«No compito con el autobús sino con el coche vacío y el uso ineficiente de los vehículos»

J. C. Gea GIJÓN

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Jaime Rodríguez de Santiago, country manager de Blablacar en España
Jaime Rodríguez de Santiago, country manager de Blablacar en España

Jaime Rodríguez de Santiago, country manager de Blablacar en España, detecta «falta de ambición en el tamaño y la internacionalización» de las start-ups españolas

20 abr 2018 . Actualizado a las 06:59 h.

Desde que en 2006 Frédéric Mazzella y Nicolas Brusson detectasen la necesidad de aprovechar las tecnologías de la información y la interconexión global para potenciar en Francia el uso del automóvil compartido hasta hoy, su idea se ha expandido de forma exponencial: 22 países y 60 millones de usuarios usan, 12 años después, los servicios de BlaBlaCar para coordinarse y compartir gastos de viaje en automóvil por carretera. España fue el segundo país en sumarse a esta exitosa experiencia de economía colaborativa. El máximo responsable de BlaBlaCar en la península ibérica, Jaime Rodríguez de Santiago, ha sido testigo de esa expansión en nuestro país en los últimos años. De ello y de otros asuntos relacionados con el emprendimiento y la innovación habló ayer tarde en la Universidad Laboral de Gijón, en el marco de la jornada 'El Reto Millennial', organizada por el Club de Calidad, el Cluster Tic y Aje Asturias, en colaboración con Gijón Impulsa.

-¿Los números de BlaBlaCar ahora mismo?

-A día de hoy, Blablacar opera en 22 países y tiene 60 millones de usuarios en todo el mundo. De hecho, se desplazan con BlaBlaCar 18 millones de personas cada trimestre. Para poner esto en contexto, una empresa como British Airways transporta en ese periodo 10 millones de personas. En España, el segundo país donde lanzamos la empresa, tenemos 3 millones de usuarios. Asturias es la cuarta provincia que más ha crecido el último año: un 24 por ciento en la comparativa de la Semana Santa de 2017 a la de 2018.

-Lo cual significa que encontraron eso tan complicado: un nicho global. Empresarial, y lo que es aún más raro, también socialmente.

-Definitivamente. BlaBlaCar encaja muy bien en una serie de cambios sociales y socioeconómicos que están sucediendo, en la realidad de hoy: hemos cableado el mundo para colaborar, y ahora empezamos a ver el resultado de esta capacidad de colaboración y comunicación que tenemos. BlaBlaCar es seguramente el ejemplo más puro de economía colaborativa. Además, encaja también muy bien en ese cambio de mentalidad que estamos viviendo todos: el paso de la propiedad al acceso. Lo vivimos en la información, en la música, y ahora estamos digitalizando el mundo físico y siguiendo una evolución muy similar. Y, por último, obviamente BlaBlaCar ha suministrado una solución de ahorro, porque surgimos en un momento en el que mucha gente necesitaba ahorrar. Si a esto le sumas el factor experiencial, la experiencia de viajar con otras personas que no conocías, la explicación se completa. De hecho, tenemos un estudio reciente sobre el impacto social del coche compartido, En definitiva, te encuentras que BlaBlaCar ha encajado muy bien en el contexto temporal en el que vivimos y eso le ha permitido crecer exponencialmente.

-La clave no solo es la economía. Los usuarios se enganchan por la experiencia del viaje. No te cuentan adónde fueron: te cuentan el viaje mismo.

-Sí, definitivamente. Yo siempre digo que la gente llega a BlaBlaCar por un impulso más racional -muchas veces es el ahorro, otras que el coche compartido es la única forma de encontrar una conexión entre dos puntos determinados-, pero la gente repite por la experiencia. Es algo fácil de entender porque vivimos en un mundo cada vez más polarizado, y lo estamos viendo en muchos órdenes de la vida, sociales, políticos… Y de repente te encuentras un lugar donde estás con dos o tres personas que no conocías antes, de un entorno normalmente más allá de tu burbuja de influencia, esa en la que vivimos todos, y con los que compartes tres o cuatro horas de tu vida, y además con los que vas a valorar la experiencia de viajar, con lo cual todos procuramos comportarnos de la mejor manera. Ese estudio de impacto social del que hablo muestra cosas realmente fascinantes: aproximadamente, la mitad de los usuarios de BlaBlaCar reconocen haber cambiado de opinión en un tema durante un viaje compartido. En España, el 28 por ciento de los usuarios reconocen haber contado algo que no cuentan a nadie más en un viaje compartido. Tenemos casos de gente que ha encontrado trabajo… Efectivamente, la experiencia es parte esencial.

