«Vamos a sacar el maldito periódico»

Adriana Rey NUEVA YORK / CORRESPONSAL

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El asesino de cinco periodistas actuó por venganza al perder una demanda

30 jun 2018 . Actualizado a las 09:25 h.

Un comprometido editorialista, un irónico columnista, un reportero todoterreno, una periodista tenaz y una generosa asistente de ventas. Gerald Fischman, Rob Hiaasen, John McNamara, Wendi Winters y Rebecca Smith son los cinco fallecidos en el tiroteo de la redacción de The Capital Gazzete, en Annapolis (Maryland). El más joven tenía 34 años y el más mayor 65. Tras ser testigos del día más mortífero para el periodismo estadounidense desde el 11S, la plantilla del diario se armó de valor para cubrir su propia tragedia. «Os diré una cosa: Vamos a sacar el maldito periódico», prometió en Twitter el reportero Chase Cook. Y así fue. Con la sangre aún en el suelo de la redacción y con un personal en shock, el diario cumplió con su palabra. Horas más tarde, los ejemplares de las edición del 20 de junio con el título en portada «Cinco muertos por disparos en The Capital» se habían distribuido por todo Maryland. La página editorial estaba en blanco. «No tenemos palabras», señalan en un breve texto donde hicieron una promesa volver a la normalidad para «ofrecer a los lectores opiniones informadas sobre el mundo que los rodea para que puedan ser mejores ciudadanos».

MANDEL NGAN

El medio también informó sobre la detención del autor del tiroteo, Jarrod W. Ramos de 38 años, a quien la Fiscalía General de Maryland le imputó ayer cinco cargos de asesinato. Ramos no colaboró con las autoridades. Incluso para evitar ser identificado por las huellas dactilares se mutiló los dedos. El motivo de su matanza era la venganza. El asesino guardaba un largo resentimiento hacia el diario después de haber perdido una demanda en el 2015 una demanda por difamación que había presentado contra el periódico por un artículo del 2011 en el que el Capital Gazette le identificaba como acosador de mujeres en las redes sociales citando documentos judiciales. Ramos empleó una escopeta comprada hace una año legalmente pese a contar con antecedentes penales.

La masacre llegó en un momento de creciente preocupación para la prensa estadounidense debido a las descalificaciones que el sector recibe desde las más altas esferas del poder. «Creo que hay una relación entre la retórica que usan las personas para demonizar a los periodistas y el creciente número de ataques contra ellos», alertó Peter Sterne, de la fundación Freedom of the Press.