Comer demasiado panga eleva el riesgo de ingerir más mercurio del recomendado

Investigadores canarios detectaron muestras que sobrepasaban los niveles legales

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redacción / la voz

Hace tiempo ya que el panga ha perdido entusiastas en España. Las importaciones de este pescado de acuicultura, que se cría en aguas del río Mekong -un cauce que no destaca precisamente por sus aguas prístinas-, han caído drásticamente en los últimos años. Muy lejos quedan aquellos ejercicios en los que Vietnam enviaba a España 40.000, 50.000 y hasta 60.000 toneladas de producto. Ahora apenas entran 10.000, después de que muchas cadenas de gran distribución hayan vetado un pescado denostado por los nutricionistas. Porque es cierto que apenas tiene sabor, color, ni espinas -lo que lo convierte en ideal para cubrir la ingesta de quienes, como los niños y los jóvenes, no suelen consumir pescado-, pero tampoco atesora apenas proteínas y su contenido en ácidos grasos omega 3 va en línea con su bajo precio.

Y si su fama ya había caído en picado cuando trascendió su forma de producción -en un cauce de elevada contaminación-, el descubrimiento de un equipo de investigadores de la Universidad de La Laguna, que han encontrado muestras con más niveles de mercurio del permitido por la legislación comunitaria, ha vuelto a poner al panga en el ojo del huracán. Y es que, según explican los mismos autores del estudio, es un producto de lo más socorrido en comedores y residencias de ancianos, así como en restaurantes y hogares.

Como conocían que el panga tiende a acumular mayores concentraciones de metales como el mercurio, para evaluar el riesgo tóxico por mercurio que podría suponer su ingesta, los investigadores canarios tomaron 80 muestras de filetes congelados de la especie a la venta en tres grandes superficies diferentes y disponibles para el consumidor tanto al natural como en adobo. En ocho de ellas, «el nivel de mercurio superaba las concentraciones máximas permitidas por la legislación europea, que es de 0,5 miligramos por kilo para el pescado blanco», explicó Ángel J. Gutiérrez, profesor del Área de Toxicología de la Universidad de La Laguna.

Consumo reiterado y continuado

Gutiérrez pone por delante que no es un peligro de salud inminente por acumulación de ese metal. Que para llegar a una intoxicación por mercurio tendría que haber «una reiteración del consumo con esos niveles por encima de lo permitido durante un largo período de tiempo». Pero el hecho es que «existe la posibilidad de que llegue a nuestras mesas y es necesario un control exhaustivo del contenido de mercurio en este tipo de pescado». Y, sobre todo, evitar que esos niveles altos lleguen a niños o mayores, expuestos por la querencia de comedores y residencias a incluirlo en el menú. Pero también al público en general por ese juego que da el panga para hacerlo pasar por otras especies en la restauración. Según los resultados del estudio, que han sido publicados en la revista Chemosphere, el análisis muestra un amplio rango de concentraciones de mercurio, entre 0,10 y 0,69 miligramos por kilo (mg/kg), con un valor medio de 0,22. Y aunque no hubo diferencias significativas entre supermercados, la concentración media fue mayor en la presentación en adobo (0,18 mg/kg) que al natural (0,16 mg/kg).

«Una vez obtenidos estos datos y asumiendo un consumo semanal de 350 gramos de panga, el porcentaje de contribución a la ingesta semanal tolerable (IST) de mercurio (4 microgramos por kilo de peso corporal a la semana) es del 32 % para las mujeres y del 27,5 % para los hombres», dice Ángel J. Gutiérrez.

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