«Brexit», un baño de realidad

La UE y Reino Unido sacan las calculadoras para encarar unas negociaciones comerciales que, todo apunta, deberían culminar en una entente cordial dados los intereses de ambas partes


Bruselas / La Voz

Ha pasado casi un año desde que el Reino Unido activó la palanca de salida de la UE. Han sido 365 días de regateos, falsos compromisos, traiciones políticas, estrategias desbaratadas y baños de realidad que han acabado con el Gobierno de Theresa May reconociendo que el daño para el país será mayor del previsto y asumiendo la mayor parte de las demandas europeas. El sacrificio le ha permitido encarrilar el acuerdo de salida y encarar por fin las negociaciones sobre la relación futura con la UE. La premier ha pasado de abrazar la salida abrupta a hincar la rodilla aceptando derechos para todos los ciudadanos europeos que lleguen antes del brexit (29 de marzo del 2019) y durante la fase de transición (hasta el 31 de diciembre del 2020). Tendrá que digerir el pago de una factura que podría alcanzar los 45.000 millones de euros en concepto de compromisos adquiridos. «Es un paso decisivo», admitió el negociador europeo, Michel Barnier, esta misma semana. Pero el francés advierte: «No debemos subestimar su impacto». El brexit avanza, pero la incertidumbre permanece y nadie duda de que «todos saldremos perdiendo».

¿Qué países sufrirán más?

Los expertos tienen claro que serán los más pequeños con alta dependencia comercial del Reino Unido debido a los lazos geográficos o históricos que los unen. La Eurocámara les pone nombre en uno de sus informes de impacto: Irlanda, Chipre, Malta, Bélgica y Holanda. Las exportaciones irlandesas (14.000 millones de euros) hacia sus vecinos insulares suponen el 6,9 % del PIB del país. Para los belgas (23.000 millones), es el 6,8% del PIB y un 6,3% para los holandeses (34.000 millones). Aunque Alemania es el país que más exporta al Reino Unido (68.000 millones de euros), su peso en el PIB solo alcanza el 2,8 %. Es precisamente el Gobierno holandés de Mark Rutte el que capitanea al grupo de cancillerías europeas que abogan por suavizar las negociaciones con Londres. Esta enorme dependencia de los países del Benelux, sin embargo, debería matizarse. Y es que por sus puertos transitan la mayor parte de las mercancías que tienen como destino otros países de la UE. La economías más potentes como Alemania, volcadas en el comercio internacional, tendrán más oportunidades de redirigir sus exportaciones hacia otros mercados. Aun así, es poco probable que Berlín renuncie a ser, como hasta ahora, el socio de preferencia del Reino Unido en el Viejo Continente.

¿Qué sectores están en la cuerda floja?

El de la maquinaria y equipamiento de transporte es el que más tiene que perder si el brexit termina con controles, nuevas normas y aranceles en las fronteras. Supone la friolera del 41 % del total de las exportaciones (126.700 millones de euros). La industria del automóvil germana, y la de componentes de Holanda, sí tendrían razones para inquietarse. Igual que el sector químico (17 %) y el manufacturero de la UE, que envía el 11 % de sus exportaciones al Reino Unido. Solo un acuerdo de libre comercio lo suficientemente ambicioso podría evitar que se encareciese la circulación de mercancías en las fronteras comunitarias. O que Londres aceptase una solución a la noruega: participar en el mercado único de la UE a cambio de contribuir a los presupuestos y acatar la legislación. Una solución que dejaría en evidencia la pérdida de influencia y poder del país, desprovisto a partir del 29 de marzo del 2019 del derecho a votar en la mesa del Consejo Europeo. La primera ministra británica, Theresa May, no lo acepta.

