Soraya Sáenz de Santamaría, el momento de saltar del nido y volar en solitario

La exvicepresidenta del Gobierno siempre ha gozado de la protección de Rajoy, lo que le ha permitido desatender al PP


madrid / la voz

Le ha llegado el momento de intentar volar en solitario. Soraya Sáenz de Santamaría (Valladolid, 1971) siempre ha disfrutado de la protección de Mariano Rajoy. Desde que la fichó Francisco Villar, antiguo jefe de gabinete del expresidente gallego, y su posterior promoción durante la crisis del Prestige, cuando empezó a colaborar ya directamente con este, no ha parado de crecer bajo su abrigo. Creció hasta tal punto que hasta hace apenas un mes era la mujer más poderosa de España: vicepresidenta, ministra de la Presidencia y para las Administraciones Territoriales, jefa del CNI y presidenta de la Generalitat en funciones. Pero el PNV dijo sí al órdago de Sánchez y se quedó sin nada. Se quedó hasta sin Rajoy.

En Génova siempre se la ha mirado con desconfianza. A ella no le hacía falta trabajarse el partido. Gozaba del favor de Rajoy, por lo que se podía permitir una total desatención del PP sin que le pasase factura. Además, cuenta con la fama de haber permanecido agazapada siempre que las siglas de la formación se han visto afectadas por casos de corrupción. Como si la cosa no fuera con ella. Pero con Rajoy ya en Santa Pola, no le ha quedado más remedio que presentarse a la carrera para liderar el PP, ya que difícilmente se puede gobernar sin partido, aunque a ella le hubiese gustado. Por ello, en estas dos semanas de carrera de sucesión ha participado casi en más actos que en toda su trayectoria política. Los votos de los compromisarios estarán muy influenciados por el aparato y, salvando los peones que ella misma ha podido colocar en ministerios y como barones territoriales, apenas disfruta de simpatías. Junto a esta falta de partido, el otro gran hándicap con el que se presenta es el fracaso de la operación diálogo en Cataluña, de la que siempre ha sido la gran responsable.

A su favor juega que es la candidata con más posibilidades en unas generales. Ella lo sabe y así lo ha repetido durante la campaña. Esta hija única de un matrimonio vallisoletano está mucho más próxima al centro ideológico que su rival, y eso siempre se acaba traduciendo en votos. Representa un toque de modernidad en la formación conservadora; como muestra, su matrimonio civil en Brasil con el también abogado del Estado Iván Rosa, con quien tiene un hijo.

Para triunfar en estas primarias se ha rodeado de sus dos colaboradoras de mayor confianza: María González Pico, directora de gabinete, y Sonia Sánchez, jefa de prensa. Juntas intentarán acabar celebrando una gran fiesta el próximo día 21. Bien pinchando discos, agarrando el micrófono y soltándose a cantar en un karaoke o bien arrancando a bailar directamente sobre la pista, tres de sus aficiones favoritas.

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Ha hecho campaña vendiéndose como el candidato de la renovación y la regeneración que necesita el PP. Era fácil teniendo como rivales a Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal, que representaban la continuidad pura y dura con la era de Mariano Rajoy. Joven, 37 años, mediático, con buena imagen, ambicioso, simpático, autoproclamado liberal, católico de misa dominical, ha ido en estas primarias a por el voto de protesta de los militantes de base que sienten que el partido se ha desvirtuado al abandonar su ideología para abrazar el pragmatismo desde que llegó al poder. «Detrás de mi candidatura no hay ningún alto cargo ni ningún barón autonómico ni provincial. Yo soy el candidato de los afiliados», ha presumido el político palentino. Su discurso recuerda al de José María Aznar, su padrino político, del que fue director de gabinete cuando este dejó la Moncloa. Cospedal señaló con toda la intención su proximidad al expresidente. También le ha apoyado Esperanza Aguirre, su otra mentora. Pero no hay que olvidar que Casado ha sido vice secretario general con Rajoy los tres últimos años, en los que tuvo que dar la cara cuando arreciaban los escándalos de corrupción y otros dirigentes se escondían. Ha logrado algo que parece imposible en el PP actual: llevarse bien con Rajoy y Aznar a la vez.

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