras de Estados Unidos. Su orgullo ha mutado en un profundo dolor tras pasar a engrosar la lista de localidades golpeadas por la violencia armada. El pesimismo y la resignación se han apoderado de gran parte de la prensa y la sociedad. Tiran la toalla ante un debate vacío que dan por hecho que no provocará ningún movimiento político frente al control de armas, pese a que son más los muertos en tiroteos en escuelas que en atentados terroristas. Se resignan a preguntarse dónde será la próxima masacre.

«¡No más armas!», «Ya basta» o «NRA deja de matar a nuestros hijos», pidieron los miles de personas que asistieron la noche del jueves a la vigilia en el instituto de secundaria Marjory Stoneman Douglas, en recuerdo de sus 17 muertos. Alyssa Alhadeff fue una de las jóvenes que se cruzó en el camino de Nikolas Cruz y su fusil semiautomático AR-15. «Presidente Trump por favor, haga algo. Acción. La necesitamos ya. Estos niños necesitan seguridad ahora», imploró Lori tras velar el cuerpo de su hija de 14 años. Pero todos saben que la inacción de los políticos será la respuesta a sus peticiones. Parkland, Las Vegas, Sutherland Springs, Sandy Hook..., las masacres volverán a repetirse y el guion será el mismo. La resignación quedaba reflejada en el diario The Daily News: «¿Es mi colegio el siguiente, mami?», titulaba en portada con la impactante fotografía de una escolar de tres años con chaleco antibalas.

Ya van 1.800 muertos

A pesar de que ya son 1.826 las personas que han perdido la vida por heridas de bala en lo que va de año, ni el presidente ni el Congreso parecen estar dispuestos a cambiar la legislación sobre las armas. En los últimos años los esfuerzos para reformar las leyes han progresado en varios estados del país, pero cualquier intento de una ley nacional sobre el control de armas se topa con el no del Capitolio. Los republicanos son quienes tradicionalmente se oponen a toda regulación y quienes se benefician de los millones de dólares donados por la poderosa Asociación Nacional del Rifle en período electoral.

Poco importa que las armas de fuego hayan provocado cientos de miles de muertes, superando las provocadas por las guerras.

Según datos de PoliFact, el número de fallecidos por herida de bala (incluidos suicidios y muertes accidentales) supera el millón y medio de personas entre 1968 y el 2015. En sus más de 200 años de historia, las bajas estadounidenses registradas en las guerras, desde Vietnam hasta Afganistán, no llegan a 1.400.000 personas. Pese a que representan menos del 5 % de la población mundial, los estadounidenses poseen casi la mitad de las armas de propiedad civil del mundo y la tasa de homicidios por disparos es 25 veces mayor que en el resto de países desarrollados.

El hartazgo generalizado quedó reflejado en algunas cabeceras de prensa conocidas por su afinidad con el Partido Republicano, y concretamente con el magnate. «Presidente, por favor, muévase», espetó en su portada The New York Post, cuyo jefe, Rupert Murdoch, es íntimo amigo de Trump. De hecho, el presidente habla con Murdoch al menos una vez a la semana.