La incipiente burbuja del alquiler expulsa a los jóvenes del mercado

La irrupción de los fondos de inversión refuerza la creencia de que es mejor comprar


Redacción / la Voz

Parecía que la crisis lo había cambiado todo. En una época marcada por el desempleo, la precariedad laboral y la restricción de crédito, los españoles dejaron de apostar sus ahorros al ladrillo. El país en el que todos querían ser dueños de su vivienda se fue transformando, más por obligación que por convencimiento, en terreno fértil para el negocio del alquiler.

Lo que en principio parecía una tendencia positiva, que nos equiparaba a nuestros vecinos europeos, ha acabado derivando en la gestación de una nueva burbuja. ¿Las causas? Un parque de inmuebles para arrendar cada vez más escaso (muchos propietarios han optado por ganar más dinero alquilando sus pisos a turistas en plataformas como Airbnb) y la irrupción en el mercado de fondos y otros inversores institucionales que buscan en la vivienda la rentabilidad que no obtienen en otros activos, por la rebaja de los tipos de interés.

La consecuencia es que la demanda de vivienda en alquiler entre los particulares se ha desplomado un 36 % en el último año, según el informe de tendencias presentado ayer por el portal inmobiliario Fotocasa. Un estudio que revela que son los jóvenes los más perjudicados por esta burbuja de precios. Así, si en el 2017 tres de cada diez personas de entre 18 y 24 años (un 29 %) firmaron un alquiler o estuvieron buscando uno, en este ejercicio la proporción ha caído hasta casi la mitad, ya que solo un 15 % de los españoles en ese rango de edad están activos en el mercado. En el siguiente segmento, de los 25 a 34 años, el descenso es también acusado: pasan del 28 al 19 %. Aunque en este caso se compensa por un incremento en las operaciones de compraventa. 

Vuelve el es tirar el dinero

Y es que entre la sociedad se está volviendo a asentar aquel mantra, que parece que ya no es tan viejo, de que alquilar es tirar el dinero. Así lo piensan al menos un 40 % de los consultados (cinco puntos más que hace un año y quince más que quienes están en desacuerdo con la afirmación). También aquí la reconversión es mayor en el colectivo de entre 18 y 34 años, como explicó la responsable de estudios de Fotocasa, Beatriz Toribio.

Detrás de ese cambio de mentalidad está la fuerte subida de los alquileres, que ha convencido a muchos ciudadanos de que sale más a cuenta destinar ese dinero al pago de una hipoteca. En esa línea, también hay cada vez más gente convencida, como en los años previos a la crisis, de que la vivienda es una «buena inversión» (53 %) y la «mejor herencia que se puede dejar a un hijo» (47 %). Pero no todo es positivo: cada vez son más los que piensan que vamos directos hacia una nueva burbuja inmobiliaria.

En parte por esos temores y en parte porque una cosa es querer comprar vivienda y otra poder hacerlo (depende del nivel de ahorro y de la voluntad del banco), la intención de compra de vivienda se mantiene estable: un 18 % de los consultados tienen intención de adquirir un inmueble en los próximos cinco años, mientras que otro 33 % no descartan hacerlo. Cifras muy similares a las que se registraban un año antes.

Entre las razones que esgrimen los que querrían comprarse una casa pero han aplazado la decisión las que más pesan son las circunstancias socioeconómicas personales. Así, un 41 % alegan que no se meten en esa inversión por la situación económica y laboral, un 30 % apelan a la falta de ahorros y otro 27 % alegan que tienen otras prioridades de gasto.

En Madrid y Barcelona los precios están en niveles precrisis y no hay casi vivienda nueva

La responsable de estudios de Fotocasa explicó durante la presentación del estudio que la fuerte subida de los precios del alquiler ha provocado que las rentas que se pagan actualmente en algunas grandes ciudades españolas, como Madrid o Barcelona, estén ya al mismo nivel que en los años previos al pinchazo de la anterior burbuja inmobiliaria.

Ese acelerón del mercado en las capitales (aunque hay estudios que apuntan a que en ciertos barrios de las grandes urbes se está produciendo ya un leve frenazo que podría llevar a equilibrar el mercado) se está trasladando también a los precios de la vivienda en propiedad, ya que son muchos los inversores (particulares o fondos) que se deciden a comprar pisos para ponerlos en alquiler, por las altas rentabilidades que ofrece.

El problema, además de que suban los precios, es que casi no hay vivienda nueva a la venta. Un reciente estudio de Sociedad de Tasación apunta a que en Madrid capital solo hay 113 inmuebles terminados a la venta. Son un 3,7 % de la oferta total de obra nueva que se comercializa, ya que el resto de los 3.067 pisos disponibles están en fase de contrucción (31 %) o ni siquiera se han iniciado (65,3 %). Eso sí, se nota una reactivación respecto a las cifras de hace dos años, cuando había menos proyectos en marcha.

Y otro tanto de lo mismo ocurre en la capital catalana: en Barcelona se pueden encontrar en el mercado 156 viviendas ya rematadas y otras 884 que están en obras o que se pueden adquirir sobre plano.

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