Por fin superé mi fobia

Yolanda García, Mónica P. Vilar, Lucía Vidal

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XAIME RAMALLAL

COMO JUAN, AHORA SIN MIEDO. No te permite hacer una vida normal. Cada uno de nosotros podemos tener una en nuestro currículo vital, más o menos grande, pero llegará el día en que, como ellos, habrás dicho ?adiós, fobia, adiós?

05 mar 2018 . Actualizado a las 07:19 h.

Este chico tenía pánico a hacer cualquier cosa en público y eso que se apellida Voces. Para el vigués Emi Voces de Onaindi González, aunque nacido en Santiago en 1979, el teatro ha sido la luz al final del túnel que suponía enfrentarse a la gente y que le plantaba un muro ante sus oposiciones a registrador de la propiedad. Se hace un largo largo silencio cuando le pregunto si son muy difíciles. El número 410, que le tocó por sorteo, responde rotundo: «Es la más difícil del Estado». Su talón de Aquiles era el examen oral, que podría tocar en mayo. ¡Suerte, Emi!

TABLAS... DE SALVACIÓN

La vida de este joven que hace trece años se vino a Viveiro para poder estudiar más tranquilo está marcada por episodios como entrar en modo pánico total por tener que hacer algo en público. El típico tópico, cuando escuchas del profesor el temido ‘sal a la pizarra’. «Horroroso de toda la vida, pero por suerte, por mi apellido, Voces, por la uve, siempre estaba en la esquina y más o menos me libraba», rememora. Una vez, cuando debido a un trabajo mal hecho recibió una bronca del maestro ante toda la clase. Otra, una fiesta de disfraces en la que su madre lo vistió de troglodita.

«Sentí el ridículo más absoluto y me puse a llorar, fue también insuperable», recuerda. A Emi tampoco se le borró de la memoria una sesión pública de kárate en un pabellón: «En el momento en que salí y vi todo aquel gentío, me empecé a sugestionar». Mareos y náuseas, dolor de barriga, un sudor frío, vista nublada, pesadez en la cabeza, incluso incontinencia... Eran síntomas que le hacían la vida imposible. Hablar en público siempre fue para él un reto como lo sería para cualquiera de nosotros, menos para Chus Lago, escalar de repente el Everest. Salvo que llegue el momento en el que no te quede otra que escalar. Con sherpa o sin sherpa. «En las oposiciones, con el examen oral no me queda otra, entonces decidí meterme en teatro (...) Estás allí, con los demás y empiezas a darte cuenta de que es absurdo y tienes que afrontarlo. Al fin de cuentas, no es más que ser libre». «Sí, el teatro fue un salvavidas», dice, con ayuda de Lara, la profesora. «Aún me cuesta pero sí se puede decir que lo he superado. Un examen oral no deja de ser una representación teatral, tienes un guion, un público y no solo tienes que dar contenido sino también continente». La primera obra, que además fue callejera, fue El retablo de las maravillas.