El día que casi volvimos a la Edad de Piedra

En julio del 2012, la Tierra estuvo a punto de sufrir el impacto de una llamarada muy potente que habría acabado con los satélites de comunicación. El riesgo de sufrir una tormenta solar en el futuro es una posibilidad real. España no dispone de un protocolo de actuación


REDACCIÓN / LA VOZ

El 23 de julio de 2012 la humanidad estuvo a punto de regresar a la Edad de Piedra. La Tierra se libró por muy poco del impacto de una potente llamarada solar que fue tan intensa como la que se registró en 1859, conocida como evento Carrington. «No afectó a la Tierra por una semana. El proyectil procedente del Sol impactó en el lugar de la órbita en el que se encontraba la Tierra siete días antes. La National Academy of Science estimó que de haber afectado a nuestro planeta, los costes de la reconstrucción de los daños serían 20 veces mayores que los que implicó el huracán Katrina», explica el físico Jorge Eiras, director del curso Riesgos Naturales para la Seguridad que organiza en septiembre la Universidade de Santiago. Cada vez que el Sol estornuda libera una gran cantidad de energía que alcanza el planeta en unos días. «Cuando esta materia llega a la Tierra, lo cual ocurre constantemente a baja intensidad en forma de viento solar, nuestro campo magnético actúa como escudo protector, desviando estas partículas hacia los polos, y causando las conocidas auroras boreales», dice Eiras.

Pero como ocurre con las tormentas terrestres o los temporales que afectan a Galicia, hay llamaradas más intensas que otras que viajan por nuestro vecindario cósmico. La posibilidad de que una de ellas impacte en la Tierra representa una cifra a tener en cuenta. La probabilidad de que ocurra en la próxima década está establecida en un 12 %. «Sobre las personas no tendría ningún efecto importante, pero sí podría tenerlo sobre la electrónica. La dependencia tecnológica de la sociedad de mediados del siglo XIX, durante el evento Carrington, era muy baja pero llegó a causar daños muy notables en la línea de morse americana, en la que ardieron varias estaciones. Hoy vivimos en una sociedad hipertecnológica y se asume que los elementos más sensibles serían las comunicaciones y la red GPS. En casos más extremos también se podría ver afectada la red de suministro eléctrico», advierte.

Las llamaradas solares tienen algo en común con los asteroides. Ambas son amenazas reales que afectarán a la Tierra más tarde que temprano pero de las no puede librarse. Esto es algo que entendió bien el expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, que durante su mandato ordenó crear un protocolo de actuación ante el impacto de una tormenta solar intensa. En España, de momento, no existe ningún plan en este sentido. El curso organizado por Eiras en la Facultade de Física de Santiago buscará soluciones para este fallo en la seguridad nacional. «Contaremos con expertos civiles y militares y estudiaremos esta cuestión», afirma el investigador gallego.

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