-¿Intimidad sobre ruedas es el producto, en definitiva?

-Es que yo creo que todos lo hemos experimentado en un viaje en coche. Los viajes en coche son escenarios muy particulares, porque son lo suficientemente íntimos y lo suficientemente largos como para que te puedas explayar y conocer a una persona, y favorece el contacto social. Si encima lo haces con gente que, como decía, está fuera de tu burbuja habitual, generalmente es muy enriquecedor.

-Todo esto ha alimentado un ejemplo muy exitoso de emprendimiento y economía colaborativa. Pero tambiém de cómo la empresa y sus usuarios van por delante de la comprensión del concepto de la empresa. No tanto en lo social: en lo económico y en lo legal. ¿Se va entendiendo en España lo que es BlaBlaCar?

-La innovación ha ido siempre más rápida que la regulación, eso es inevitable, pero es que encima estamos viviendo la época de mayor aceleración de información en la historia de la comunidad. Antes comentaba con unos compañeros cómo cuando se introdujo el coche a motor, las primeras regulaciones hacían que una persona tuviera que ir delante con una banderita avisando de que venía un coche. Ese es un ejemplo de cómo la regulación llegó más tarde que la innovación. Lo que estamos viviendo ahora es una explosión de innovación, y la regulación llega tarde. En nuestro caso, somos una empresa europea que nace en un contexto muy definido, y no ha tenido problemas en ningún país salvo -y me da pudor decirlo- en España. Somos el único país de los 22 en los que opera BlaBlaCar donde hemos tenido una demanda, una demanda por parte de la patronal de autobús que felizmente ganamos, y que al final se deriva de un contexto muy específico.

-¿Cuál?

-España es uno de los pocos países que mantiene un sector hiperregulado en el transporte, y hay empresas centenarias que vienen operando en ese sector desde hace muchos años, y además en el inicio hubo un mal entendimiento de nuestro servicio, porque España, a diferencia de otros países como Francia o Alemania, no tenía tradición de coche compartido. Afortunadamente, tras la victoria judicial del año pasado y sobre todo por la demostración de la sociedad de que quiere utilizar este servicio, parece que estamos normalizándonos y equiparándonos a la situación en el resto de Europa.

-Sentado lo legal, ¿como va la batalla estrictamente comercial con esas grandes empresas? ¿Sigue siendo una especie de Mad Max empresarial en la carretera?

-Yo siempre digo, y así lo hemos considerado siempre, que nuestro mayor enemigo es el coche vacío. Tenemos que pensar que Blablacar intenta resolver una problemática que va mucho más allá de una competencia. El 76 por ciento de los viajes que hacemos en Europa entre 100 y 800 kilómetros, los hacemos en coche; y de esos, más de la mitad llevan una sola persona dentro: la tasa de ocupación media es de 1,7 personas. Mi preocupación no es competir con el autobús, es conseguir un uso mucho más eficiente de los vehículos. No estamos ni siquiera arañando la superficie de la capacidad de incremento de eficiencia en esos viajes que podemos llegar a conseguir.

-¿El beneficio es la eficiencia energética, en definitiva?

-Claro. BlaBlaCar nace de la obsesión por hacer más eficiente algo absurdamente ineficiente, como nuestro uso de los vehículos. Y ahí tenemos un margen de mejora tremendo. Los coches están parados el 95 por ciento de su vida útil, y cuando se utilizan, como te decía, tienen una tasa de ocupación media de 1,7 personas, aunque se fabricaron con cinco asientos para transportar familias. Estamos utilizando amasijos de hierro que pesan toneladas y consumen gasolina para transportar a una sola persona. No tiene sentido. Eso es lo que queremos resolver.

-El desarrollo de BlaBlaCar, dentro y fuera de la empresa, está ligado a las nuevas tecnologías de la información. ¿Qué investigan, qué tantean, por donde avanzan en ese sentido?

