Denuncian que el precio de los fármacos oncológicos se ha duplicado en 10 años

Efe

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La Plataforma «No es sano» denuncia en un estudio que en España algunas de las terapias más empleadas para tratar el cáncer alcanzan los 100.000 euros por paciente al año

17 abr 2018 . Actualizado a las 12:43 h.

La Plataforma «No es sano» ha publicado este martes un estudio en el que denuncia que el precio de los medicamentos oncológicos se ha duplicado en diez años alcanzando cifras «inasumibles» para el sistema sanitario y ha lamentado la «falta de transparencia» a la hora de fijar el coste de estos fármacos.

En un comunicado, la plataforma -compuesta por Salud por Derecho, Médicos del Mundo, Organización Médica Colegial, Sespas, OCU, CECU, No Gracias y la asociación acceso justo al medicamento- ha destacado que en España algunas de las terapias más empleadas para tratar el cáncer alcanzan los 100.000 euros por paciente al año.

Se trata de unos precios «inasumibles» para el sistema sanitario, que se unen al hecho de que cada vez es mayor el número de casos de cáncer diagnosticados, y que pasarán de los 247.000 en el 2015 a los 315.000 en el 2035, casi un 30 % más, según las previsiones.

Esta es la principal conclusión del informe Los medicamentos para el cáncer: altos precios y desigualdad, que subraya que esta situación se debe a un sistema de propiedad intelectual «que deja en manos de las compañías farmacéuticas la fijación de los precios de los fármacos» y a un marco regulatorio «poco transparente que beneficia a la industria en detrimento del interés público».

La Plataforma afirma que el actual sistema de patentes pretende garantizar la recuperación de los recursos invertidos en investigación, «pero la realidad es que no podemos conocer esos costes porque son secretos y los datos que se publicitan no tienen en cuenta la inversión pública». «Esta falta de transparencia da lugar a que la industria fije los precios de los fármacos arbitrariamente, en función de la capacidad del mercado de cada país», ha lamentado.

A esto se suma -continúa- el hecho de que las negociaciones con las administraciones públicas están sujetas a acuerdos de confidencialidad que impiden hacer público cuánto se paga por los medicamentos. En concreto en España -asegura- no es posible acceder a los acuerdos de precios fijados entre el Gobierno y la industria para estos fármacos de uso hospitalario. Además, señala que, dado que el peso presupuestario recae sobre las comunidades autónomas, los precios son diferentes entre regiones e, incluso, entre hospitales, «poniendo en peligro los recursos finitos del sistema sanitario y obligando a recortar de otras partidas muy necesarias».

El informe analiza cuatro fármacos en concreto que generan «enormes ingresos» a las compañías que los comercializan y que han contado con una importante inversión pública en su fase de desarrollo. Uno de ellos es el trastuzumab, para cáncer de mama, cuya investigación fue apoyada en gran parte por filántropos y fundaciones y casi el 50 % de los ensayos clínicos se realizaron con presupuesto de universidades, centros de investigación o fundaciones sin ánimo de lucro. «Hoy es uno de los productos estrella de Roche y ha generado más de 60.000 millones en ventas desde su comercialización», apunta.

En los casos de alemtuzumab (Sanofi) y bevacizumab (Roche), otros dos fármacos estudiados, el informe revela que el 70 % y el 50 % de los ensayos clínicos, respectivamente, han sido financiados por universidades, centros de investigación o fundaciones sin ánimo de lucro. Ante esto, la Plataforma ha propuesto una bajada en los precios de los medicamentos y que estos se fijen a partir de los costes reales de investigación y producción, conocer el precio real de los medicamentos y transparencia en las negociaciones con la industria farmacéutica.

También solicita más control de los precios de los medicamentos en los que se han invertido fondos públicos y regulaciones que controlen y sancionen los abusos de competencia.

Este informe se enmarca en la campaña «Nos la Juegan», que denuncia que, si sigue creciendo el precio de los medicamentos, nuestro sistema de salud no podrá financiarlos y «no nos quedará más remedio que fabricarlos en casa».