Erdogan promete el fin del estado de excepción para ganar votos

Una oposición tenaz y la recesión económica amargan los últimos días de campaña al presidente turco


EStambul / E. La Voz

Cuando Recep Tayyip Erdogan decidió adelantar las elecciones presidenciales y parlamentarias al 24 junio, anunció que Turquía necesitaba «salir de la incertidumbre». Una incertidumbre provocada por su operación militar en Siria, la sombra de una crisis económica, con la lira en caída libre, y las constantes tensiones que rodean la política exterior de Ankara. El presidente turco necesitaba ir a las urnas antes de que su popularidad se viese afectada. No contaba con una tenaz oposición y el deterioro acelerado de la economía turca, que ha traído consigo el consiguiente malestar incluso entre los electores más devotos.

A menos de una semana de la cita con las urnas, Erdogan reiteró ayer otra de sus promesas de campaña si gana las elecciones: el fin de estado de excepción, que el Gobierno de Ankara ha ido renovando cada seis meses desde el intento de golpe de Estado de julio del 2016. «Si Dios quiere, en el nuevo período levantaremos el estado de excepción necesario para luchar contra el terrorismo cuando venza el plazo [el 19 de julio]», aseguró durante un mitin en Samsun, al norte del país. Hace unos días, lo mencionó en el canal turco 24 TV, aunque en aquella ocasión matizó que levantar el estado de emergencia «no significa que se elimine complemente para no volver a él».

El estado de emergencia ha servido a Ankara para acallar a la oposición, tachando a cualquier disidente como terrorista: desde opositores -como el líder del partido prokurdo HDP, Selahattin Demirtas, en prisión-, hasta cientos de periodistas también encarcelados o usuarios de redes sociales acusados de propaganda terrorista.

En el país, la promesa de Erdogan se ha recibido con escepticismo y como una táctica desesperada por mantener el apoyo de los votantes de su partido, el islamista AKP, descontentos con la represión y la recesión económica. Algunos de esos votantes estarían tornando hacia el también islamista Partido de la Felicidad, encabezado por Temel Karamollaoglu. Desde que se fundara en el 2001, esta formación apenas ha obtenido un 2 % de representación a nivel nacional, pero ahora se presenta como una alternativa más moderada al AKP.

Los comicios del domingo son, probablemente, los más importantes de la historia reciente de Turquía. Tras ellos, se eliminará la figura del primer ministro y el nuevo presidente recibirá poderes ejecutivos, incluyendo el poder para emitir decretos, elegir ministros y nombrar jueces.

Unos extraños compañeros de cama

Aunque es difícil confiar en los sondeos realizados por empresas turcas, todo apunta a que Erdogan se alzará como presidente. Si bien, nuevos datos auguran que habrá una segunda vuelta el 8 de julio. De ser el caso, todos los partidos de la oposición han acordado apoyar de manera conjunta al segundo candidato. Del mismo modo, y a pesar de la disparidad de sus programas, han acordado presentarse como coalición a las legislativas, en un intento por arrebatar la mayoría absoluta al AKP. En el grupo opositor están Muharrem Ince, del republicano y laico CHP; Meral Aksener, la «dama de hierro turca» del Buen Partido, y el islamista Temel Karamollaoglu. Sin embargo, aunque obtengan la mayoría en el Parlamento, el nuevo presidente tendrá el poder de disolverlo y convocar nuevas elecciones. Selahattin Demirtas se presenta como independiente desde la cárcel, donde afronta un cargo por terrorismo que implica una pena de hasta 142 años. Sean cuales sean los resultados del domingo, se esperan tiempos convulsos en Turquía.

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