Los casos abiertos desde la Segunda Guerra Mundial quedarán sin resolver
07 may 2018 . Actualizado a las 07:25 h.Johann Rauchberg tenía 20 años cuando partió en 1942 a la batalla de Stalingrado como miembro de la compañía de armas de la 297ª división de infantería. Jamás regresó a su ciudad natal, Dachau. Su madre, Emilie, le buscó durante décadas sin éxito. Las autoridades le comunicaron que probablemente figuraba entre los muertos, pero a día de hoy el cabo está registrado como «desaparecido». Un estatus que, más de 70 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, se le aplica a unas 1,2 millones de personas.
Las solicitudes de sus familiares llegan a la oficina del servicio de búsquedas de la Cruz Roja alemana en Múnich, creado en marzo de 1950 por el primer presidente de la República Federal, Theodor Heuss, para averiguar el paradero de 20 millones de desaparecidos. Sea militar o civil, cada nombre tiene asignada una ficha con su fotografía y los datos que aportaron sus allegados así como los archivos soviéticos y de la extinta RDA. Un exhaustivo trabajo de documentación gracias al cual en 1959 el número de enigmas sin resolver cayó hasta los 2,5 millones.
«Al principio, la cifra de casos dilucidados era muy alta. Pero quedan millones de destinos que seguramente no conoceremos nunca», admite Thomas Huber. El director del departamento se refiere al acuerdo al que llegó con el Gobierno alemán para poner en 2023 punto y final al proyecto, que el ministerio del Interior apoya con 11,5 millones de euros anuales. El motivo es que, con el paso del tiempo, disminuye la cantidad de testigos vivos y aumenta la dificultad para descubrir nuevas fuentes de información.
«Cada vez hallamos menos cuerpos y cuesta más recuperarlos. Nos estamos quedando sin dinero», cuenta Fritz Kirchmeier, portavoz de la Comisión Alemana de Tumbas de Guerra, financiada en gran parte por donaciones. «Resulta especialmente difícil encontrar a soldados muertos en campos soviéticos, porque sus nombres estaban mal escritos o sus fechas de nacimiento eran erróneas», explica Christoph Raneberg, que dirige los archivos del servicio de búsquedas.
Unos tres millones de alemanes fueron capturados por el Ejército Rojo durante la guerra. Las autoridades soviéticas siempre defendieron que casi el 10% de ellos murieron en sus campos de concentración, los llamados gulags. Aunque la primera potencia europea cree que en realidad fallecieron un millón de personas. «Para muchos parientes se trata de un punto oscuro en su árbol genealógico, así que nos ocupamos de forma activa de esos expedientes», afirma Huber.
Algunos se resuelven en días, otros en meses. Hoy los documentalistas reciben cerca de 9.000 solicitudes anuales. La mayoría no proceden de los padres o las mujeres, como ocurría entonces, sino de los hijos y los nietos, que se interesan por la historia de su familia. Según Rudolf Seiters, presidente de la Cruz Roja alemana, cerca de la mitad de los casos se han solucionado, incluidos los de unos 300.000 niños. A veces de manera extraordinaria, como en 2010, cuando reunieron a dos hermanos que estaban separados desde 1945.
A partir de 2023 el servicio de búsquedas tiene previsto centrar sus esfuerzos en las víctimas de los actuales conflictos. Solo en el primer trimestre de este año ha recibido 611 solicitudes de refugiados para encontrar a sus familiares desaparecidos. La mayoría de Afganistán, Siria y Somalia.