La ministra de Interior británica dimite por las deportaciones de inmigrantes caribeños

Ultras conservadores y laboristas habían coincidido en exigir la salida de Amber Rudd, uno de los escasos apoyos de May


LONDRES / E. LA VOZ

l escándalo de la generación Windrush, la formada por los caribeños que llegaron para reconstruir el Reino Unido tras la Segunda Guerra Mundial y que han sido amenazados con ser deportados en los próximos meses, no dejó de agrandarse en las filas conservadoras y llevó a la ministra del Interior, Amber Rudd, a pedir disculpas, comparecer en el Parlamento y, ayer, a dimitir.

Rudd fue criticada por una carta enviada a May en el 2017 en la que prometió expulsar a más de 4.000 indocumentados cada año. Además, el diario The Guardian había revelado un informe del Ministerio del Interior de diciembre del 2015, cuando May ocupaba esa cartera, en el que se establecía entre los objetivos la partida voluntaria de los inmigrantes, pero Rudd defendía que no era consciente de la existencia de «objetivos específicos de salida», pese a que recibió una copia del informe, en el que explícitamente se hablaba de lograr 12.800 retornos forzados en el curso 2017-18.

Desde varios frentes llegaron peticiones de dimisión y Rudd contestó prometiendo aplicar una política migratoria «justa y humana». Además, tenía previsto mañana en Westminster responder a «cuestiones legítimas sobre objetivos y migración ilegal». Pero las protestas, y la aparición de una carta suya a May prometiendo incrementar las deportaciones un 10 %, la obligaron a presentar su dimisión.

Rudd probablemente sea una víctima más de su afinidad con May, de las filtraciones en su propio ministerio y de las luchas internas sobre el brexit.

Amber Rudd tenía entre sus planes diluir el control de las fronteras del Reino Unido después de la salida del bloque común y crear una «asociación de movilidad laboral» con Bruselas en la que los inmigrantes de la Unión Europea tendrían acceso preferencial a la atención sanitaria y al mercado laboral.

Rudd no es una pieza menor dentro de los frágiles equilibrios entre familias en el Partido Conservador. La hasta ayer ministra del Interior es la heredera del puesto que ocupaba Theresa May y uno de sus más firmes apoyos frente al empuje y las críticas de los alineados con Boris Johnson y el resto de los representantes de la facción más euroescéptica, que se niega a cualquier tipo de acuerdo con la UE.

Duros reproches

De hecho, las principales críticas del sector más ultra de los tories coinciden en intensidad con las de su eterno rival. Desde el Partido Laborista, su responsable de inmigración, Diane Abbott, criticó a May por haber promulgado ese cambio normativo cuando era titular de Interior y pidió abiertamente a Rudd que abandonase el cargo. «¿No es momento de que la ministra del Interior tenga en cuenta su honor y dimita?».

Abbott respaldó en una protesta el trabajo hecho por la generación Windrush, como se conoce a los miles de ciudadanos de las colonias británicas que llegaron al Reino Unido hace décadas. Ciudadanos de Jamaica, Guyana o Trinidad y Tobago, en muchas ocasiones niños, respondieron a esa llamada para acudir a las principales ciudades del Reino Unido.

Ahora, cuando han pasado años, muchos de ellos han hecho en las islas su vida y temen ser deportados por la falta de documentación oficial que demuestre que están en el país de manera legal, según un tipo de ciudadanía conferida por la Ley de Nacionalidad Británica de 1948.

La prensa británica publicó los casos de varias personas amenazadas con ser deportadas a pesar de poder demostrar con documentos oficiales su estatus legal, pero que son víctimas del endurecimiento de la ley de inmigración del 2014 del Ministerio del Interior británico, y la primera ministra británica se disculpó por la ansiedad causada a estos ciudadanos por el miedo a ser deportados y les agradeció su contribución al país.

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