La OMS reconoce la adicción a los videojuegos como un trastorno mental

El sistema sanitario lo aceptará como una dolencia que cubrirá la seguridad social


REDACCIÓN / LA VOZ

El juego tiene prioridad sobre cualquier otra actividad en un patrón de comportamiento persistente y prolongado en el tiempo sobre el que no se tiene un control. Si esta situación conduce a una angustia y un deterioro significativo en la vida personal, familiar, social, educativa o laboral que puede conllevar también alteraciones en el sueño y en la dieta, unido al cansancio y falta de forma física, es muy probable que sufra adicción a los videojuegos, un trastorno mental que acaba de ser calificado como tal e incluido en la nueva clasificación internacional de enfermedades (ICD-11) realizada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La nueva lista, que no se revisa desde hace 28 años y que es fruto del trabajo de los últimos once años, no entrará aún en vigor hasta el 1 de enero del 2022, un plazo necesario para que los sistemas sanitarios de todo el mundo se adapten al nuevo catálogo.

«Incluimos el desorden de jugar de forma adictiva tras analizar las pocas evidencias que tenemos y tras escuchar a un comité científico que sugirió que este nuevo fenómeno se incluyera como una enfermedad que puede y debe ser tratada», explicó este lunes en la presentación de la Clasificación Internacional de Enfermedades Shekhar Saxena, director del responsable del departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la OMS. La adicción a los videojuegos en la lista es algo totalmente novedoso, pero no es ninguna sorpresa. «Estaba previsto, y ya la Sociedad Americana de Psiquiatría estuvo a punto de hacerlo en el 2013, aunque dijo que hacían falta nuevos estudios», precisa Elisardo Becoña, catedrático de Psicología Clínica de la Universidade de Santiago. «Es algo -añade- que se veía en la clínica, por lo que más tarde o más temprano tenía que declararse».

Sin embargo, para el también psicólogo clínico Manuel Araújo hacen falta más estudios que permitan confirmar las observaciones realizadas en consulta y para definir claramente un patrón del desorden. «Una cosa -dice- es un comportamiento excesivo que puede ocasionar problemas y otra tener una enfermedad, como no es lo mismo un niño revoltoso que otro que tiene un trastorno por déficit de atención e hiperactividad». «Hay -agrega- que cuantificar el problema para saber a qué nos enfrentamos, y para ello lo mejor es realizar una clasificación internacional». De hecho, lo que permitirá la inclusión de esta nueva adicción en el catálogo es conocer y valorar cuál es su alcance real.

La incorporación a la lista de enfermedades permite a las personas que sufren el trastorno contar con ayuda de forma oficial, dado que el sistema sanitario lo reconocerá como una dolencia y quedará cubierto por la seguridad social y los seguros médicos.

El problema no es utilizar los videojuegos, sino su uso abusivo. «Si el niño, adolescente o adulto que juega lo hace sin parar y deja de salir con sus amigos, deja de hacer actividades con sus padres, se aísla, no estudia, no duerme y solo quiere jugar, eso son signos de alerta de que podría tener un comportamiento adictivo y de que debe buscar ayuda», destaca Shekhar Saxena, de la OMS.

Al menos doce meses para poder establecer un diagnóstico

Para que pueda diagnosticarse el trastorno por adicción a los videojuegos es necesario que pasen al menos doce meses, que es cuando empieza a hacerse evidente. Luego tienen que darse tres condiciones. La primera es la falta de control sobre el juego. El afectado es incapaz de poner un límite al tiempo que pasa delante de la pantalla. La segunda es el aumento de prioridad que le da al juego: se convierte en algo por encima de otros intereses vitales y rutinas del día a día. La última es la escalada, lo que significa que aún reconociendo el daño que esta situación causa, continúa jugando. Y cada vez más.

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