Causaron la muerte de 29 personas en Tokio y Matsumoto
07 jul 2018 . Actualizado a las 13:22 h.Shoko Asahara, seudónimo del fundador de la secta Verdad Suprema, fue condenado a muerte en el año 2004 por haber ideado la peor cadena de atentados de la historia de Japón. En total, se le consideró culpable de estar involucrado en 13 ataques terroristas, incluidos los dos más mortíferos del país: 13 viajeros del metro de Tokio fallecieron en 1995 a consecuencia de la inhalación del gas sarín que extendieron miembros de su culto, y otras ocho personas perecieron un año antes de la misma manera en un aparcamiento de Matsumoto. En total, el tribunal que lo juzgaba lo consideró responsable de la muerte de 29 personas y de herir a miles, algunas de las cuales sufren secuelas de por vida.
Sin embargo, el intrincado proceso legal de apelaciones y los juicios que se llevaron a cabo posteriormente contra otros miembros de la secta mantuvieron a Asahara con vida hasta este viernes, cuando fue ahorcado en la capital nipona. Seis de sus seguidores fueron ejecutados de la misma forma, según confirmó la ministra de Justicia, Yoko Kamikawa. Otros seis miembros de Verdad Suprema continúan en el corredor de la muerte a la espera de que se haga efectiva su sentencia, algo que no se sabe cuándo sucederá porque el país del Sol Naciente no informa de antemano sobre las ejecuciones.
Kamikawa tampoco explicó este viernes por qué se ha decidido ahorcar a esos siete miembros y no a todos los que pertenecían a la secta y que han sido condenados por los mismos delitos. Pero sí recordó «el daño y el sufrimiento de las víctimas y de sus familias» y reiteró que las ejecuciones se han llevado a cabo «después de largas deliberaciones de los tribunales». No obstante, la prensa nipona afirma que, al menos uno de los ejecutados, Yoshihiro Inoue, había pedido que se repitiese su juicio, una situación en la que Japón no suele consumar la pena capital.
Inocular el miedo
En cualquier caso, la muerte del gurú, cuyo nombre real era Chizuo Matsumoto, cierra un triste episodio que inoculó el miedo en una población nipona confiada. Chizuo tuvo éxito con la secta porque mezcló el culto a su persona, la religión, y el sentimiento de fracaso que extendió la crisis económica de la década de 1990 en muchos japoneses. No en vano, muchos de sus casi 4.000 seguidores eran universitarios de especialidades técnicas. Lo que ya nunca se sabrá es por qué decidió producir el gas sarín en sus instalaciones y matar con él a gente inocente, ya que el cerebro de la operación terrorista nunca explicó los motivos de sus crímenes. Se limitó a decir que, ya que el Armagedón era inevitable, «sus almas alcanzarían el paraíso».
Hijo de un fabricante pobre de tatamis en la isla de Kyushu, en una familia de nueve hijos, Matsumoto padecía una ceguera casi total. Quienes le conocieron, aseguran que ya de joven estaba movido por la ambición y tenía una sed de poder muy fuerte, así como un gusto por la dominación y la manipulación de la gente que se movía en su entorno más cercano.