Guerra política en Washington por la nueva vacante en el Tribunal Supremo

Los demócratas comenzaron a movilizarse conscientes de que se enfrentan a un gran desafío para evitar que se instale una justicia conservadora


nueva york / colpisa

Washington inició ayer una guerra política por una decisión que probablemente rediseñará el Tribunal Supremo de EE.UU. durante una generación. Horas después de que la Corte anunciara la jubilación del magistrado Anthony M. Kennedy, el Partido Demócrata y las organizaciones liberales comenzaron a movilizarse conscientes de que se enfrentan a enormes desafíos si quieren evitar que el presidente Donald Trump y los republicanos del Senado, instalen una justicia conservadora que cambiaría el equilibrio ideológico del Alto Tribunal instalado por el magistrado saliente.

Kennedy era considerado el «voto péndulo» que durante muchos años determinó las decisiones más aguerridas entre conservadores y liberales, es decir, que su posición era crucial para favorecer a uno u otro bando. En 2015, por ejemplo, su voto fue decisivo para permitir el matrimonio homosexual. Cinco años antes, en 2010, fue en cambio alabado por el sector conservador tras permitir a las corporaciones entrar en la financiación de campañas electorales. Esa oscilación se perferá sin Kennedy porque cuando Neil Gorsuch ingresó en el Supremo, tras ser nombrado por Trump y avalado después en el Senado, llegaba para sustituir al fallecido Antonin Scalia, una de las voces más respetadas entre el conservadurismo del sistema judicial.

Según el presidente, la búsqueda empezará «inmediatamente» entre una lista de 25 candidatos con sólidas credenciales conservadoras y ultraconservadoras. Así, no solo conseguiría inclinar la balanza ideológica sino que además afianzaría el apoyo de sus bases.

«Nuestros colegas republicanos en el Senado deben seguir las reglas que establecieron en 2016 y no considerar un juez para el Supremo en un año electoral», advirtió ayer el líder de la minoría demócrata en esa cámara Chuck Schumer. Aludía a que la mayoría republicana se negó a considerar la postulación del juez Merrick Garland (candidato de Barack Obama) por la «inconveniencia» de elegir en año electoral a un magistrado que iba a ejercer el cargo de por vida.

Este argumento es ahora utilizado por los demócratas teniendo en cuenta que en noviembre son las elecciones legislativas, unos comicios de alto riesgo para los conservadores porque podrían perder la mayoría en la Cámara Alta y por tanto, la posibilidad de nombrar al nuevo juez. Sabiéndolo, varios republicanos ya han apuntado al otoño, antes de las legislativas, como fecha para nombrar al nuevo magistrado. «No se equivoquen, los republicanos tienen la oportunidad de borrar una generación de progreso por los derechos de las mujeres, civiles, la comunidad LGTB o atención médica», lamentó la líder demócrata Nancy Pelosi.

De momento, lo único que pueden hacer los demócratas es esperar a que el nominado de Trump no consiga los 60 votos en el pleno del Senado (la mayoría simple de la que disponen los republicanos), algo muy poco probable.

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