El rompecabezas de las pistas del caso de Sonia Iglesias

Entre el archivo de la causa del 2015 y la reapertura judicial del 2017 con una serie de diligencias secretas, hay nuevos informes que han derivado en los registros de esta semana


pontevedra / la voz

En el 2015 se llegó a un callejón judicial sin salida en el caso Sonia Iglesias, la pontevedresa que desapareció sin dejar rastro en la mañana del 18 de agosto del 2010. El 21 de abril del año 2015 se decretó el cierre judicial del caso. Pero la labor policial permitió que en el 2017 se reabriese la causa bajo unas diligencias judiciales secretas que han derivado en los registros e interrogatorios de esta semana, con Julio Araújo, la expareja de Sonia, como principal sospechoso. Para la policía, de homicidio. Esto es lo que se sabe hasta el momento.

La relación de pareja

En trámites de separación. Sonia Iglesias mantenía una relación sentimental con otra persona cuando desapareció. Tenía la intención de separarse de Julio Araújo. Como consecuencia, él tendría que abandonar el domicilio familiar, en el que convivía con Sonia y el hijo de ambos. Así se lo había comunicado Sonia Iglesias a familia y amigos. El plazo, un mes. Julio lo niega durante la investigación y aporta como prueba un preservativo de una relación sexual que habría mantenido inmediatamente antes de la desaparición. Las pesquisas revelan que solo contiene el perfil genético de él, pero no del de Sonia.

El día de la desaparición

La incógnita de una hora y media. Sonia acude al zapatero a dejar unos zapatos. Son sobre las diez de la mañana. A las once menos veinte, según Julio Araújo, Sonia se baja de su coche y se va andando. A las once y cuarenta aparece la cartera de Sonia Iglesias en las inmediaciones del poblado marginal de O Vao. La investigación deduce que la cartera fue abandonada allí sobre las 10.35 por una persona distinta al ciudadano que la encontró sobre las 11.40. A esa hora, Julio Araújo, según testigos, estaba en un bar. Una coartada plena para esa hora y media entre la que Sonia deja los zapatos y la presencia de Araújo en el bar habría excluido su participación en la desaparición. Pero la ausencia de esta no implica su participación. Es uno de los argumentos cuando se archiva el caso.

La actitud

Nervios primero, relajación después. En la investigación se llama la atención acerca de lo extremadamente nervioso que se mostró Julio Araújo en los momentos inmediatamente posteriores a que se diese por desaparecida a Sonia Iglesias, sobre la una y media de la tarde, cuando no acude a su trabajo en una tienda de moda. Algo que contrasta con su tranquilidad en las siguientes horas. No se considera relevante judicialmente. Como tampoco los contactos con el mundo de la prostitución que habría tenido en los días posteriores a la desaparición de Sonia Iglesias.

La frase

«Esa mujer murió, gilipollas». Pronunciada telefónicamente por Julio Araújo sobre Sonia, la frase, judicialmente, en conjunto con todas las otras piezas del caso, no significan más que sospechas. No se tienen en cuenta. La falta del cuerpo de Sonia lastra completamente cualquier avance.

La pistola

Una ME Browning. La pistola se encuentra en un primer registro en la casa familiar de los Araújo en San Mauro, que ha sido objeto esta semana de unas pesquisas más exhaustivas. Sin embargo, el informe sobre la misma no reveló material probatorio relacionado con la investigación sobre la desaparición de Sonia Iglesias.

la prueba rechazada

El test de la verdad. Antes del primer archivo del caso se llegó a pedir el test conocido como la prueba de la verdad, en el que se somete a un sospechoso a una serie de estímulos para decretar si reconoce lugares que puedan llevar a pistas para la búsqueda de Sonia Iglesias. Se rechazó.

El policía incansable

Seguir la pista tras el archivo. Pese al archivo del caso, la labor policial nunca ha cesado. Un agente ha estado permanentemente repasando todas las pruebas, buscando cabos sueltos, revisando testimonios y recabando nuevos. Entre el archivo del 2015 y la reapertura del caso en el 2017 ha elaborado informes que han conducido a que el asunto vuelva a la mesa de un juez.

La vivienda de san mauro

Catas, búsqueda en pozos y registro de la casa. La reapertura del caso bajo unas diligencias secretas desembocó esta semana en un registro exhaustivo de la finca y la casa familiar de Araújo en San Mauro, en Pontevedra, donde ya se había localizado la pistola. Ahora se han hecho catas en el jardín, se ha repasado toda la extensión con un georradar, se han vaciado pozos y se ha revisado la vivienda. Todo el material, incluidos restos orgánicos, se analiza en estos momentos. No se tendrán resultados hasta dentro de varios días.

el interrogatorio

A Julio Araújo y a su hermano. El principal sospechoso, Julio Araújo, y su hermano fueron llamados a declarar a comisaría esta semana tras los registros de la finca y la casa de San Mauro. Ambos se negaron a declarar aconsejados por sus abogados, ya que las diligencias que han conducido al interrogatorio son secretas. Pero hay un salto cualitativo. La policía lo investiga ahora por homicidio. Nunca antes había tenido esta consideración formal.

el panteón

En el ojo de la policía. De los interrogatorios de la policía se desprende que la investigación tiene también puesto ahora su interés en el panteón familiar de los Araújo en el cementerio de San Mauro. Sin embargo, el elevado número de familiares que allí reposan hace muy difícil que un juzgado autorice actuaciones allí a no ser que la policía tenga indicios muy claros de pruebas relevantes.

La salud de araújo

Ingresado en Santiago. Una circunstancia contribuye a enredar aún más el caso: la salud del sospechoso. Tras declarar, Araújo ingresó en Pontevedra por un problema respiratorio grave. Ha empeorado este fin de semana y ha sido trasladado a Santiago.

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