Absueltos los tres bomberos españoles que fueron acusados de tráfico de personas en Lesbos

Declararon que solo fueron a salvar vidas, y uno de ellos ha recordado que invirtió unas vacaciones en su trabajo para realizar esta misión


Madrid

La justicia griega ha dictado libertad sin cargos para los tres bomberos españoles Manuel Blanco, José Enrique Rodríguez y Julio Latorre, que estaban acusados de un presunto delito de tráfico de personas, penado con diez años de cárcel, según han informado fuentes de la ONG. Fueron detenidos en 2016 por la Guardia Costera Griega cuando desempeñaban tareas de rescate de refugiados como voluntarios de la ONG Proem-AID.

El juicio ha arrancado este lunes 7 de mayo alrededor de las 9.30 horas en Mitilene, capital de Lesbos, y ha concluido alrededor de las 17.00 horas. Los tres bomberos sevillanos declarado hoy su inocencia frente a la acusación de tentativa de trafico de personas. En el juicio han testificado varios guardias costeros con los que estuvieron en contacto durante su estancia en la isla. La tónica durante todo el proceso, a pesar de la dureza del interrogatorio de la fiscal, ha sido que Manuel Blanco, Julio Latorre y José Enrique Rodríguez siempre actuaron cumpliendo las normas y avisando previamente de sus salidas al mar a las autoridades.

Blanco, el primero de ellos en testificar, explicó que la primera vez que fueron a Lesbos llegaron en comisión de servicios y que, como profesionales y funcionarios, saben que siempre hay que contactar con los Guardacostas antes de realizar una salida, y así lo han hecho siempre.

También ha insistido en que sólo fueron a salvar vidas, algo que ha reiterado Latorre que ha explicado que invirtió unas vacaciones de su trabajo como bombero en Sevilla para venir a esa misión.

Además, ha testificado la consejera de Justicia e Interior de la Junta de Andalucía, Rosa Aguilar, que ha reiterado la profesionalidad de los tres funcionarios y ha destacado las miles de vidas que se han salvado gracias a Proem-Aid.

Junto a ellos han comparecido, con una línea de defensa separada, Mo Abassi y Salam Aldeem, los dos daneses que tripulaban la embarcación cuando fueron detenidos por los guardacostas griegos, en nombre de la ONG danesa Team Humanity. Este último, dueño de dicha embarcación, ha sido interrogado por la fiscal sobre si comunicó o no a las autoridades, como es obligatorio, la presencia de un bote a la deriva y su salida en su busca.

Tanto Blanco como Latorre explicaron que salieron al mar acompañando a Team Humanity porque ellos se lo pidieron ante el aviso de una embarcación a la deriva, y la barca de Proem-Aid esa noche estaba siendo reparada. Latorre explicó que estuvieron buscando dicha embarcación durante 40 minutos y que, al no encontrar nada, regresaron a la costa de Lesbos, momento en el que fueron detenidos y comenzó el calvario que esperan termine hoy.

Ayuda a otra ONG

Según contaron antes del juicio, aquella noche, recibieron una llamada de la ONG danesa Team Humanity pidiendo ayuda para salir al mar a efectuar un rescate. Acompañaron a los voluntarios daneses en su embarcación, porque la de Proem-AID estaba en reparación. Aunque la ayuda entre volunatrios es una práctica habitual, aquel día era la primera vez que se embarcaban en otra nave.

«Cuando regresábamos a puerto fuimos interceptados por las autoridades, nos pidieron que les acompañásemos a puerto, y allí, después de unas horas, los guardacostas griegos nos dijeron que estábamos detenidos por facilitar la entrada de personas que no tenía derecho legal para entrar», ha relatado Manuel Blanco, que cree que la detención fue fruto de un «error» porque estuvieron en contacto con las autoridades para que les asignaran áreas de trabajo.

La acción de las oenegés: ¿de héroes a villanos?

María Ballesteros
Un activista de Proactiva Open Arms auxilia a un migrante en aguas del Mediterráneo
Un activista de Proactiva Open Arms auxilia a un migrante en aguas del Mediterráneo

Las denuncias y la criminalización de sus actividades han llevado a algunas organizaciones a repensar sus actuaciones: desde intervenir directamente en origen en África a diseñar campañas para reivindicar algo tan básico como el derecho a protestar

«El que no socorriere a una persona que se halle desamparada y en peligro manifiesto y grave, cuando pudiere hacerlo sin riesgo propio ni de terceros, será castigado con...», dice el artículo 195 del Código Penal, un precepto legal vigente en España que, fuera de estas fronteras, se ha convertido en lo contrario. Así ha sido en el caso de la oenegé catalana Proactiva Open Arms, cuyo barco fue apresado en Sicilia por favorecer presuntamente la inmigración ilegal, o en el de los tres bomberos sevillanos que dentro de unos días serán juzgados en Grecia bajo la acusación de tráfico de personas, por la que se enfrentan a 10 años de cárcel. La criminalización de la acción de las organizaciones humanitarias que trabajan en el Mediterráneo y también los cambios en la legislación española que ha traído consigo la ley mordaza, recurrida ante el Constitucional y en trámites de derogación en el Congreso, han abierto nuevos escenarios cargados de incertidumbre para las entidades no gubernamentales, que en algunos casos han comenzado a repensar sus estrategias para seguir cumpliendo sus objetivos, sean estos salvar vidas o concienciar sobre los problemas medioambientales.

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