Crispación y prisas en la nueva ronda para negociar el «brexit»

Tusk exige a Londres que ayude con el problema que creó


bruselas / corresponsal

Las negociaciones del brexit encaran su fase decisiva: la de la futura relación entre los 27 y Londres. Bruselas dio este miércoles el pistoletazo de salida a las conversaciones para marcar calendario y prioridades. Y lo hizo en un clima que no es el que los británicos esperaban encontrar. La crispación y las prisas son difíciles de ocultar a estas alturas. Solo queda medio año para cerrar el acuerdo y quedan «flecos» eternos por resolver.

«Hay que cerrar el capítulo de los derechos ciudadanos. Tenemos que velar porque no haya escándalos en la UE. Si hay que hacer cambios para corregir el tiro, debemos avisar a los negociadores, Barnier y Davis», sugirió este miércoles el responsable del Parlamento Europeo para el brexit, Guy Verhofstadt. El líder de los populares, Manfred Weber, insistió en que tampoco está despejado el camino para evitar una frontera dura entre las dos Irlandas: «Es un tema pendiente y estamos muy unidos en esto. Todos somos irlandeses, es el mensaje que debemos transmitir», aseguró.

Tanto el Gobierno británico como la oposición euroescéptica culpan a Bruselas. La primera ministra, Theresa May, insiste en solucionar el problema fronterizo con sistemas de control tecnológico, como los que se implantaron entre Suecia y Noruega. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, se ciñó este miércoles a las condiciones impuestas por Barnier en las negociaciones, en las que el francés dejó claro que ese remedio es inviable. «Reino Unido tiene que ayudar a solucionar el problema que creó. No habrá transición ni acuerdo de retirada sin buena voluntad», advirtió durante el plenario de Estrasburgo.

Está en la mano de May buscar una salida al callejón en el que se encuentra acorralado su país. Algunas voces al otro lado del Canal se han organizado en plataformas para exigir que el acuerdo de divorcio se someta a referendo, última esperanza de los europeístas de revertir el resultado de las urnas a favor de la salida de la UE. «No habrá segundo referendo. El 29 de marzo del 2019 nos iremos y cuando seamos un país soberano, solucionaremos este desastre», advirtió el líder de los euroescépticos del UKIP, Nigel Farage, quien acusó a May de «no creerse» el brexit. «Está siendo una agonía muy lenta», se quejó de la lentitud con que avanza el proceso de desconexión de la UE.

Mientras Londres trata de apagar los incendios en casa, Bruselas pisa el acelerador para dejar preparados los planes de contingencia. La Comisión no descarta el peor de los escenarios: un brexit duro. «No sabemos a día de hoy si será posible un acuerdo, qué implicará ni si será ratificado», aseguran fuentes de la institución, donde se está tratando de identificar y adaptar la legislación a contrarreloj para «cubrir agujeros legales». Según anticipó el Financial Times, esos trabajos incluirán paquetes de reformas legales para la industria del automóvil, las compañías de transporte, los servicios financieros y los programas espaciales. Todos ellos se presentarán a lo largo de los próximos tres meses.

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