Lula sabrá en 48 horas si va a la cárcel

El expresidente se juega su futuro el miércoles en el Supremo mientras dos íntimos colaboradores y un exministro de Temer están bajo sospecha por aceptar sobornos


BRASILIA / CORRESPONSAL

La carrera por la presidencia de Brasil, con la meta en las elecciones de octubre, empieza a ser una prueba de supervivencia. El miércoles, el exmandatario Lula da Silva sabrá si el Tribunal Supremo le concede o no un habeas corpus que le permita evitar la prisión ante la condena ya en firme de 12 años por lavado de dinero e integración en banda criminal. Y justo cuando el actual presidente, Michel Temer, albergaba alguna tibia esperanza de pergeñar una candidatura que hace un año parecía impensable, una operación anticorrupción llevó a la cárcel a personas de su máxima confianza y cercanía, estrechando el lazo que se escurrió cuando logró esquivar dos denuncias en su contra en la Cámara de Diputados.

La llamada operación Skala mandó a la cárcel de manera preventiva a nueve personas, entre ellas dos íntimos colaboradores del presidente Temer y un exministro de su Gobierno. También al dueño de la empresa Rodrimar, Antônio Celso Grecco, quien en su declaración dijo no reconocer las siglas M. T. junto al epígrafe «74.000 euros + 49.000 para la campaña». Además de Grecco, fueron detenidos el abogado José Yunes (amigo y confidente de Temer desde hace décadas) y el general João Baptista Lima (un militar en las entretelas de la trayectoria política del presidente), y también el exministro Wagner Rossi.

Los tres están acusados de negociar y recibir propinas de Rodrimar en nombre de Temer («veré lo que puedo hacer», atribuyen al presidente los testimonios recogidos por el juez Luís Roberto Barroso) para la aprobación de un decreto que regula el tráfico de mercancías en el puerto de Santos, el mayor de Latinoamérica y donde opera la empresa de Grecco. Los detenidos fueron puestos en libertad ayer ayudados por una controvertida intervención ante el Supremo de la fiscala general, Raquel Dodge.

Tercera denuncia

A pesar de proclamar la recuperación económica y de las tasas de empleo, la popularidad de Temer nunca superó la estimación de nula, ni siquiera aupada por la intervención para dar al Ejército el control de la seguridad de Río de Janeiro. Pero el presidente dejó abierta en las últimas fechas la posibilidad de presentarse a las elecciones de octubre ante la seguridad de que el gran y único favorito, Lula da Silva, no se podría presentar. El 4 de abril es el día que el pleno del Tribunal Supremo eligió para su decisión final sobre el expresidente, después de que los jueces se dieran la Semana Santa de vacaciones.

Si el Supremo niega a Lula el habeas corpus, el juez de la operación Lava Jato, Sérgio Moro, hará efectiva la pena de cárcel inmediata, el líder del PT quedará inhabilitado según la legislación del país y, aunque tenga recursos pendientes, los obstáculos hacia su participación en los comicios serán insalvables. Al mismo tiempo, con toda probabilidad, Temer tendrá que sortear una tercera denuncia por corrupción si quiere tener una opción de presentarse a unas elecciones marcadas, para bien o para mal, por la figura de Lula.

El candidato de la izquierda sirve de baremo también para los otros dos aspirantes: el gobernador de São Paulo y candidato oficial de los conservadores, Geraldo Alckmin, reaccionó a los disparos que recibió la caravana electoral de Lula en Paraná diciendo que «recogió lo que sembró»; el aspirante de la ultraderecha, Jair Bolsonaro, se fotografió un día después simulando una pistola con sus dedos cerca de la sien de un muñeco que representaba a Lula.

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