Insultó a unos trabajadores por hablar español y ahora su vida es un infierno

La Voz

ACTUALIDAD

Un abogado neoyorkino montó un espectáculo racista a los camareros de un restaurante de Manhattan y el episodio se hizo viral. La respuesta de los internautas ha sido abrumadora: incluso el dueño de su oficina ha decidido rescindir el contrato de alquiler

18 may 2018 . Actualizado a las 14:49 h.

Aaron Schlossberg es, desde hace un par de días, uno de los hombres más famosos de la Gran Manzana neoyorkina. Abogado de profesión, de raíces judías y simpatizante con las políticas de Donald Trump, protagonizó este miércoles un vergonzoso episodio en uno de los restaurantes de la cadena estadounidense Fresh Kitchen que en cuestión de horas se hizo viral y, con él, su cara, su nombre y apellidos, su dirección y su lugar de trabajo. Raudos y veloces, sus insultos a los camareros por expresarse en español llegaron a miles de usuarios de las redes sociales, muchos de ellos hispanohablantes. Y el karma se encargó del resto. Hoy Schlossberg vive una auténtica pesadilla: alguien grabó su cólera xenófoba y la difundió por Twitter y, ahora, salir a la calle se ha convertido para el letrado en una misión imposible. Su rostro acapara memes y portadas de diarios, su teléfono ha sido compartido públicamente y la plataforma GoFundMe registra una campaña de recogida de fondos -que ya ha duplicado el objetivo inicial- para contratar a un grupo de mariachis que le den una serenata en su despacho. Incluso el dueño de su oficina ha decidido rescindir su contrato de alquiler.

No se imaginaba Schlossberg, de 42 años y donante republicano, que su airado numerito al gerente del local de Madison Avenue iba a convertirle en blanco de todo un movimiento liderado por la comunidad latina que, con una rapidez pasmosa, logró identificarlo e incluso dar con su vivienda y su lugar de trabajo. ¿Pero qué fue lo que realmente pasó para despertar tal nivel de indignación?

En las imágenes que saltaron el mismo miércoles a las redes sociales puede verse a un hombre, vestido con una camisa blanca y un pantalón oscuro, que, móvil en mano, se queja y amenaza con llamar al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) para que deporte a unos empleados que hablaban español con un grupo de clientes. «Tus empleados están hablando español con los clientes. Cada persona que he oído está hablando en español, él está hablando, él está hablando, ella también y esto es EE.UU.», recrimina al encargado. «Si yo pago para que vivan aquí, para que tengan servicio médico, lo mínimo que podrían hacer es hablar inglés».