-Lo primero que hay que entender es que BlaBlaCar es una empresa joven tanto en su edad como en la gente que trabaja dentro. La media de edad es de 29 años, somos una empresa de un tamaño relativamente pequeña -400 empleados- y eso te permite mucha agilidad. En lo que se refiere al viaje al viaje a media y larga distancia en coche compartido, nuestro foco está ahora mismo en aplicar inteligencia artificial para conseguir una mejor conexión entre pasajeros y conductores. A principios de este año introdujimos un nuevo motor de búsqueda que te permite que, si vas a viajar por ejemplo entre Gijón y Madrid, podamos detectar qué pasajeros hay en cualquier punto intermedio para contactar con ellos; de tal manera que lo que pretendemos es aumentar mucho la densidad de la red. Nuestra visión es que puedas hacer cualquier viaje de media y larga distancia casi de puerta a puerta, de manera lo más directa posible. Es una experiencia que siempre hemos tenido dentro de las ciudades, pero en media y larga distancia nos hemos olvidado; nos hemos acostumbrado a que, si vives en las afueras de Madrid, coger un tren, desde ese tren vas hasta donde sea y ahí cambias de transporte… Con el coche compartido y una red suficientemente densa podemos conectar directamente más puntos. Hacia ahí es hacia donde caminamos.

-¿Qué hay del perfil de usuario? ¿Consiguen llegar a nuevos perfiles de viajero?

-Sin duda, es un perfil cada vez es más heterogéneo. Cuando aterrizamos en España, la media de edad era de 24 años y ahora tenemos 1/3 de usuarios por encima de 35, y estamos viviendo una evolución muy similar a la que vivimos en Francia. Allí estamos viendo como los empty-nesters, aquellos cuyos hijos han abandonado el nido y empiezan a viajar otra vez, crecen muy rápido y empiezan a viajar otra vez, están empezando a usar los coches como conductores y a llevar a los hijos de otros como pasajeros.  Hay un efecto de viralización de la gente más joven a la gente más adulta, y cada vez es más representativo de la sociedad en que vivimos.

-Está en Gijón para hablar de algo tan genérico como el 'reto de los millennials'. ¿En qué consiste ese reto, en su opinión?

-La cuestión que me interesa es cómo las empresas pueden enfocarse hacia la generación millenial, tanto como consumidores como posibles empleados: cómo atraer y retener ese talento. Es cierto que ha habido muchos cambios de mentalidad, si pensamos en los tiempos en que una persona se tiraba 30 o 40 años en una empresa. Eso ya ha pasado y no va a volver a pasar, primero porque las condiciones económicas han cambiado y además, la mentalidad de los empleados ya ha cambiado. En BlaBlaCar, como he dicho, la media de edad es de 29 años; yo soy millennial viejo pero todavía millennial, y es cierto que no te planteas las mismas motivaciones de estabilidad o seguridad de generaciones anteriores, sino que se nos ha educado para tener otras inquietudes, otras iniciativas, y eso cambia la manera de pensar.

-¿Y como consumidores?

-En el proceso de transformación digital de las empresas, a lo que hay que intentar dar respuesta es a la cuestión de que los millennials buscan más experiencia que producto; lo que hablábamos antes: a eso creo que ha sabido responder muy bien Blablacar. Yo te resuelvo la necesidad, pero además te aporto una experiencia. Eso genera una vinculación emocional con las marcas que hay que trabajar.

-Además de ejemplo en economía colaborativa, pasan por representar la start-up exitosa por excelencia. ¿Sigue siendo la start-up el modelo clave para el desarrollo económico?

-Yo he sido emprendedor. Tuve mi start-up y me la pegué. Entonces, creo que es interesante entender que no todo puede ser una start-up y aquí soy un poco crítico: hemos tenido una cierta inflación de emprendimiento, empujados por las condiciones económicas y también por la incapacidad de dar respuesta a esas condiciones. Dicho esto, creo que es muy sano tener una cultura más emprendedora como la que hemos desarrollado en los últimos años. Para mí, quizá el gran reto que hay en España en cuanto a start-ups es que hay una visión poco ambiciosa.

-¿En qué sentido?

-En cuanto a tamaño e internaciolización. Muchos emprendedores no quieren hacer una start-up: quieren autoemplearse, algo que es perfectamente válido, pero no lo tratemos como emprendimiento porque entonces los vas a empujar hacia un riesgo diferente al que quieren asumir. Eso por un lado; por otro, en muchos proyectos muy buenos no se tiene en cuenta que el tamaño del mercado que se ataca es muy pequeño. Y eso implica que acabas con el tejido empresarial que ya de por sí tiene España, que es mayoritariamente pyme y más aún microempresa. El  caso de BlaBlaCar es excepcional en Europa, porque es una empresa que se ha internacionalizado extremadamente rápido y ha crecido muy rápido. Y lo ha hecho a pesar de que en Europa es muy difícil emprender -porque tenemos muchos países muy distintos cada uno con regulaciones distintas-, pero lo ha hecho precisamente porque desde el principio tuvo una vocación internacional: el mercado no era Francia sino toda la gente que se mueve por carretera en todo el mundo. Y eso es lo que a veces nos falta.