También las exportaciones europeas de servicios (94.000 millones de euros) están en riesgo. Con Francia (18.000 millones de euros), España (15.000) y Alemania (12.000) a la cabeza. A pesar de las cifras, son los británicos los que ven con mayor temor las barreras invisibles que levantará el divorcio. Por ahora, el pulso de la City les permite exportar a la UE servicios, eminentemente financieros y de seguros, por un valor de 122.000 millones de euros (8,4 % de su PIB). Eso será historia si Londres no encuentra una fórmula para conseguir un «pasaporte financiero» que por ahora el negociador europeo, Michel Barnier, rechaza de plano con la ya tradicional advertencia: «No habrá picoteos dentro del mercado interior de la UE».

¿Teme España el divorcio?

Las exportaciones al Reino Unido alcanzan los 16.000 millones de euros. El mercado británico tiene un «importante peso» en la economía española, según reconoce un informe reciente del Gobierno. Pero lo cierto es que somos el 16º socio comercial de los británicos, con una balanza favorable para España, donde el turismo sigue siendo una fuente esencial de ingresos. Cualquier restricción a la libertad de movimientos puede suponer pérdidas. Hay ciertas regiones y sectores que se las verán y se las desearán para amortiguar el impacto que podría tener el brexit duro o la incertidumbre sobre la relación futura en el aplazamiento o congelación de inversiones en zonas como Madrid, donde los británicos copan el terreno. No parece ser el caso. May parece resignada a conducir el país hacia un brexit blando que abre la puerta a un acuerdo de bandera blanca. Ni competencia fiscal desleal a la UE ni obstáculos a las inversiones. La UE estaría dispuesta a firmar «acuerdos de equivalencia» para permitir el acceso «apropiado» a ciertos servicios del mercado financiero de la Unión. Si ese escenario queda limitado, España podría intentar atraer a las empresas británicas que buscan un mejor acceso al mercado de la UE.

¿Cómo afectará a los presupuestos europeos?

El agujero fiscal que dejarán los británicos cuando abandonen la UE será de 10.000 millones de euros anuales, aunque el comisario europeo Günther Oettinger llegó a evocar los 15.000 millones. Eso pasará a partir del 2021 porque hasta entonces, el Reino Unido deberá seguir pagando de forma religiosa por todos los compromisos que adquirió en las negociaciones presupuestarias del 2014. «Lo que se acordó a 28 no puede ser saldado a 27» , insiste Bruselas. Y Londres ya se ha rendido. Cuando falte dinero en la hucha, tocará reducir gastos y eso es lo que quiere hacer el alemán, quien ya afila la tijera para podar las partidas de agricultura y cohesión en la UE. Si Reino Unido entra por el aro y firma un acuerdo comercial como el de Noruega o Suiza, solo tendría que abonar unos 3.500 millones a las arcas comunitarias, 1.000 menos que si May insiste en un acuerdo sobre las simples bases de la Organización Mundial del Comercio, según cálculos del Comité de Mercado Interno.

El cuarto mejor cliente gallego da señales de alerta

M. Sío Dopeso

La balanza comercial de Galicia con Reino Unido sufre ya los primeros efectos del «brexit». Lo confirma la caída de las exportaciones al cierre del 2017, el primer año en el que desciende el número de empresas que venden a las islas

Galicia crecerá este año un 2,6 % gracias al tirón de las exportaciones. El mercado exterior es la gran baza económica de la industria y las manufacturas gallegas. Por eso, y aunque parezca pronto, el escenario incierto que se abre ante la salida efectiva de Reino Unido del marco económico de la UE en apenas un año ya empieza a tener impacto en la comunidad.

Reino Unido es el cuarto cliente de Galicia, por detrás de Francia, Portugal e Italia. El textil, la automoción o el metal están en el punto de mira, aunque hay otros intereses que no afloran y son también importantes. Es el caso de varios cientos de armadores y marineros que están pendientes de la articulación de un proceso en el que no se juegan solo aranceles o el acceso a las aguas, sino también el equilibrio alcanzado en el reparto de las cuotas de pesca.

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