Santos, un legado en entredicho

El presidente colombiano solo tiene el aprobado de un 15 % pese a ganar el Nobel


bogotá / corresponsal

Juan Manuel Santos ha sido reconocido internacionalmente durante los últimos dos años por haber puesto fin a 52 años de conflicto armado entre su país y la guerrilla de las FARC. El Pacto de La Habana, certificado tras cinco duros años de negociaciones, le valió el premio Nobel de la Paz y la aclamación global mientras prepara su retiro de la política.

Esos aplausos se han convertido, sin embargo, en duras críticas en Colombia. El presidente apenas alcanza el 15 % de aprobación en un país dividido por la negociación con las FARC.

Para parte de la población, el pacto es un éxito. «El número de desplazados forzosos de sus hogares cayó. El secuestro cayó. Los desaparecidos cayeron. Se ha mejorado mucho», cree Ariel Dávila, presidente de la fundación Paz y Reconciliación. Colombia registró el pasado año el menor número de asesinatos en las últimas cuatro décadas, haciendo florecer el turismo.

Pero no es oro todo lo que reluce. La implementación de lo pactado está sufriendo muchos retrasos y hay zonas donde la violencia sigue siendo la normal y el proceso de paz ha evidenciado la gran debilidad institucional del Estado.

«El posconflicto ha sido más difícil que la propia negociación y eso ha ido empañando el mérito de Santos. Colombia se preparó 50 años para la guerra, pero no se preparó para la paz. En este año largo, el país no ha sido capaz de copar el territorio que fue abandonado por las FARC una vez se desmovilizaron», comenta Roy Barreras, congresista -de orígenes gallegos- por el santista Partido de la U.

Ciertas zonas del país, como Nariño o el Catatumbo, son ahora prácticamente áreas de guerra, donde grupos de narco-paramilitares, así como el Ejército de Liberación Nacional -ahora la mayor guerrilla de Colombia- se disputan el territorio dejado por quienes colgaron sus fusiles.

En esas zonas actúan, entre otros grupos, 1.200 disidentes de las FARC. Parte de ellos habrían vuelto a las armas, creen algunos expertos, por el hasta ahora fallido plan de proyectos productivos que iban a generar empleo para los exguerrilleros.

Al menos la mitad de la población está en contra de lo pactado en La Habana. «La opinión pública castiga, de manera superficial la paz. Aunque la quiere, penaliza sus consecuencias, que es ver a los guerrilleros caminando por la calle. El pacto no fue el acto de derrota de las FARC, sino un acuerdo con una guerrilla no derrotada y no triunfante», expone Barreras.

El 50,2 % de los colombianos que votaron en contra del Pacto de La Habana en octubre del 2016 no le perdonan a Santos que el acuerdo se aprobase en el Parlamento, donde el presidente tenía mayoría, tras ser modificado.

Narcotráfico y corrupción

Tampoco que lo firmado recogiera el delito de narcotráfico como anexo al delito político, y lo amnistiara de facto, lo que ha disparado los cultivos ilegales. Los detractores de Santos critican también la corrupción estatal, en especial el uso de la «mermelada» para ganar aliados políticos. «La mermelada es la cuota burocrática que el Gobierno de Santos ha repartido a los senadores para que aprueben los proyectos de ley. No los analizan y los pasan sin más, ya que a cambio de les dan puestos en las entidades públicas», comenta el abogado José Navarro Polo.

En cuestiones económicas aúna logros, como una gran mejora en infraestructuras, la construcción de vivienda pública, la reducción de la pobreza por ingreso en 12 puntos, el aumento de la inversión en 5,5 puntos o la reducción del empleo informal, con fracasos como la desaceleración económica del país. El PIB pasó de crecer a un 4,5 promedio en los primeros cinco años de Gobierno, al 1,8% registrado en 2018.

Santos, consciente de que su popularidad iría en contra de cualquier candidato que apoyase, no ha patrocinado a nadie. Muchos en su partido han pasado a defender la campaña del ex vicepresidente Germán Vargas Lleras, cuarto en las encuestas de intención de voto.

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