Temer entrega al ejército el control de la seguridad en Río de Janeiro

Medida inédita en la historia moderna de Brasil: el ejército toma el control de la seguridad ante la escalada de violencia


brasilia / corresponsal

El general al mando del comando militar del oeste del ejército brasileño, Walter Souza Braga Netto, fue llamado de urgencia al Palácio do Planalto, la sede del Gobierno, en Brasilia, para asistir a la firma urgente de una orden que entrega a los militares el control de la seguridad del estado de Río de Janeiro para intentar controlar la violencia. La medida impulsada por el presidente Temer convierte a Braga Netto en el responsable de frenar lo que el mandatario considera «metástasis de la violencia» que amenaza «esparcirse por el país y acabar con nuestra tranquilidad». Cuando dejaba la sede gubernamental, el militar quitó importancia a la situación de Río y se limitó a decir: «Demasiada prensa».

Pareciese como si Braga Netto fuera el menos entusiasta con la medida extrema que el Gobierno federal adopta ante la percepción de que el estado de Río no tiene medios para contener la violencia relacionada con el tráfico de drogas y que ha provocado 6.731 muertes el año pasado, con tendencia a crecer en este 2018. El propio militar que comandará la acción extraordinaria del ejército, prevista hasta el 31 de diciembre, es escéptico con este tipo de medidas. En agosto, en una conferencia para analizar otras intervenciones en la propia Río y en Belo Horizonte, Braga Netto expresó sus «reservas» por el coste económico, social de imagen y hasta psicológico que tienen. Y espetó: «El uso de las fuerzas armadas no sería necesario si los estados tuviesen políticas de seguridad pública y social más eficientes».

El estado de Río de Janeiro, con tres de sus últimos gobernadores en la cárcel por corrupción y que ha atravesado serios problemas económicos para pagar a sus funcionarios, lo tiene claro. «Solo con la policía militar y la civil, no estamos pudiendo contener la guerra entre facciones. Río necesita la intervención, con urgencia», afirmó el gobernador Luiz Fernando Pezão. El tipo de decreto que otorga al ejército el control de la seguridad pública, además del control de las cárceles e intervenciones en el tráfico, es inédito en la historia del Brasil moderno y se reserva para situaciones límite como la de un estado queriendo romper la unidad nacional.

«No podemos seguir aceptando pasivamente la muerte de inocentes, y que veamos barrios enteros sitiados, con sus escuelas bajo la mira de fusiles», declaró Temer tras firmar la medida, que llega además después de varias muertes por un temporal que siguió al multitudinario carnaval carioca. La capital homónima de Río de Janeiro ya estuvo intervenida por el ejército en agosto del año pasado, en actuaciones puntuales contra bandas de las favelas.

La población fluminense no es ajena a este tipo de despliegues, que se vienen haciendo habituales, al mismo tiempo que los nostálgicos de la dictadura militar pierden el miedo de manifestarse en las calles y suben en las encuestas.

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