¿Existe la astenia primaveral?

No es una patología, pero los médicos sí admiten que se trata de un cuadro asociado al cambio horario y estacional


Santiago / la voz

Cansancio, sueño, mayor irritabilidad... Llega la primavera y en lugar de reactivarse, son muchos los que notan un bajón físico y emocional. Se trata de un cuadro muy recurrente pero, ¿existe la astenia primaveral? Desde luego, como enfermedad, no. Pero sí es algo real que reconocen los profesionales de la salud. Javier Bris, coordinador del grupo de trabajo de salud basada en las emociones de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc), la define como «una sensación subjetiva de incapacidad para realizar las ocupaciones cotidianas de la vida». Aunque no es una patología, sí podría calificarse como un cuadro leve y pasajero o un proceso de adaptación que, como su nombre indica, aparece al inicio de la primavera coincidiendo con el cambio estacional y de horario, «y que desaparece en pocos días o semanas».

Síntomas

Fatiga y desmotivación. ¿En qué consiste? Teniendo en cuenta que prácticamente todo el mundo ha tenido esa sensación de astenia en alguna primavera, los síntomas son más que conocidos para la mayoría. El síntoma fundamental es el cansancio y la fatiga, pero puede ir acompañado de otros como irritabilidad, desmotivación, dolores de cabeza, problemas para conciliar el sueño, disminución del rendimiento intelectual, pérdida de apetito o alteraciones en la libido.

Causas

Más luz y temperatura. ¿Y por qué ocurre? Su origen está asociado, indica Bris, a los cambios que se producen en la primavera. Desde las modificaciones en la temperatura, hasta el aumento de las horas de luz solar y la relación que esto puede tener con el sistema neuro endocrino. En algunas personas coincide además con el inicio de los procesos de polinosis -alergia al polen- y de otro tipo de cuadros alérgicos, lo que agrava ese cansancio. 

Otras astenias

Síntoma de patologías. La astenia primaveral, una sensación asociada a esta estación, no puede confundirse con enfermedades que cursan con astenia. Es decir, hay patologías que provocan fatiga o cansancio, como algunas del metabolismo, nutricionales, endocrinológicas, neurológicas o infecciones.

También puede aparecer esta astenia en determinadas situaciones de estrés mantenido; actividad física excesiva; ansiedad; o algún otro tipo de trastorno depresivo. Y los trastornos afectivos estacionales -que pertenecen al grupo de las enfermedades depresivas- pueden presentar síntomas más acusados en algunas épocas del año, como el inicio de la primavera-verano o del otoño-invierno.

Abordaje

Horarios y dieta variada. Al tratarse de un cuadro adaptativo pasajero, puede abordarse con unas medidas sencillas. Por ejemplo con horarios regulares de sueño y descanso; manteniendo una dieta variada y equilibrada; hidratándose, ya que los líquidos estimulan el buen funcionamiento del riñón y del aparato digestivo; con ejercicio moderado; y evitando bebidas estimulantes, alcohólicas y café. Es muy raro que precise tratamiento farmacológico, pero si el cuadro se mantiene a lo largo del tiempo, o bien los síntomas superan lo que la persona considera normales, se aconseja consultar a un profesional de la salud, para que determine si puede existir otra causa tras el pertinente estudio.

Incidencia

Más en las mujeres. La Sociedad Española de Medicina de Atención Primaria, Semergen, realizó en el año 2015 un estudio, denominado Vytal, para valorar el grado de astenia o fatiga física y mental de la población de entre 30 y 45 años; y de entre 50 y 65 años. En este caso no se preguntaba por la astenia primaveral, sino en general por la sensación de cansancio. El 73 % de los encuestados afirmaron sentirse fatigados en ocasiones, y las mujeres y los jóvenes en mayor medida. Ellas también aseguran que en la primavera notan más esta astenia, relacionándolo en concreto con la estación. No obstante, los entrevistados que ya estaban jubilados notaban de forma más visible el cansancio en el verano. El estrés, dormir poco y trabajar muchas horas son las causas que los participantes en este estudio argumentaron como posible motivo de su fatiga pero, al contrario de lo que pueda pensarse, el tener o no tener hijos no implicó ninguna diferencia en los resultados.

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