El antojo frustrado del Chapo Guzmán

La sobreproducción de cocaína en Sudamérica aviva el narcotráfico en Algeciras, al igual que en Galicia, con remesas de un peso nunca visto

El líder del cártel mexicano de Sinaloa, Joaquin  El Chapo  Guzmán
El líder del cártel mexicano de Sinaloa, Joaquin "El Chapo" Guzmán

ALGECIRAS / LA VOZ

El soplo llegó de Colombia. Concretamente del Ministerio de Gobernación. Tres contenedores sospechosos de transportar cocaína viajaban, procedentes del país cafetero, en la bodega del buque Lucie Schulte. El pasado 25 de abril, ya en el puerto de la bahía de Algeciras y con la más absoluta discreción, se abrieron los contenedores. Solo uno tenía premio, pero de los gordos. 8.740 kilos de polvo blanco de gran pureza. La incautación de coca más grande de la historia en Europa hasta la fecha. Un gran éxito policial eclipsado, en parte, por la caída de una oveja negra que recordó una realidad de la que pocos hablan abiertamente: la corrupción.

Entre los seis detenidos había un guardia civil. Pero no uno cualquiera, sino un agente encargado de supervisar la documentación de cada contenedor para confirmar su autenticidad y trazabilidad. «Los papeles cantaba que eran falsos, pero él les dio para delante sin saber que lo controlábamos. Nos llevamos tal decepción que ni dejamos que lo metieran en los calabozos de la Guardia Civil, no nos gustan las ratas», expone un mando del instituto armado. El pasado diciembre, también en el puerto de Algeciras, se decomisó otra cifra histórica, 5.800 kilos, a la que entonces se colgó la vitola del alijo más grande de los últimos 18 años. 

Desbordados

«¡Estamos asustados! Si hace solo dos años nos dicen que cogemos seis toneladas en una sola operación, no lo creemos. El tamaño de los envíos se ha disparado, como demuestran las incautaciones», expone un mando policial con años de experiencia en Algeciras antes de añadir: «El problema surge en los países de producción, principalmente en Colombia tras el proceso de paz, que implicó demasiadas concesiones por parte del Estado». El escenario descrito en Algeciras es de sobra conocido en Galicia. Es más, funcionarios destinados en España de la Administración para el Control de Drogas de EE.UU. -en inglés, Drug Enforcement Administration (DEA)- llevan un año alertando a altas instancias de la Policía Nacional, la Guardia Civil y Vigilancia Aduanera de que España, con Galicia y Algeciras a la cabeza, son los destinatarios de la sobreproducción de coca que se cocina en la selva andina. Basta decir que el suelo destinado al cultivo de hoja de coca, concentrado principalmente en zonas indígenas, pasó de 96.000 a 146.000 hectáreas a partir del tratado de paz.

«Para dimensionar hasta qué punto es jugoso el puerto de Algeciras basta decir que el mismísimo Chapo Guzmán quiso introducirse en Europa por aquí». El guardia civil que habla hace referencia a una gran investigación de la DEA, en el 2010, con agentes encubiertos que simulaban ser narcos italianos asentados en Europa dispuestos a introducir la coca de los nuevos proveedores mexicanos a través del puerto andaluz. El cartel de Sinaloa, liderado por el Chapo Guzmán, lo vio tan claro que no tardó en apalabrar un envío de prueba. De salir bien, el pacto pasaba por exportar mil kilos al mes en portacontenedores.

«Los socios italianos se quedarían con el 20% del cargamento y los mexicanos la venderían en Europa», añade el agente. En agosto del 2011 estaba todo listo. El cartel de Sinaloa apuesta finalmente por hacer cuatro envíos de prueba a través de empresas de fruta ecuatorianas controladas por ellos mismos. También se preocupan de transportar el alijo por carretera hasta el puerto de Santos, en Brasil. De allí zarparon 303 kilos de este arbusto prohibido transformado en polvo blanco. Una partida pensaba para romper el hielo con los nuevos socios. «A finales de junio del 2012 cogimos la droga en un contenedor en Algeciras, a los mexicanos los arrestamos también cuando se iban a reunir con sus presuntos socios italianos». Fue el último intento de Guzmán, que se sepa, de pintar de blanco el Viejo Continente, pero sirve para dimensionar hasta qué punto este puerto es jugoso en el contexto internacional del narcotráfico.

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JAVIER ROMERO
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El crimen organizado evidencia en el puerto de Algeciras que la sangre no es la única prueba de su existencia. Valiéndose de generosas mordidas, su figura en el recinto es omnipresente, aparentemente imperceptible y muda. Y todo ello en el primer puerto de España y del Mediterráneo, el cuarto de Europa y el decimoctavo del mundo, que atornilla las rutas comerciales entre Oriente, Occidente, África y el Viejo Continente. Un vasto flujo de mercancías legales que mueve 7.400 contenedores al día -Vigo, el mayor puerto de mercancías de Galicia, no llega a 600- y esconde toneladas de cocaína procedentes de cualquier país de Sudamérica o Centroamérica. La actividad tampoco cesa en todo el año, ni de noche. 1.800 trabajadores de la estiba se reparten en tres turnos al día para cohabitar con centenares de transportistas que entran y salen a cada hora, decenas de agentes portuarios o funcionarios de las fuerzas del orden (200 de la Policía Nacional y la Guardia Civil y 90 de Vigilancia Aduanera). Un trajín constante que espesa todavía más la turbia cortina de humo que oculta a los narcos que hacen del puerto algecireño la principal puerta de entrada de cocaína en Europa.

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