Los hijos de las mujeres asesinadas: «Nos sentimos invisibles y abandonados»

m. otero REDACCIÓN / LA VOZ

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El desgarrador discurso de un gallego huérfano de la violencia machista hizo llorar al Senado

09 may 2018 . Actualizado a las 07:32 h.

«Invisibles y abandonados». Así es como se sienten los hijos y familiares de las víctimas de violencia machista, protagonistas ayer en el Senado de la II Jornada Huérfan@s de la Violencia de Género, organizada por el Fondo de Becas Fiscal Soledad Cazorla y la Fundación Mujeres. Desde este simbólico lugar alzaron su voz para reclamar a la Administración «apoyo específico para seguir adelante», especialmente psicológico y económico.

Las consecuencias de la violencia machista tienen nombre y apellido. Así lo demostró el desgarrador testimonio del gallego Josua Alonso, de 26 años. Él es el hijo de Sesé, la víctima del crimen machista de Chapela en el 2017. Emilio Fernández Castro provocó una fuga de butano y atrajo a su madre hasta la casa, que voló por los aires y se llevó la vida de María José, de 52 años. Josua se quedó al cargo de su hermano pequeño y desde entonces lucha por salir adelante. Sus palabras provocaron más de una lágrima en el Senado.

Josua lo dejó claro: «Nadie se preocupa por arreglar los problemas de los huérfanos de víctimas de violencia de género», y estos tienen que enfrentarse a un «laberinto de puertas» que forman todas las trabas legales y personales con las que se encuentran en esos momentos. En su caso, este laberinto fue casi un infierno: «Seguro de casa a nombre de un asesino, impuesto de sucesiones, declaración de herederos, ningún testamento hecho. Toca cancelar deudas, una tutela, ocuparme de una casa. Mil y un trámites, con el desembolso económico que eso conlleva», explicó, y concluyó con una frase muy ilustrativa: «Que tengo 26 años».

También Luci, que se ocupó de los dos hijos de su hermana asesinada hace cinco años, se topó de bruces con los problemas que sufren los familiares de las mujeres maltratadas, desde el trámite de la guardia y custodia de sus sobrinos a la cancelación de los seguros y de la hipoteca de su hermana. «Empezó una lucha psicológica fatal, pero también una económica. Mi hermana tenía una casa y un coche que hay que seguir pagando hasta que se sufraguen todos los seguros, para lo que pueden pasar seis u ocho meses. Mientras, la familia tiene que pagarlo todo», ha manifestado.

Según el segundo Informe Anual elaborado por la Fundación Mujeres y el Fondo de Becas Fiscal Soledad Cazorla, un total de 194 menores han perdido a sus madres a causa de la violencia machista desde el 2013, incluidos los ocho niños y niñas que se han quedado huérfanos por esta lacra en lo que va del 2018.

No hay protocolos

Para la directora de la Fundación Mujeres, Marisa Soleto, la situación es «muy difícil» porque «no existen protocolos específicos» para los familiares de víctimas de violencia machista. «La consideración de la condición de víctima debe establecer un protocolo de actuación especial para estas familias. Entendemos que las medidas del pacto de Estado no serán cumplidas hasta que no se cumplan las condiciones dentro de las familias», ha aseverado.

Joaquín García-Cazorla, miembro del comité de Selección del Fondo de Becas, subrayó el «desconocimiento» de la situación de los huérfanos, desde las dificultades económicas hasta la falta de sensibilización social alrededor de las víctimas, que son a menudo «estigmatizadas».

Medidas reclamadas

Para darle la vuelta a esta situación hace falta tomar medias urgentes. En la jornada de ayer se reivindicaron varias: el aumento de la pensión de orfandad, que en la actualidad ronda los 190 euros de media; la prohibición del régimen de visitas al padre maltratador o que no se condicione el acceso de los menores a tratamientos psicológicos.

Algunas comunidades como Baleares, Castilla y León y Castilla-La Mancha ya han comenzado a poner en marcha algunas iniciativas, como, por ejemplo, ayudas de 4.000 euros anuales hasta cumplir la mayoría de edad.

La jornada de ayer fue clausurada por el ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. En su intervención de cierre, se felicitó por vivir en «un país inequívocamente feminista». «Se nos reconoce -aseguró- como una sociedad líder en la lucha por la igualdad, y eso nos obliga a convertir nuestro país en uno donde merezca la pena vivir, especialmente para las mujeres».