La UE gasta su último cartucho para parar la guerra comercial con Trump

Juncker y el magnate se reúnen el 25 en Washington bajo la amenaza de aranceles


bruselas / Corresponsal

El 31 % del superávit que la UE mantiene con EE.UU. depende en exclusiva de las exportaciones de automóviles. Y es precisamente esa parte del pastel la que está a punto de desaparecer por el empeño del presidente estadounidense, Donald Trump, en frenar los pies a sus socios europeos a golpe de arancel.

La UE se lo juega todo a una carta el miércoles. El presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, se reunirá en Washington con el multimillonario con la intención de firmar una tregua. El luxemburgués quiere evitar a toda costa la imposición de aranceles a las importaciones de vehículos europeos, una medida que supondría un punto de no retorno en la guerra comercial desatada por Trump contra los 28.

La industria alemana, la más afectada, ha presionado en los últimos meses a Bruselas para que olvide los insultos y chantajes de Trump y acceda a negociar un acuerdo trilateral que acabe con los subsidios y las restricciones arancelarias. Ayer lo volvió a hacer. «No puedes castigar a EE.UU. con aranceles en el nombre de la supervivencia del libre comercio mundial y rechazar llevar al país hacia esta iniciativa», insistió el experto del think tank alemán Ifo, Gabriel Felbermayr.

La posibilidad de evitar que se desencadene una cruenta guerra comercial es casi inexistente. Juncker lo sabe. Acude a la cita sin ninguna expectativa. Los precedentes son desalentadores. No solo por los aranceles al acero (25 %) y el aluminio (10 %). A las aceitunas españolas, primeras víctimas de la contienda, hoy les cuesta un 21.60 % más entrar en el mercado norteamericano. Ese arancel temporal podría volver a subir hasta el 34.75 % si las autoridades estadounidenses certifican las denuncias por subsidios ilegales y competencia desleal que penden sobre las empresas españolas. La ministra de Industria, Reyes Maroto, se reunió ayer en Bruselas con la comisaria de Comercio, Cecilia Malmström. La sueca viaja con Juncker hacia Estados Unidos con las quejas españolas en mente. «Estamos viviendo una situación de gran incertidumbre», alertó la socialista, partidaria adoptar represalias en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

España no ve de qué forma puede la UE lidiar con la arbitrariedad y la inquina de Trump. «Hay pocas razones para ser optimistas», reconocía ayer la ministra. Tampoco parece que la vía de la renegociación del TTIP sea la más idónea. No solo porque Bruselas se niega a negociar bajo presión y amenazas. «En estos momentos está complicado porque la interlocución con Trump está en un punto de no retorno», aseguró.

El magnate es más ambicioso. No quiere que las ofertas de la UE se limiten a los bienes o las tarifas. Los aranceles solo son armas para forzar a los 28 a invertir abultadas cantidades de dinero en equipamiento de defensa y en importaciones de gas natural licuado desde EE.UU. Si la UE no accede, la contienda se recrudecerá y la retórica se volverá mucho más dura. Trump ya mostró hasta dónde podía llegar en la pasada cumbre de la OTAN, cuando acusó a Alemania de ser «cautiva» de Moscú por su alta dependencia del gas ruso.

El magnate reitera que no hizo concesiones a Putin en Helsinki

«Cuando ustedes oigan lo negativo que las ‘fake news’ [noticias falsas] dicen de mi encuentro con el presidente Putin y de que cedí a todo, recuerden que no cedí NADA», escribió ayer en Twitter el presidente de EE.UU. Donald Trump, que sigue sin aclarar de qué asuntos trató con el jefe del Kremlin en la cumbre de Helsinki, se limitó a decir que son cuestiones útiles para el futuro de los dos países. «Además nos entendimos muy bien, algo muy bueno, menos para los medios corruptos!», añadió. foto Nicholas Kamm afp

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