Condenan a un joven por acosar, insultar y chantajear a sus padres para que le costearan sus gastos
ACTUALIDAD
Un juez de Ourense impuso al muchacho 60 días de trabajos sociales y dos años sin comunicación parental
18 may 2018 . Actualizado a las 12:15 h.Durante más de un año un hijo insultó continuamente a sus padres ourensanos, con expresiones como «gilipollas», o amenazas del tipo «os doy una semana para llevaros bien conmigo», con la finalidad de que sus progenitores se doblegasen y le diesen dinero para sus caprichos. El joven contó en el juicio -al que compareció acusado por un delito de stalking (un modo de acoso o persecución que consiste en intimidar a la víctima)- que no convivía con ellos desde que a los 15 años ingresó en un centro de menores. Ahora vive solo aunque son sus padres quienes le sufragan todos los gastos. Admitió haberlos insultado, aunque no haberlos amenazado, y aludió a que él había sido maltratado desde pequeño.
El padre del acusado sí detalló las vejaciones que han venido sufriendo durante una relación con su hijo que calificó de «problemática» desde siempre. Reconoció que lo llevaron a especialistas, pero que no llegaron a poder educarlo y cambiar esa conducta. Las llamadas al teléfono o al portero automático de su domicilio o los wasaps del joven le producen sobresaltos, afirmó, y describió el temor que sentía de encontrárselo en la calle, por lo que desea dejar Ourense, donde trabaja y vive. La madre explicó en el juicio oral que los mensajes o llamadas se producían «a cualquier hora del día o de la noche» y que la agresividad del joven venía de hace tiempo, sobre todo si no conseguía lo que quería.
En los wasaps aparecen insultos como «maltratadora» o «subnormal» y expresiones como «chantajistas», según recoge el juez en su sentencia condenatoria. Escribió además frases de amenazas físicas y continuas peticiones de dinero. En el juicio, el joven llegó a decir que creía que sus padres debían «pagarle todo hasta los 26 años». También escribió un mensaje en Facebook en el que decía que su «padrastro» le llenaba el cuerpo de moratones desde los 5 años, pero que nadie le creía porque era orientador en un centro educativo. Fue la gota que colmó el vaso.
El juez reconoce que esta situación provoca en los padres «nerviosismo e intranquilidad constante», por lo que pidieron una orden de alejamiento. En su sentencia, el magistrado impone al acusado 60 días de trabajos comunitarios -o un año de prisión si no acepta hacerlos-. Durante dos años tendrá prohibido acercarse o comunicarse con ellos.