Discurso humilde, morada de lujo: así viven algunos políticos

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Del tríplex de lujo de Lula a la nueva Casa del Pueblo del presidente boliviano Evo Morales; los discursos de austeridad de nuestros políticos no siempre casan con la práctica, aunque siempre hay alguna honrosa excepción

05 jun 2018 . Actualizado a las 13:35 h.

Ríos de tinta han corrido sobre el chalet que Pablo Iglesias e Irene Montero se han comprado en Galapagar. La última noticia sobre tan polémica adquisión: la pareja ha instalado doce cámaras de videovigilancia para proteger su intimidad, una palabra que el líder de Podemos ha repetido sin parar para argumentar tal compra. Y es que nada más conocerse la operación, Vox colocó una pancarta en la puerta de la vivienda con el lema Welcome Refugees & Ocupas, y el ayuntamiento de Galapagar llegó a trasladar a la Guardia Civil citas convocadas a través de Facebook para evitar posibles aglomeraciones. A partir de ahora, cualquier posible movimiento a las puertas del chalet del líder de Podemos y de la portavoz del partido morado en el Congreso quedará registrado.

En cualquier caso, no serán los primeros ni los últimos a los que critiquen por hacerse con un hogar en teoría poco acorde con la filosofía de vida que predican. El próximo 21 de junio se inaugura en Bolivia la llamada Casa Grande del Pueblo. Desde luego, el adjetivo grande le hace honor. Y eso que cuando el presidente asumió el poder en 2006, llegó a confesar que el Palacio Quemado (llamado así popularmente tras sufrir un incendio en 1875) le parecía «muy grande». Aunque Morales, al firmar el proyecto de la nueva sede afirmó «el palacio, para el señorío. No necesitamos un palacio para señores, somos un pueblo, somos hermanos, y por eso hemos decidido construir la Casa del Pueblo», éste es el resultado de su 'modesto' planteamiento: más de 29.000 m2 construidos, distribuidos en 26 pisos y tres niveles subterráneos; salas de reuniones, anfiteatro, espacio para las reuniones de gabinete, además de un helipuerto ubicado en el piso 26. Tres alturas más abajo está ubicado el despacho de Evo, con dos oficinas para uso exclusivo del mandatario, tres salas de reuniones, además de cocina y accesos a los siete ascensores que tiene el edificio. En el piso 24 se encuentra la suite presidencial, con sauna, jacuzzi, sala de masajes, gimnasio y sala de lectura. Solo el baño, el vestidor y el dormitorio ocupan más de cien metros cuadrados. 

La oposición se ha apresurado a definirla como «la Casa del despilfarro y un monumento al derroche». 

En Brasil también saben lo que es que un discurso «popular» no pase de un compromiso 'de boquilla'. Al menos, en lo que a residencia privada se refiere, aunque en este caso, le costó caro. Concretamente, una pena de prisión. Hablamos de Lula da Silva y de su famoso tríplex de lujo. El expresidente, miembro fundador del Partido de los Trabajadores, lo recibió como pago de una constructora a cambio de ventajas otorgadas a la empresa en obras públicas. Situado en Guarujá -localidad frecuentada por el astro del fútbol Neymar-, en el estado de Sao Paulo, la polémica vivienda corona el edificio Solaris: cuatro suites, un sauna, sala de juegos, dos cocheras, seguridad 24 horas y piscina, entre otras comodidades.

El tríplex de lujo de Lula da Silva en Guaruja, regalo de una constructora a cambio de concesiones públicas
Nelson Almeida

Hoy investigado por múltiples causas de corrupción, en su día fue definido como el "héroe brasileño" y "padre de los pobres". Durante sus ocho años como jefe de Estado, Lula realizó reformas y cambios que transformaron el país desde el punto de vista social y económico y promovió un programa para la erradicación de la pobreza. Llegó a terminar su segundo mandato con más del 85% de aprobación popular. 

 Mujica, un rara avis

El deterioro de la imagen de la imagen de Lula da Silva -que por cierto sigue siendo candidato del PT de cara a las próximas elecciones de octubre- ha corrido parejo al prestigio internacional que se ha ido ganando a lo largo de los últimos años otro expresidente: el de Uruguay Pepe Mujica, considerado el mandatario 'más humilde del mundo'. Presidente del país sudamericano de 2010 a 2015, el ascenso al poder no lo catapultó hacia paredes de mármol. Siguió viviendo en su campo, con sus gallinas, y su viejo coche, un Volkswagen de 1987. De hecho, siempre ha dicho que mientras viva nunca venderá su Fusca. Un jeque árabe llegó a ponerle sobre la mesa un millón de dólares por él. Rechazó la jugosa oferta. Llamado también 'el presidente más pobre del mundo', Mujica asegura que «los políticos tienen que vivir como vive la mayoría, y no como vive la minoría». 

Otros ejemplos patrios nada austeros

Tampoco pasó desaparcibida la casa que eligió Carles Puigdemont en el exilio: 4.400 euros de alquiler al mes por una vivenda situada en Waterloo, a veinte kilómetros de la capital belga. 

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, se mudó hace poco al municipio más caro de España, Pozuelo de Alarcón, a pocos quilómetros de donde viven por ejemplo Cristiano Ronaldo o la baronesa Thyssen. En Pozuelo vive también Aznar -600 metros cuadrados y jardín de 1.600 valorados en casi dos millones de euros-, y vivía Pedro Sánchez. Tampoco le van mal las cosas a Felipe González, que hace cuatro años estrenó casa en su finca extremeña de 49 hectáreas. Llegó a vender una propiedad en Tánger valorada en dos millones y medio de euros a la familiar real saudí. Cuando todavía era president de la Generalitat, el socialista José Montilla adquirió un lujoso chalet en Sant Just Desvern por dos millones de euros.  Y el ya exocupante de Moncloa, Mariano Rajoy, pasará sus días en una de sus cinco propiedades: un dúplex de 280 metros cuadrados en Aravaca, dentro de una urbanización privada con dos piscinas y pista de tenis, y cuyoos gastos de comunidad rondan los mil euros mensuales.