Éxito rotundo del exoesqueleto probado en niños con atrofia muscular espinal

Marta Otero Torres
marta otero REDACCIÓN / LA VOZ

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El ensayo clínico prueba que su uso habitual motiva y hace sentirse mejor físicamente a los pacientes

17 jul 2018 . Actualizado a las 08:40 h.

Tres niños con atrofia muscular espinal (AME) han sido los primeros en probar durante dos meses en sus casas un exoesqueleto que les ha permitido caminar por primera vez, como parte de un ensayo clínico codirigido por el responsable de la Unidad de Neurodesarrollo de Neurología Infantil del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, Gustavo Lorenzo Sanz, y la investigadora del CSIC, Elena García Armada. El trabajo, financiado por la Fundación Mutua Madrileña a través de una de sus ayudas anuales a la Investigación en Salud, comenzó en el 2016 y cuenta con la colaboración de la empresa de base tecnológica Marsi Bionics y el Centro Cigat de atención temprana.

El secreto de la tecnología del exoesqueleto, desarrollada íntegramente en España por el CSIC, está en el músculo artificial, que imita el funcionamiento de los tejidos naturales, aunque necesita la guía de un fisioterapeuta para sacarle el mayor rendimiento. En esta última fase de la investigación (previamente se realizó el desarrollo tecnológico y el estudio de usabilidad para comprobar que los niños se adaptaban bien al soporte), los participantes se llevaron a casa el exoesqueleto y lo utilizaron de lunes a viernes para actividades lúdicas y también algunas cotidianas. «El exoesqueleto se adapta automáticamente a cada uno de los niños. Este estudio nos ha permitido mejorar enormemente la ergonomía del dispositivo al utilizarlo en pacientes con características diferentes», ha explicado la creadora del robot, Elena García.

El objetivo era probar los beneficios psicológicos y la mejora en la calidad de vida de los menores gracias a esta tecnología que les permite mantenerse de pie y andar de forma independiente. El éxito ha sido rotundo. «El impacto emocional es evidente -asegura Elena García-, y para los niños supone una motivación tremenda. Para ellos solo ponerse de pie y ser capaces de tirar una canasta es increíble. De ahí que no lo quisieran dejar. Se acaba antes la batería que la motivación de los niños». Además, la experta ha asegurado que también comprobaron que los niños se sentían mucho mejor físicamente desde que lo utilizaban.