La ultraderecha mide sus fuerzas en Italia

A una semana de unas elecciones inciertas, antifascistas y xenófobos toman las calles


Roma / Corresponsal

Sábado de tensión y de enfrentamientos en las calles a tan solo una semana de las elecciones en Italia. La ultraderecha liderada por Matteo Salvini medía este sábado sus fuerzas entre marchas y concentraciones antifascistas en distintas ciudades, entre ellas Roma, Milán y Palermo, en el último fin de semana de una campaña electoral enturbiada por ataques racistas, como el tiroteo de un neofascista a un grupo de africanos en Macerata, y agresiones recíprocas entre ideologías extremas.

Los incidentes se concentraron en Milán. La Policía cargó contra manifestantes de izquierda que intentaron forzar el cordón impuesto a una concentración del neofascista CasaPound. Ya a primera hora habían tenido lugar algunos incidentes cuando un grupo de estudiantes se encaramó a la estatua de Garibaldi, líder de la unificación italiana, extendiendo una pancarta en la que se leía: «Ayer partisanos, hoy antifascistas».

Los ánimos estaban muy caldeados dada la proximidad de los mítines de Matteo Salvini, líder de la xenófoba Liga Norte; de Giorgia Meloni, del ultraderechista Fratelli d'Italia, y de Simone di Stefano, del grupo fascista CasaPound que busca alcanzar el 3 % de votos que le permita entrar en Parlamento.

En Roma, más de 3.000 policías intentaron mantener la seguridad ante la coincidencia de dos manifestaciones antifascistas y tres mítines de extrema derecha. Las fuerzas del orden blindaron el recorrido de la principal marcha organizada con el lema «Nunca más fascismos, nunca más racismos», a la que acudieron el presidente del Gobierno, Paolo Gentiloni, que abrazó calurosamente a su correligionario Matteo Renzi, candidato del centro izquierdista PD. 

El aria y la Duomo

En su demostración de fuerza, la Liga cuidó al máximo la escenografía en la icónica plaza de la Duomo. Salvani llegó mientras sonaba el aria Nessun dorma (Que nadie duerma) y su épico «vincerò» (ganaré) final, con su hija de 5 años en brazos, para luego subir al podio y arengar a los miles de sus seguidores. Bajo su lema «Los italianos primero», a semejanza del American First de Trump, atacó primero a la inmigración y luego a Renzi. Salvini se mostró seguro de que la Liga será el partido más votado el 4 de marzo. «Me comprometo y juro ser fiel a mi pueblo, a 60 millones de italianos, de servirles con honestidad y coraje. Juro aplicar de verdad la Constitución, por muchos ignorada, y de hacerlo respetando las enseñanzas contenidas en este sagrado evangelio», proclamó en una escenificación del juramento que hará si es nombrado primer ministro. Se presenta en coalición con Forza Italia de Silvio Berlusconi y Fratelli d’Italia acordando que será jefe de Gobierno el que obtenga más votos. Berlusconi, inhabilitado políticamente, aún no ha desvelado su candidato. Los sondeos dan por ganadora a la coalición de derecha, pero sin mayoría.

El ensordecedor silencio de la mafia

¿Dónde está la mafia durante la campaña electoral? Silenciosa y sin llamar la atención, nadie habla de ella, nadie la nombra ni en los mítines ni en los programas electorales pero todos saben que está ahí, esperando a ejercer su influencia en las instituciones y en la política como llevan haciendo desde siempre.

El ministro del Interior, Marco Minniti, lanzaba hace unos días la alarma. «Hay demasiado silencio», dijo ante la comisión parlamentaria antimafia, mientras insistía en que la mafia «es una amenaza a lo más importante en una democracia: la libertad de voto». «En campaña electoral no se puede guardar silencio», añadió. Una opinión compartida por la presidenta de la comisión, la diputada del PD Rosy Bindi. «Me viene la duda de que algunos piensan que disgustar a la mafia durante la campaña electoral puede tener consecuencias electorales», dijo. Quizás, porque «los votos de Cosa Nostra, Ndrangheta y Camorra vienen bien a todos los partidos».

El crimen organizado mueve una economía que supone el 12,6% del PIB italiano La ausencia en casi todos los programas electorales de propuestas para luchar contra la mafia levanta sospechas. La palabra mafia no aparece ni en el programa de Forza Italia ni en el de la Liga Norte. Desde siempre Silvio Berlusconi ha estado acusado de apoyar a la mafia siciliana. La protección a su exasesor Marcello Dell’Utri, encarcelado en el 2014 por asociación mafiosa, fue recordado hace unos días por el exdiputado del Movimiento 5 Estrellas Alessandro di Battista, quien además acusó al exCavaliere de haber «fortalecido la mafia» durante los años 90.

Tampoco el centro izquierda se ocupa del tema. En los cien puntos del programa del PD, solo aparece la palabra mafia una vez en referencia a los bienes confiscados a estas organizaciones criminales, mientras en Libre e Iguales, formación de izquierda que lidera un exjuez antimafia Pietro Grasso, habla de ella solo para pedir mayor protección a los arrepentidos. Solo el M5E se ocupa del tema aunque sin una estrategia sobre como combatirla.

La economía paralela de la Cosa Nostra (Sicilia), la ‘Ndrangheta (Calabria) y la Camorra (Campania) supone el 12,6 % del PIB italiano. En la tercera economía de la Unión Europea, la mafia es la mayor industria gracias a negocios que van desde el narcotráfico, la prostitución, la falsificación de productos a la usura y la extorsión. Según el Instituto de Estadística italiano, en el 2017 la economía sumergida de la mafia movió 208.00 millones de euros. Sus tentáculos, sobre todo los de la ‘Ndrangheta, llegan hasta las zonas más desarrolladas del país como Lombardía, donde su presencia en numerosas empresas es cada vez mayor. Su infiltración en las instituciones son una realidad. Desde 1991 hasta hoy, 224 ayuntamientos han estado suspendidos por ese motivo.

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