Bruselas recela del «brexit» blando de May

Londres insiste en mantener el acceso al mercado único sin levantar el veto a la libre circulación de personas


bruselas / corresponsal

El negociador europeo, Michel Barnier ya tiene en su poder la última hoja de ruta de Theresa May hacia un brexit «blando» y se reúne esta semana con su nuevo interlocutor, el ministro Dominic Raab. ¿Serán capaces de desencallar las negociaciones? ¿Son aceptables las propuestas de Londres? Bruselas ha preferido guardar silencio para no avivar las llamas que asedian a la premier, pero hay pocas razones para el optimismo.

¿Qué tipo de relación comercial busca Londres?

Tras una batería interminable de eufemismos y argumentos perifrásticos, May revela el deseo de mantener un «comercio sin fricciones» a través de un «nuevo área de libre comercio». En otras palabras: facilitar el acceso de sus bienes al mercado interior de la UE. Eso sí, sin las férreas condiciones impuestas a otros países como Noruega y Suiza, que contribuyen al presupuesto europeo como contrapartida. Reino Unido ni se lo plantea. Tan solo está dispuesto a desarrollar un reglamento común que armonice los estándares de calidad y control de los productos con la UE. ¿Para qué? Eliminar controles aduaneros y chequeos en las fronteras de la UE. Ni hablar de alinear tarifas arancelarias. Reino Unido quiere imponer las suyas, un reto para articular un esquema eficaz que evita la competencia desleal.

¿Cómo quiere evitar la frontera entre Irlandas?

Si Barnier acepta el plan comercial que plantean los británicos, sin aranceles, cuotas ni control de acceso al mercado interior, ya no serían necesarias grandes barreras físicas entre Irlanda e Irlanda del Norte. May evitaría así el famoso «backstop» que implicaría el alineamiento exclusivo del Úlster con las normativas europeas. «Permitiría preservar la integridad constitucional y económica del Reino Unido», sostiene el texto.

¿Qué persigue el estatus especial para la City?

La firma de un acuerdo económico y regulatorio específico para los servicios financieros, de los que bebe la capital británica, motor del país. May sugiere, en nombre de la «estabilidad financiera» echar mano de la «flexibilidad regulatoria» a la hora de acordar los términos de acceso a sendos mercados, muy interconectados. Los bancos radicados en el Reino Unido tienen en sus manos el 50 % de la deuda emitida por empresas de la UE y el país alberga hasta 30 de los bancos globales de mayor riesgo sistémico. La solidez de la City, como advirtió el FMI, «es un bien público global», señala el documento. Fuentes europeas admiten que lograr una salida limpia es fundamental para evitar la desintegración del sistema financiero. Londres propone un «sistema de equivalencia» para que las entidades puedan operar sin problemas a un lado y a otro del Canal de la Mancha, garantizando la participación recíproca del Reino Unido y la UE en los organismos de supervisión..

¿Qué posibilidades hay de que la UE acepte?

Ninguna, en los términos actuales. Y el principal escollo es que Londres sigue negándose a respetar uno de los cuatro pilares del mercado único: la libre circulación de personas. «Controlaremos el número de personas que vienen a nuestro país. Implantaremos fuertes controles de seguridad en la frontera», insisten los británicos. May quiere vía libre para los negocios y las mercancías, pero no para los ciudadanos europeos. Barnier ha dejado muy claro que no pasará por el aro. Sin libre circulación, no hay acceso al mercado interior, lo vista como lo vista. Y cualquier acuerdo comercial que garantice la apertura de puertas a sus exportaciones deberá estar sujeto a contrapartidas financieras. Porque, como recuerda Bruselas, no puede ser más beneficioso estar fuera que dentro de la UE.

¿Hay más propuestas polémicas?

Sí. Parece que a los británicos les cuesta asumir que a partir del 29 de marzo del 2019 ya no serán un Estado miembro y no podrán participar en instituciones y organismos de la UE. May ha pedido que no se les expulse de la Agencia Europea del Medicamento, la Agencia se Seguridad Aérea, la Agencia Europea de Químicos y el sistema de navegación por satélite Galileo. También quiere acceso a las bases de datos de Eurojust y Europol y garantizar el libre flujo de datos para no dañar la actividad empresarial y la seguridad. Sin embargo, Londres no ofrece garantías de que mantendrá en firme todo lo acordado: «El acuerdo tiene que ser lo suficientemente flexible para permitirnos su revisión y, si fuera necesario, revisar su operatividad a lo largo del tiempo».

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

Bruselas recela del «brexit» blando de May