El atacante de Texas, un joven obsesionado con la violencia

Adriana Rey NUEVA YORK / CORRESPONSAL

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Hace dos semanas Dimitrios Pagourtzis colgó en Facebook una foto premonitoria: una camiseta con el lema «Nacido para matar»

20 may 2018 . Actualizado a las 08:57 h.

Tres semanas antes de que matara a diez personas en el instituto de Santa Fe, en la periferia de Houston (Texas), Dimitrios Pagourtzis, de 17 años, publicó en su cuenta de Instagram una fotografía de un cuchillo y una pistola encima de una cama, y otra del juego de Arcade Silent Scope, que permite a los jugadores fingir que son francotiradores usando un mando con forma de rifle. Seguía solo 13 cuentas, ocho de ellas perfiles de seguidores de armas de fuego y las otras, las oficiales de Donald Trump y Melania. En Facebook colgó el 30 de abril la imagen de una camiseta con la frase Born to kill (nacido para matar), que según medios locales es la que llevaba durante el tiroteo. También, una chaqueta con símbolos nazis, comunistas y religiosos. Además dejó constancia de sus deseos de entrar en el Cuerpo de Marines el próximo año.

No era especialmente activo en las redes, pero sus imágenes son toda una declaración de intenciones, además de reflejar su obsesión por la violencia y las armas. Para los investigadores, en cambio, esas publicaciones no suponían indicios claros de que Pagourtzis estaba planeando otro baño de sangre que convertiría a la pequeña localidad de 13.000 habitantes en un nuevo caso de la epidemia nacional de tiroteos masivos que sufre el país.

Pagourtzis sin embargo, tenía todo bien medido. Así lo reconoció el gobernador de Texas Greg Abbott, quien confirmó que el joven escribió sus planes en su ordenador y en el teléfono móvil. Una especie de diario de la muerte al que la policía pudo acceder y en el que también se incluía un plan para suicidarse. En la misma declaración jurada en la que Pagourtzis admitió la masacre, que le puede acarrear una condena a cadena perpetua o a la pena capital. Confesó que no mató a los estudiantes que le caían bien para que estos «pudieran contar su historia».

Estudiante pakistaní

Los investigadores continuaron ayer analizando la vida del joven y la escena del crimen plagada de agujeros de bala, para entender por qué llevó a cabo la matanza. «La investigación continúa y llevará tiempo», confirmó Christina Garza, portavoz del FBI en Houston. Los agentes también analizan con minuciosidad la pistola del calibre 38 y la escopeta Remington 870, que el joven sacó de la casa de su padre, sin que este supiese de sus planes.

Mientras avanzan las pesquisas, salen a la luz más testimonios. Es el caso del de Rome Shubert, uno de los heridos en el tiroteo. «Me metí debajo de la mesa y vi que llevaba pantalones negros, camiseta negra y una gabardina larga. Tenía una pistola y una escopeta», recuerda Shubert en el diario The New York Times. El joven de 16 años consiguió escapar de la clase de arte mientras Pagourtzis vaciaba su cargador. Ya a salvo, se dio cuenta de que había recibido un disparo. «Miré hacia abajo y vi toda esa sangre. Pensé que era de otra persona», dice. Al parecer, Pagourtzis le disparó cuando salía corriendo. La bala le atravesó limpiamente la parte posterior de su cabeza. Sabika Sheik no tuvo tanta suerte. Esta pakistaní de 17 años estaba a pocos días de regresar a su país tras participar en un programa de intercambio.

El Partido Demócrata incrementó sus críticas a la Administración Trump y el Congreso por su inacción con respecto del control de armas. «La matanza después de la matanza se ha convertido en luz verde para los aspirantes a tiradores», cargó el senador Chris Murphy. La posibilidad de limitar el acceso a las armas ni siquiera salió a relucir en Texas: el vicegobernador Dan Patrick apuntó que reducir el número de entradas y salidas de los alumnos de las escuelas podría reducir el número de tiroteos.