Jordi Canal: «Soy pesimista, creo que la violencia en Cataluña solo ha empezado»

Asegura que los independentistas harán lo que sea más subversivo para el Estado antes de formar gobierno


Vive entre París, donde es profesor de la École des Hautes Études en Sciences Sociales, y Gerona y es autor de El carlismo. Dos siglos de contrarrevolución en España (2000) o Historia mínima de Cataluña (2015) y ha dirigido Historia contemporánea de España (2017), en dos volúmenes. Jordi Canal (Olot, 1964) publica Con permiso de Kafka (Península), un libro en el que analiza los orígenes del nacionalismo catalán, sus mitos, símbolos y desafíos. «Hay que entender que estamos en un momento en que lo racional ha perdido definitivamente la batalla frente a las emociones y que el independentismo es un movimiento que exige fe, una especie de religión», asegura.

-¿El «procés» es kafkiano»

-Sí, en el sentido de asombroso, caótico, inesperado, absurdo, angustioso. Y, al mismo tiempo, Kafka tiene un libro que se titula El proceso, en el que Joseph K. se enfrenta a un proceso aparentemente incomprensible y una inagotable fuente de sorpresas e incredulidad. Por eso titulo así el libro.

-¿Esto tiene arreglo a corto plazo?

-No. Habrá que ver hasta dónde llega la acción judicial, qué ocurre en Europa, pero no le veo solución a corto plazo. Cataluña es en estos momentos una sociedad fracturada por la mitad, y es una fractura a la que algunos han dedicado mucho tiempo, no es casual, sino que han trabajado para que no haya vuelta atrás. La Cataluña que se han cargado ya no se puede reconstruir en la España de las autonomías, que en parte también se han cargado. Hay que repensar lo que hemos hecho mal, los errores cometidos, entre ellos haber cedido excesivamente con algunas autonomías. El silencio y los pactos por la necesidad de los votos nacionalistas han hecho, por ejemplo, que el departamento de Educación de la Generalitat no reconozca determinadas leyes o que TV3 se haya convertido en un inmenso monstruo que no hay manera de controlar.

-Se apela mucho al diálogo como solución. ¿Cómo lo ve usted?

-El problema es con quién y cómo se dialoga. Uno de los éxitos del nacionalismo es haber pervertido el lenguaje, usar términos como diálogo, democracia o libertad a su conveniencia. Por lo tanto, cómo vamos a dialogar si no hablamos el mismo lenguaje. El único diálogo posible es en base a la ley y la Constitución. Otra cosa es con quién hablamos. Hay una parte de los líderes independentistas que se han autodescartado de cualquier diálogo. No hay ninguna posibilidad con alguien como Puigdemont, vive en otro mundo ya. Con otros que parece que han aprendido la lección y son más sensatos, tipo Junqueras, podría haber alguna posibilidad.

-¿La estrategia de la huida esá dando resultado a Puigdemont?

-Es un tipo del que nadie esperaba nada, por eso lo eligieron presidente, y tiene una gran ventaja, que es independentista de toda la vida, no tiene que disimular como Artur Mas. Ha apostado por el todo o nada en un momento de radicalización del proceso que le ha resultado más útil que a Junqueras. Ha formado un equipo de personas que le tiene lealtad absoluta, dispuestas a ir hasta el final y que están por el cuanto peor mejor, si hay que cargárselo todo se lo cargarán.

-¿Ha habido violencia en el «procés»?

-Depende de lo que entendamos por violencia. Violencia física ha habido relativamente poca. Pero acoso y violencia moral y psicológica, mucha, y la sigue habiendo. Se ha intentado limitar la violencia tanto como se ha podido, aunque últimamente se les está escapando de las manos. La CUP se ha organizado y tiene la misma forma de actuar que Herri Batasuna, señala los objetivos, ya no para matarlos como hacía ETA pero sí para marcarlos diciendo, por ejemplo, dónde viven el juez Llarena o alguien el PSC o de Ciudadanos. Soy pesimista, creo que la violencia en Cataluña solo ha empezado. Los CDR son peligrosos. Cada vez hay más enfrentamientos en la calle y creo que solo es un inicio de lo que viene. No descarto que la violencia vaya a más.

-¿Cree que habrá gobierno en Cataluña o nuevas elecciones?

-Van a intentar forzar lo que sea más subversivo para el Estado. Los independentistas juegan a eso y están evaluando qué reacción tiene el Estado. El 1 de octubre forzaron una reacción violenta, esperaban la imagen de los tanques entrando por la Diagonal. Y ahora van a intentar apurar toda las acciones subversivas, pero si en el último momento no ven claro ir a las elecciones, investirán a alguien.

«El pujolismo fue un período profundamente exitoso para el nacionalismo»

«No se puede entender lo que está pasando sin conocer algunos elementos del pasado», asegura. En el libro aborda cómo se ha construido lo que denomina un «relato nacional nacionalista que hace que se relea toda la historia de Cataluña con ese fin hacia la independencia, basado en mitos e invenciones». Ese relato tiene tres pilares. En primer lugar, la existencia de una nación que se habría constituido en la época medieval. «Al afirmar la nación catalana niegan automática la existencia de la nación española, que sería artificial», asegura. En segundo lugar, la existencia de un Estado catalán que «Castilla, a la que identifican con España, se habría cargado en 1714». El tercer elemento que añaden los nacionalistas es que «Cataluña, a diferencia de Castilla-España, sería ya un país democrático o que evolucionaba hacia la democracia, en el siglo XVII». «Todo esto es falso, nada se sostiene», concluye el historiador.

Visión del mundo

Canal destaca que el proceso de nacionalización se acelera «en la época de la Mancomunidad, en la Segunda República y, sobre todo, durante el pujolismo, un período que es profundamente exitoso desde el punto de vista del nacionalismo, es un éxito casi total, mucho más de lo que nunca pudo pensar el propio Jordi Pujol». Señala que «el proceso de nacionalización, sobre todo a través de la escuela, la televisión y el clientelismo, unido a un discurso atractivo, enraizaron una visión del mundo que está en la base de lo que está sucediendo hoy». Si bien se planteaba «en términos autonomistas, nunca descartaba el paso siguiente y, sobre todo, preparó que los jóvenes fueran más independentistas». Pone como ejemplo que «Jordi Pujol era autonomista, pero sus hijos, Jordi y Oriol sobre todo, los más metidos en política, eran independentistas».

La transformación de Mas

Considera que el proceso se inicia en el 2003, con la llegada del tripartito al poder y la decisión de tocar el Estatuto, que «abre la caja de Pandora». Sin esos años que van del 2003 al 2012 «no se entiende lo que ha ocurrido». Recuerda que «Artur Mas nunca había sido ni catalanista ni nacionalista, se llamaba Arturo y de repente aterrizó en el Ayuntamiento de Barcelona, hizo una carrera en empresas próximas al poder, fue ascendiendo y, luego, de golpe en el 2012, de un día para otro, se hizo independentista».

«Los nacionalistas creían que estaban ante un Estado débil»

«La escuela catalana vehicula nacionalismo por todos lados, en el aula, en los juegos, en los textos que se utilizan, en las canciones», señala Canal. «Se crea una visión del mundo independentista que excluye totalmente a España y considera el castellano una lengua extranjera», añade.

-¿Cómo valora la aplicación el artículo 155 de la Constitución?

-Era la única solución. Dicho esto y asumido que la mayor parte de la culpa es de los independentistas, creo que el Gobierno español, los intelectuales, las empresas y la UE son en parte responsables de que se haya llegado al 155, porque han callado durante mucho tiempo. Muchos advertimos que eso no se iba a parar y no nos escucharon. El Gobierno no construyó un discurso alternativo, no actuó en Cataluña y tampoco la UE. Ha habido mucho silencio y ante los nacionalistas no puedes callar, porque siempre interpretan los silencios como debilidad. Por eso, a los independentistas les ha sorprendido tanto la aplicación del 155 y la firmeza de la Justicia, porque habían creído que estaban ante un Estado débil. A los nacionalismos hay que responderles.

-¿Cree que se debería haber aplicado a la educación y TV3?

-Rajoy hizo una muy buena jugada, consiguió un apoyo amplio. Pero la aplicación consensuada del artículo 155 no permite atajar algunos de los problemas que están en la base. Puedes frenar el proceso, pero no lo que lleva más de 20 años funcionando. Creo que no hay que cerrar TV3 pero sí repensarla para que se convierta en una televisión autonómica normal y no que esté al servicio el proceso independentista las 24 horas del día.

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